Escribir más y salir de la cárcel

La carta para salir de la cárcel

Para aquellos que no me siguen en Twitter, comentar que, desde el día 2, ya está disponible el libro Escribir mejor, «segunda parte espiritual» de aquel Escribir bien.

Aquí está en formato digital para Kindle y aquí en formato papel.

En el libro se recogen algunos contenidos de esta web y, sobre todo, una gran parte de nuevos contenidos centrados, principalmente, en cómo escribir más cada día.

Como ya comenté en su día, escribir más es la clave imprescindible para escribir mejor. No hay otra manera ni hay atajos. Además, como escribo para comer, estos años he intentado conocer y aplicar aquello que me permite escribir todo lo que pueda.

Al fin y al cabo, el tiempo es limitado, pero las palabras no tienen por qué serlo.

Y uno de los principios fundamentales que se explican en Escribir mejor, es el que trato aquí hoy. Como veremos, es muy sencillo y no puede ser de otra manera, porque cualquier estrategia o táctica compleja nunca funciona y nunca se aplica.

Además, no nos vendrá mal porque también enseña la clave para salir de la cárcel, sin duda algo mucho más útil que escribir más.

La carta para salir de la cárcel (extracto del libro Escribir mejor)

Voy a mostrar de nuevo el poco control sobre la vida y lo que ocurre en ella. A cambio, también voy a enseñar cómo salir de la cárcel. Si lo segundo es un consuelo para lo primero, depende de la situación de cada uno. De todas maneras, creo que nunca viene mal tener esta tarjeta del Monopoly por si acaso.

La cuestión básica es la siguiente. Cualquiera que dejó atrás la adolescencia se habrá dado cuenta del enorme poder que el azar y la suerte tienen en todo. De hecho, si estás leyendo esto, la primera tirada de dados, que fue la del nacimiento, no resultó de las peores, así que, enhorabuena.

Caminamos por la vida creyendo que la voluntad y el esfuerzo lo son todo, cuando la suerte es la jugadora más poderosa de la partida. Tiene todas las cartas en la mano y algunas más en la manga.

En muchas ocasiones, poco podremos hacer con nuestra ridícula pareja de cincos, pero con el conocimiento adquirido tras este capítulo vamos a ganar más manos del juego o, al menos, conseguiremos lo que nos interesa: escribir más.

Imagina que estás en la cárcel y tienes cita con el juez para ver si te concede la libertad provisional. Como persona que cree controlar su vida (quitando el pequeño detalle de la prisión) te portas bien durante el encierro y empleas los ahorros en el mejor abogado. Has puesto de tu parte todas las probabilidades para que te concedan la libertad, ¿cierto?

Falso.

Hay algo que influye muchísimo más que esas dos cosas y sobre lo que no vas a tener control. Para averiguar qué es, viajemos a Israel.

Allí, Jonathan Levav, profesor de la Universidad de Columbia, quiso examinar los factores que influenciaban que un prisionero saliera libre o no en su vista con el juez de la condicional. Analizó de todo, empezando por los factores más probables a priori: la gravedad del delito, la raza, el tiempo que había pasado en prisión, los abogados…

Y nada de eso resultó ser el factor clave.

¿Cuál era la carta de Monopoly que libraba de la prisión? La hora a la que los presos tenían su vista.

Dependiendo de que fuera una u otra, tenían entre un 200% y un 600% más de probabilidades de salir libres si coincidían con el momento adecuado.

¿Cuál era?

Básicamente, a primera hora de la mañana o justo tras el descanso para comer. A quien le tocaba entonces tenía muchas más probabilidades de salir de la cárcel.

¿La gravedad del delito, la raza y otros factores que podían influir y surgen al racionalizar posibles explicaciones? No influían apenas para sorpresa de los investigadores. Pero como te tocara ver al juez de los últimos, prepárate, porque tus posibilidades se habían reducido una barbaridad, dando igual el abogado o el comportamiento.

¿A qué se debe este fenómeno?

A que, una vez más y como ya comentaba en Escribir bien, poner una palabra tras otra es una cuestión de energía y, al parecer, salir de la cárcel también. ¿Te toca ver al juez de los primeros? Enhorabuena. ¿Te toca justo antes de comer o cuando vuelve a estar agotado a última hora de la tarde queriendo irse a casa? Te diría que buena suerte, pero lo cierto es que te ha tocado toda la mala del mundo.

Ahora ya lo sabes, si quieres librarte de prisión, ten la vista con el juez a una hora apropiada, pues influirá más que cualquier otra cosa. El problema para los presos es que no podían elegir la hora y que, como muchas veces en la vida, lo más importante era una circunstancia externa sobre la que no tenían control alguno.

Afortunadamente, algunos de los que lean esto no estarán en la cárcel. Eso significa que podemos emplear esa carta para escribir más. Y tampoco hace falta un máster para unir los puntos sobre cómo hacerlo:

Si quieres escribir mucho más y mejor, hazlo a primera hora de la mañana.

O bien en el momento en que estés más descansado, frase que he dudado en poner, porque en muchos va a servir de excusa para no escribir como primera actividad del día, que es primordial para multiplicar el número de palabras.

No es casualidad que una enorme cantidad de grandes escritores y otra enorme cantidad de personas que han logrado grandes cosas fueran madrugadores. No es una cuestión de disciplina o superioridad moral, es una cuestión de pragmatismo porque las primeras horas de la mañana, como en el caso de los jueces, son aquellas en las que más descansados estamos y para lo que estamos hechos. Hemos dormido (con suerte), según la ciencia es el momento en que somos más creativos y además, punto muy importante, los demás no han venido todavía a enredarnos con sus mierdas.

Muchos consideran las dos primeras horas de la mañana tras despertar como sus «horas de oro», y las cuidan de los demás y las vigilan, porque todos quieren nuestro oro y también es muy fácil derrocharlo en tonterías, pues somos humanos. Si tenemos una mínima disciplina e higiene de sueño, cosa en la que deberíamos trabajar si queremos escribir más, en vez de estar con la luz del móvil rompiendo la oscuridad a las tantas, las primeras son las mejores horas para dedicar a la escritura y lo siento si no te cuadra, pero es lo que hay.

Pero es que soy un ave nocturna

Uno puede decir todo lo que quiera sobre que cada uno es distinto y hay personas nocturnas y diurnas. No le voy a negar la razón si es lo que quiere, pero si uno se levanta y se pone a escribir, antes que nada en la mañana, lo hará lo mejor posible, su rendimiento será muchísimo mayor que a cualquier otra hora y sumará más palabras.

De todos modos, si uno piensa que no es persona diurna y que no puede levantarse temprano y rendir, lo cierto es que yo también justificaba mi pereza de esa manera, así que no se lo voy a reprochar y que haga lo que quiera.

Está ampliamente demostrado que tenemos unos genes con reloj interno en cada célula y que somos animales diurnos. Pero si insistes en que tú no, me parece genial, aunque probablemente a tu escritura no tanto y, lo que seguramente es más importante, a tu esperanza de vida, menos.

Porque se ha estudiado que aquellos que trabajan de noche o por turnos viven menos y están plagados de problemas de salud. Cuando se han estudiado a las «aves nocturnas» entre nosotros se ha comprobado que incurren en mayores riesgos de padecer enfermedades psicológicas, diabetes, desórdenes neurológicos, digestivos e incluso muerte. Lo mismo ocurre con enfermedades cardiovasculares y, si eres mujer, con mayor incidencia de cáncer de mama, algo que también se había comprobado ya en las enfermeras que trabajaban por turnos.

Buena suerte escribiendo más a esas horas. Y podría poner otra tonelada de evidencia, pero para qué, no se puede convencer a nadie de nada.

La realidad es esta, no podemos influir en las olas, pero podemos montarlas y aprovechar las que van en la dirección que queremos. Hasta que nos metan en la cárcel, la mañana es una de esas olas, es la carta que nos da la libertad y ya tenemos otra pieza de nuestro puzle, que además encaja perfectamente con las que hemos visto hasta ahora, multiplicando el poder y la efectividad que tienen cuando se hacen en el momento adecuado.

¿Quieres escribir más y mejor? Ponte el despertador una o dos horas antes. Y vete a dormir una o dos horas antes también. La higiene de sueño es fundamental y se puede entrenar. Verás como todo ese discurso de: «No soy una persona diurna» se va por el mismo baño al que te levantarás más temprano que el resto.

Yo ya lo he dicho y esta es una clave fundamental para escribir más que compruebo día sí y día también. Reserva la primera hora y media o dos horas del día a escribir y multiplicarás la cantidad y calidad.

Ahora, allá cada uno.

También soy partidario de las primeras horas del día por otra razón pragmática. Volvemos a la suprema importancia del contexto y es que, mientras otros duermen, es difícil que toquen a la puerta. El contexto a esas primeras horas del día es todo lo favorable que puede ser a la ausencia de distracciones, que tiene que ser una característica esencial del entorno a crear para escribir más.

Puede que a alguien le funcione contar historias a altas horas de la noche, cuando todos duermen también. De veras que, si eso es lo que le va a cada uno, pues que lo haga. A altas horas de la noche no sé cuánta energía queda e insisto en que los ritmos circadianos se pueden entrenar, como también se ha demostrado ampliamente.

Y son mucho más importantes de lo que parece, probablemente una clave fundamental para casi todo, y no solo la escritura, como están demostrando algunos fascinantes y recientes estudios al respecto.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

5 Comments

  • Alberto

    Hola, Isaac.

    Un artículo largo, bastante largo.

    Asombrado me quedo con el estudio de ese profesor de la Universidad de Columbia en Israel. Cualquiera pensaría, como yo, que los factores importantes para conseguir la libertad condicional son la gravedad del delito, el tiempo que llevas en prisión, la calidad del abogado…, pero nadie imaginaría que la hora de la vista es el factor que inclina la balanza hacia un lado u otro. Increíble. Desde luego, existen multitud de estudios que son fascinantes y muy sorprendentes y que la inmensa mayoría de la población ignora.

    Yo siempre me consideré un «búho», pero voy a hacerte caso porque aunque no dedique la primera hora y media o dos horas a escribir, la calidad de mi sueño y de mi vida me lo agradecerán.

    Ya sabía yo desde hace mucho que el trabajar a turnos conlleva numerosos problemas de salud de todo tipo, pero desconocía lo del cáncer de mama en las enfermeras (curiosísimo). No sé si sabes que desde hace un tiempo en algunas empresas aplican los turnos ecológicos los cuales son más saludables para los trabajadores.

    Desde luego, nadie como el ser humano para autojustificarse, para buscar coartadas que tranquilicen su conciencia a la hora de no hacer lo que debería hacer.

    Y también es muy curioso que casi todo el mundo crea que con la fuerza de voluntad y la disciplina se consigue todo cuando no es así. Un mito muy enraizado en nuestra sociedad que, tal vez, no se erradique nunca al igual que existen un montón de mitos respecto al amor alimentados por canciones, películas, etc.

    Gracias por tus valiosos consejos, Isaac.

    Feliz y productivo miércoles.

    Un saludo literario desde Oviedo.

  • charly cantalapiedra

    Me ha gustado mucho.
    Yo de hecho madrugo para escribir, me encanta.
    Gracias porque con esa convicción sensata se aprende mucho, lo dejas cristalino trasparente.
    Un saludo

  • Sergio

    Ojo, que en los comentarios se está descartando el momento *después de la siesta*, que quizá sea más asequible que ese de «adelanta el despertador una o dos horas» (esta frase me ha puesto los pelos como escarpias).

    Quizá no tengas tanto silencio (a saber…), pero igual es un comienzo más sencillo y que puede afectar menos a tus rutinas.

    • Alberto

      Hola, Sergio.

      Bien pensado, es otra posibilidad. Ya sabes que hay que ponerse metas alcanzables. Además, puede ser que haya más silencio en tu casa después de la siesta que a primera hora de la mañana (todo depende de los horarios con los que convives; no es lo habitual, pero puede ocurrir).

      Un saludo literario desde Oviedo.

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