Es una opinión de este que escribe, pero cuando se trata de las cosas que quieres de verdad, de las que nacen de la vocación o las susurra esa voz que nunca se calla, entonces la disciplina no sirve.

Para una cadena de montaje, ejercicio para que el pantalón no estalle o cualquiera de esas cosas que uno "tiene" que hacer, la disciplina puede ser un poderoso aliado, pero cuando se trata de las cosas que uno "quiere" hacer, como escribir y otras cosas del arte (entendiendo arte por esa inquietud interna que quieres sacar y que significa crear, ya sea escribiendo, pintando, programando en un lenguaje o lo que se figure) no estoy tan seguro ya de que la disciplina sirva.

Está claro que si te pones un par de horas todos los días, te fuerzas a ello y eres bueno en eso de la recompensa y el castigo, con el tiempo pronto tendrás 200 páginas.

Pero 200 páginas ¿de qué?

Porque la disciplina en mi experiencia puede matar a la creación en cuanto te descuidas. Se desliza por detrás silenciosa y le corta el cuello en un segundo, haciendo la tarea pesada, fastidiosa y lo que es peor, convirtiendo lo que amas en una obligación.

Sea para las cosas de la letra o para cualquier otra faceta de esta vida cuando lo que quieres hacer acaba siendo lo que tienes que hacer, entonces todo se convierte en algo gris nacido de la obligación.

¿Entonces qué?

Sin duda son mejores 2 páginas hijas de la disciplina que ninguna, aunque sólo sea porque a escribir se aprende escribiendo, pero hay algo mejor.

Y ese algo mejor es la motivación.

Cuando uno tiene motivación no necesita disciplina, porque no va a ser necesario ningún esfuerzo para sentarse ante la hoja en blanco, de hecho es posible que lo complicado sea apartarse.

La cuestión es que si uno recuerda por qué hace las cosas y que aquello que quiere de verdad es lo que marca la diferencia en un mundo que empuja hacia lo mediocre, entonces probablemente tendrá una motivación a sentarse y convertirse en lo que en el fondo anhela, ser alguien que de verdad hace lo que ama.

Así que quizá la próxima vez que lo que uno quiere de verdad se parezca demasiado a la obligación quizá no esté de más, pararse, dar un paso atrás y preguntarse por qué se hace lo que se hace. Poner las cosas en perspectiva es sin duda una de las mejores maneras de cultivar esa motivación.

Porque si la motivación está viva la disciplina se vuelve irrelevante.

admin | Caos (¡Salve Eris!) | 7 Enero, 11:33pm

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