La carta, el escritor y el fetiche

cartas

Valencia, 13 de marzo de 2019

Hoy toca hablar de escritores y manías, la de ellos en cuanto a escribir cartas y la mía en cuanto a la fascinación que me producen. Y es que hoy amanece con la pregunta de una lectora y escritora, que me ha hecho por carta, sobre por qué tengo ese fetiche epistolar.

Me resulta imposible describir lo genial que me parece esa situación.

Supongo que, en realidad, todo se resume en que tengo una faceta voyeur, pero ya que las personas racionalizamos para quedar mejor ante el resto, no voy a ser la excepción.

Mi fascinación por las cartas, especialmente las de escritores, viene porque muestran la parte que no se ve, o no estaba hecha para eso y por tanto es la parte en la que eres más libre. Más incluso que en los libros, ya que no pasan por editores y el lector solo va a ser uno.

Casi siempre conoces únicamente lo que el escritor puso en la estantería, el resultado de un montón de iteraciones y cambios y noches de trabajo ingrato. Es el resultado perfecto y pulido, pero también la punta de un iceberg.

Una carta era un lugar a salvo en un mundo en el que lo privado ya no lo es, yo mismo he revelado el contenido principal de esa misiva que he recibido, aunque por supuesto me guardo el resto. En las cartas te expresabas de una manera destinada solamente al otro y permiten aprender sobre la persona y el arte que hay tras el nombre, de una manera que no permiten las entrevistas o los libros.

En cierto modo, las cartas son la manera más cercana posible a sentarse y charlar con el escritor. Durante un tiempo me di cuenta de que casi todas las personas que me parecían interesantes estaban muertas. Esas cartas son la ouija y no sólo eso, esas cartas también son arte.

Porque los escritores suelen hablar de la misma manera en la que escriben. El lenguaje y las historias son trasladados a toda comunicación, por eso las cartas son una manera de obtener más escritura de esa persona a la que admiras, aunque los libros se hayan terminado.

Es mejor no conocer a tus héroes, porque resulta que son humanos, pero para mí eso no les quita un ápice de admiración, al contrario. Hemingway era un inseguro insufrible o Woolf no disimulaba la vena trágica de todo autor que escribe para defenderse de la oscuridad. Las cartas los humanizan y para mí les confieren más mérito, porque no son héroes los que escribieron aquello que me rompió y me cosió de otra manera. Son personas con miedos, ilusión y preocupaciones parecidas a las mías, lo que da esperanza a los que no nacimos especiales.

Así que supongo que por una parte busco consuelo, por otra un aprendizaje y por otra entender a la persona tras la firma, para bien y para mal, pero de una manera más completa y veraz.

Las cartas, escritas con esa esperanza de que en caso de que todos la lean ya no importará, me permiten ver una parte libre, salvaje y completa de quienes me gustan.

Eso no lo ves en los libros y, además, suelen resultar una lectura que tiene el gozo inigualable de mirar por la cerradura.

Firmado:

Isaac

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1 respuesta

  1. Hola, Isaac.

    Tienes razón. Y, casualmente, hoy viernes mira lo que leí en mi móvil en un correo. Transcribo literalmente:
    “Este sábado en “Babelia”, las cartas entre Camus y Char. La correspondencia entre el autor de “La peste”, Nobel de Literatura en 1957, y el poeta que escribió “Furor y misterio” constituye un auténtico tratado de la amistad”.

    Ya sabes, tienes que comprar mañana sábado EL PAÍS.

    Un saludo literario desde Oviedo y buen fin de semana.

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