Jennifer Egan y el arte de la escritura

Jennifer egan

De vez en cuando recibo algún que otro correo preguntando por los aspectos más diversos de la escritura.

Especialmente cuando me preguntan sobre por qué escribo, por qué dedicarme a un arte aparentemente ingrato cuya única promesa cierta (como la de todas las artes) es comer de lata y no alcanzar eso tan elusivo de «escribir bien», no sé qué decir.

Más que nada es que no sé cómo expresar eso que llevo dentro. Así de claro y no es falsa modestia ni nada que se le parezca, lo intento y no sale. Eso, unido a que en realidad no tengo ni idea y soy un impostor, no es de extrañar que, para esas cosas, recurra a que contesten otros.

Ellos son mucho más capaces para poner en palabras toda esa nebulosa de sensaciones encontradas que viven dentro del que escribe.

Jennifer Egan, premio Pulitzer, está incluida dentro del libro Why we write, que recoge la experiencia y la sabiduría de 20 escritores contemporáneos.

Hace tiempo leí, en la excelente página Brain Pickings de María Popova, unos extractos de lo que Egan tenía que decir sobre la escritura y lo que le rodea.

Y me fascinaron y voy a ser un poco cliché, pero (una vez más, y van…) me parecieron algo que todo escritor debería conocer.

Por eso he aquí algunos de esos párrafos que, en mi opinión, son dignos de tener cerca del lugar en el que escribimos.

Los primeros van sobre ese sentimiento interno que crea la escritura, tan difícil de definir sin dejarse lo importante.

«Cuando no estoy escribiendo siento una conciencia de que algo falta. Si pasa mucho tiempo, empeora. Me deprimo. Hay algo vital que no está sucediendo. Empieza a hacerme un cierto daño lento. Puedo pasar un tiempo así, pero empiezo a no sentir mis miembros. Algo malo me va a ocurrir y lo sé. Cuando más espero, más duro se vuelve empezar de nuevo».

«Cuando estoy escribiendo, especialmente si está yendo bien, vivo en dos dimensiones diferentes: esta vivda que vivo, que disfruto mucho, y ese otro mundo diferente que habito y del que nadie sabe nada».

«Cuando la escritura va bien, y estoy tratando de no sonar a tópico, me siento impulsada por una fuente de energía oculta. En esos momentos no importa si las cosas están yendo mal en mi vida; tengo esa fuente de energía alternativa que está activa. Cando la escritura va mal, es tan malo o peor que cuando no escribo nada. Hay una fuga y la energía se escapa por ahí. Incluso cuando el resto de mi vida va bien, siento que hay algo que está realmente mal. Tengo muy poca tolerancia a que las cosas vayan mal. Era peor antes de tener hijos. Aprecio que ellos me hagan olvidar cómo me van las cosas en lo profesional».

Y atención a lo siguiente, que en esta era de la atención, la fama como sea y los mensajes enlatados de «compra mi libro», es más necesario que nunca.

Egan muestra, de forma sincera, lo que puede provocar escribir por las razones equivocadas, como esa popularidad efímera.

«La atención y la aprobación que he tenido por Goon Squad, los momentos tan públicos de ganar el Pulitzer y otros premios, son exactamente lo opuesto al placer tan privado de escribir. Y es peligroso. Pensar que obtendré esa clase de amor de nuevo, que conseguirlo debe ser mi meta, me llevaría a decisiones creativas que minarían mi trabajo y a mí. Nunca he buscado la aprobación, razón de más para no querer empezar ahora».

«Mi empresa creativa al completo se basa en repudiar mi último trabajo con el nuevo. Si empiezo a ansiar la aprobación, tratando de replicar lo que hice en Goon Squad, nunca me va a llevar a nada bueno. Lo sé».

Y por último, aunque no sea mi costumbre, he aquí sus consejos para un escritor que empieza, para cualquier escritor en general.

Son tan acertados que es imposible ignorarlos.

«1. Lee al nivel al que quieras escribir. Leer es el nutriente que alimenta la clase de escritura que quieres hacer. Si lo que verdaderamente amas leer es Y, será difícil para ti escribir X».

«2. El ejercicio es una buena analogía de la escritura. Si no estás acostumbrado a ejercitarte, lo evitarás siempre. Si estás acostumbrado, te parecerá extraño e incómodo no hacerlo. No importa dónde te encuentres en tu carrera literaria, es igual de cierto para la escritura. Incluso quince minutos al día mantendrán el hábito».

«3. Sólo puedes escribir habitualmente si estás dispuesto a escribir mal. No puedes escribir a menudo y bien. Uno debería aceptar la mala escritura como un ejercicio de calentamiento que te permite escribir bien».

En fin, cosas que pongo aquí para que, cuando venga el siguiente goteo de mensajes, pueda señalar con el dedo y no tener que pararme a pensar qué corre dentro de mí y por qué soy incapaz de expresarlo de esta manera.

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11 respuestas

  1. Hola de nuevo!

    Me parece que lo que aquí nos presentas es una muestra bastante clara de lo que la escritura hace, pero principalmente, de lo que es querer ser escritor. Muchas gracias por compartirnos la honestidad sin fama, la sinceridad sin foto, los consejos de alguien que los da sin esperar reconocimiento por ellos o tener la razón de que sean los mejores en la historia.

    Abrazo!

  2. No suelo visitar blogs de gurús, pero hay cierta naturalidad en los consejos que predicas. Fue ese efecto natural lo que me convirtió en tu lector y no enterarme de cómo funciona la cocina de un escritor, dónde está el horno y cuál es la temperatura ideal para que mi asado cautive el exigente paladar de mis comensales. A mí me pasa, Isaac, lo contrario que a ti con los artículos que van sobre escritura, no encuentro la manera de expresar con éxito como hacer eso, que en mi caso es la poética, que me hace un tipo feliz: versar de puta madre.

    Preguntarse por qué escribo es típico y normal en los comienzos. Pero cuando el oficio ya es parte de ti (asumes automáticamente que sin la escritura te será muy difícil remontar tu diario), entonces la pregunta cambia:

    ¿Realmente merece la pena mostrarlo?

    Hablo de una escritura a niveles muy íntimos donde tú estás en platea y en cueros declamando, mostrando toda tu indefensión al público. Te hablo de esa misma escritura de la que hablaste en uno de tus anteriores artículos.

    Sí. Muy verborrágico me tienes para no ser adicto a los gurús literarios (ya me he chupado cinco entradas).

    Me gusta mucho el blog.

    Abrazo navideño.

      • Gurú: persona que ejerce una gran influencia sobre otras.

        La tercera de las tres definiciones que el diccionario da a dicho vocablo.

        ¿Premisas, reglas? yo ya estoy en el otro lado del bosque. En el lado de romper completamente los esquemas, hasta los míos.

        Namasté.

  3. Gracias por tus entradas. Tu enorme sentido común y el contenido y la sensatez de lo que sueles publicar me ayudan a poner los pies en la tierra a la hora de escribir. Y eso, para alguien como yo que tiendo a perderme en los mundos de yupi de planes literarios fabulosos… e intangibles (siempre son eso, planes, sin llegar a concretarse), es un potente catalizador para dejar de poner la cabeza en las musarañas y colocar los dedos sobre el teclado. Incluso con este post, que tiene más de “filosófico” que de “trucos prácticos”, me acabas de decidir a que, en cuanto cierre el comentario, me voy a poner a escribir. En serio, siento envidia sana de alguien que se describe como “un tipo que no tiene ni idea”… jeje… a ver cuando te imito en la ignorancia. ¡Felicidades! (Y feliz navidad, que soy bastante tradicional) 🙂

  4. Me encantó. Te juro que hace rato tenía en mente cambiar de rumbo… ya había meditado sobre que nuestra sociedad, no necesita más conspiraciones y asesinos seriales… que había que escribir sobre otra cosa, pero ese artículo sobre Escribir sobre la nada… y esto me siguen inclinando hacia ese tipo de cosas. Muy bueno. Un saludo, Ernesto.

  5. Hola, Isaac:

    Me han encantado las reflexiones de Egan. Me recuerda un poco a lo que decía Ray Bradbury en “Zen en el arte de escribir”, con mucho histrionismo: “No escribir, para muchos de nosotros, es morir.”

    No sé si llegaría tan lejos, pero es cierto que recuerdo las épocas en que no escribía con desazón, como si estuviera de paso, desconectada de mí misma. Da igual si lo que escribo es bueno o malo, mientras escriba. Me suscribo completamente a las palabras de Egan, igual que tú.

    Un abrazo

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