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Con un mal final de la historia uno puede destrozar en un segundo el esfuerzo constante de muchos meses. Últimamente, pensando sobre ello reconozco que ya no soy tan proclive a creer que eso de las estructuras en una historia no importa apenas. Supongo que las personas estamos cortadas por patrones similares, siempre esperamos ciertas cosas y casi siempre reaccionamos de manera similar a ciertos finales. Pensando sobre ello he aquí 5 maneras de terminar una historia sin sabotear todo lo anterior. Hemos madurado. En la historia los personajes se suelen encontrar con conflictos y retos que no les habían sucedido antes (de lo contrario menudo aburrimiento) de manera que, muy probablemente, el personaje del último párrafo es muy diferente del presentado en el primero a fin de poder afrontar los nuevos retos. El cambio más habitual (y que suele funcionar) es el de haber aprendido una lección, todo un clásico. El círculo se cierra. Cuando la historia se abre también lo hace un arco argumental, un detalle, sucesos paralelos o cualquier otra cosa que parece conformar un puzzle cuya pieza final se pone en las últimas páginas y hace que la imagen general que estamos componiendo se vea enteramente, adquiriendo un sentido pleno que, muy probablemente, no se vislumbraba del todo hasta que se acercaba el punto final de la obra. El círculo no se cierra. O lo que es lo mismo, el final abierto para que cada cual saque sus propias conclusiones. Bien hecho puede ser un gran final, pero muchas veces se recurre a él porque no se consigue ejecutar un "the end" del tipo que viene a continuación. Si ese es el caso el truco se suele notar muchísimo. Fuegos artificiales. Perfectamente combinable con los anteriores el final supone la culminación o el clímax a lo que estábamos preparando en todas las páginas anteriores. El riesgo principal es que muchas veces ese "tour de force" final puede no estar a la altura de lo que en páginas anteriores esperaba el lector y que resulte totalmente anticlimático, algo que suele arruinar, y mucho, la percepción general de una obra. El giro inesperado. La víctima es el asesino o el que parece vivo está muerto. La cuestión es que todo lo anterior es mentira y con un chasquido nada es lo que parece. El principal problema de este final es que es muy fácil que arruine la historia y muy difícil que te cubras de gloria. La ventaja es que cuando consigues esto último, lo bordas y todo el mundo habla de ello. No son los únicos, pero sí son fieles y siempre se puede recurrir a ellos para dar el colofón a una buena historia.
admin | Caos (¡Salve Eris!) | 5 Noviembre, 5:12pm
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