La carta de John Steinbeck que enseña más sobre escritura que la mayoría de libros

Tras los últimos desvíos hacia las cosas que no importan, es hora de volver a lo fundamental, la escritura.

Poco antes de la primavera de 1962 John Steinbeck escribió la siguiente carta a Edith Mirrielees. Edith había sido una enorme influencia para Steinbeck, pues no en vano, 40 años antes, ella había sido su profesora de escritura creativa en la Universidad de Stanford. Steinbeck llegaría a decir que ella fue una de las pocas cosas que respetó de la Universidad.

La carta hace referencia a un libro publicado por Mirrielees, Story Writing, y, francamente, el contenido de esta carta enseña más sobre escritura que el 99% de las cosas que has leído sobre el tema en este año que termina.

8 de marzo de 1962

Querida Edith Mirrielees:

Estoy encantado de que su obra Story Writing se publique en rústica. Alcanzará a una audiencia mayor, y eso es bueno. Puede que no enseñe al lector a escribir una buena historia, pero sin duda le ayudará a reconocer una cuando la lea.

Aunque debe hacer mil años desde que me sentaba en su clase en Stanford, recuerdo la experiencia muy claramente. Tenía un brillo en los ojos y una mente frondosa y estaba preparado para absorber de usted la fórmula secreta para escribir buenas historias cortas, grandes historias cortas, incluso.

Usted mató esa ilusión muy rápidamente. La única manera de escribir una buena historia corta, dijo, es escribir una buena historia corta. Sólo después de que haya sido escrita puede ser diseccionada para ver cómo fue hecha. Es un género de lo más difícil, nos dijo, y la prueba reside en qué pocas grandes historias cortas hay en el mundo.

La regla básica que nos dio fue simple y descorazonadora. Una historia, para ser efectiva, debe transmitir algo de escritor a lector, y el poder de esa ofrenda es la medida de su excelencia. Aparte de eso, dijo, no hay reglas. Una historia puede ser sobre cualquier cosa y puede utilizar cualquier medio y técnica mientras sea efectiva.

Como subtítulo a esta regla mantenía que era necesario para el escritor saber lo que quería decir, en definitiva, saber de qué estaba hablando. Como ejercicio nos hacía reducir la esencia de la historia a una frase, sólo entonces nos permitía agrandarla a tres o seis o diez mil palabras.

Así que ahí estaba la fórmula mágica, el ingrediente secreto. Con nada más que eso nos enviaba por el sendero, desolado y solitario, del escritor. Y debimos presentarle algunas historias abismalmente malas. Si yo había esperado entonces ser descubierto en toda mi excelencia, las notas que puso a mis esfuerzos me desilusionaron rápidamente. Y si me sentí injustamente criticado, los juicios de los editores durante muchos años estuvieron de su parte, no de la mía.

Me parecía injusto. Podía leer una buena historia y podía incluso saber cómo se había hecho, gracias a sus enseñanzas. ¿Por qué entonces no podía hacerlo por mí mismo? Bueno, no podía, y quizá es porque no hay dos historias que se parezcan. A lo largo de los años he escrito muchas buenas historias y todavía no sé cómo hacerlo excepto escribiendo una y probando suerte.

Si hay una magia en escribir historias, y estoy convencido de que la hay, nadie ha sido capaz de reducirla a una receta que se pueda pasar de una persona a otra. La fórmula parece residir solamente en la urgencia dolorosa del escritor por transmitir algo importante al lector. Si el escritor tiene esa urgencia, puede que algunas veces, pero de ninguna manera todas, encuentre la manera de hacerlo.

No es muy difícil juzgar una historia después de que haya sido escrita, pero tras tantos años, comenzar una historia todavía me produce un miedo mortal. Iré aún más lejos y diré que si un escritor no está asustado, entonces es felizmente ignorante de la majestuosidad, tentadora y remota, del medio.

Me pregunto si recuerda el último consejo que me dio. Fue durante la exhuberancia de los ricos y frenéticos veinte y yo salía al mundo a intentar ser un escritor.

Me dijo: «Va a llevarte mucho tiempo y no tienes dinero. Quizá sería mejor si pudieras ir a Europa.»

«¿Por qué?» Pregunté.

«Porque en Europa la pobreza es una desgracia, pero en América es una vergüenza. Me pregunto si podrás soportar o no la vergüenza de ser pobre.»

No fue mucho después que llegó la depresión. Entonces todo el mundo fue pobre y eso ya no fue más una vergüenza. Así que nunca sabré si hubiera podido soportarlo o no. Pero sí tenía razón en una cosa, Edith. Me llevó mucho, muchísimo tiempo. Y todavía estoy en ello y nunca se ha vuelto más fácil. Usted me dijo que no lo haría.

John Steinbeck

21 responses

  1. Me ha gustado lo que ha dicho de reducir la historia a una sola frase. Lo veo y subo la apuesta: las dos novelas que he escrito soy capaz de reducirlas a una sola palabra, pero no puedo decirlas porque haría muchos spoilers. Me encanta cuando traes cartas por el blog. Biquiños!

  2. Ha sido un agrado conocer tu pluma. Me ha gustado mucho la carta, soy adicta a ellas y esta en especial es muy decidora.
    He husmeado como ardilla por tu blog y me has sorprendido gratamente, un saludo cordial, paloma

  3. Como me fascina escribir en versos historias cortas sobre lo que pienso y siento, me llamó especial atención el asunto de escribir una buena historia corta para ser diseccionada y que debe transmitir algo de escritor a lector. Lo cual hago para llamar la atención sobre diversos temas abordados con discreción y mucho respeto para el lector.

  4. Que interesante artículo sobre la susodicha carta, es como una tomografía a la esencia de un escritor y la carta tiene según mi percepción una muy fina manera de gratitud implícita de un pupilo hacia su maestra.

  5. Hola Isaac,

    Me impresionó mucho esta entrada en su momento, cuando la leí, y no he dejado de tener en cuenta este consejo a la hora de estructurar tanto historias cortas como una novela que tenía ya empezada. Empezar por lo esencial: qué quieres contar en unas pocas palabras. Es genial.

    Sigo tu blog desde hace tiempo, aunque no había llegado a comentar, y quería preguntarte algo. Aparte de John Steinbeck, un gran escritor estadounidense que estudió escritura creativa en la universidad, ¿conoces a algún escritor o escritora más, que también fuese de USA, y tuviese la oportunidad de estudiar Creative Writing como asignatura o asignaturas allí? Me sería de mucha ayuda saberlo, he buscado bien en internet pero he encontrado poco, apenas uno o dos escritores.

    ¡Muchísimas gracias Isaac!

    Un abrazo,

    Marta

    • Curiosamente, en las universidades americanas y desde siempre, se aprende escritura creativa y se configura como cursos e incluso carreras. No estoy al tanto de qué escritores siguieron o no esos cursos, pero no me extrañaría que muchos, la verdad. Es cierto que en Internet no hay demasiada información, pero quizá en las biografías de los que te interesen más puedas discernir si es el caso que buscas o no.

      Un saludo, Marta.

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