La carta que Jack London enviaba a los escritores noveles que le contactaban

Vuelve un clásico hasta que me cure del fetiche de las cartas.

Jack London escribió Colmillo blanco y La llamada de la selva entre otros (22 novelas, más de 200 cuentos, incontables artículos…). Entre finales del siglo XIX y principios del XX, fue un escritor famoso al que pedían opinión. Y como siempre en aquellos tiempos pre-Twitter y Facebook, un ávido escritor de cartas.

A London le llegaban misivas de multitud de escritores noveles pidiendo opinión sobre sus manuscritos. Curiosamente, London respondía con una carta tipo idéntica a todos ellos, hasta que en cierto momento tomó una curiosa decisión que contradecía todo lo que había hecho hasta entonces. Iba a responder personalmente a cada escritor que le enviara un manuscrito, en un esfuerzo por conocer mejor, según él, a sus congéneres humanos.

Pero hasta entonces, he aquí esa carta tipo que London enviaba a esos escritores que empezaban.

Es curioso observar cómo, ya en 1905, ciertas cosas sobre la escritura eran tan actuales entonces como hoy, y cómo London no se corta diciendo unas cuantas verdades de esas que no se suelen decir en voz alta (o escribir en negro sobre blanco) aunque se piensen.

He aquí esa respuesta que muchos escritores se llevaron hasta que cambió de opinión. Alguna gema hay entre las líneas, cada uno que recoja la que quiera.


Oakland, California
20 de febrero de 1905

Estimado señor:

Cada vez que un escritor dice la verdad acerca de un manuscrito (o libro) a un amigo-autor, pierde a ese amigo, o ve que la amistad se atenúa y desvanece hasta convertirse en un fantasma de lo que era antes.

Cada vez que un escritor dice la verdad acerca de un manuscrito (o libro), a un autor que no conoce, hace un enemigo.

Si el escritor ama a su amigo y teme perderlo, entonces le miente.

Pero, ¿de qué sirve mentir a extraños?

Y, ya que estamos, ¿qué hay de bueno en hacer enemigos de todos modos?

Además, un escritor conocido está abrumado por las solicitudes de extraños para que lea su trabajo y dé su opinión sobre él. Ese el trabajo de una oficina literaria. Y un escritor no es una oficina literaria. Si es lo bastante tonto como para convertirse en una, dejará de ser escritor. No tendrá tiempo para escribir.

Además, será una oficina literaria caritativa, no recibirá ningún pago. Por lo tanto, pronto se declarará en quiebra y vivirá de la caridad de los amigos (si no los ha convertido ya a todos en sus enemigos diciéndoles la verdad) mientras contempla a su esposa y a sus hijos que se dirigen melancólicamente a alguna casa de caridad.

La simpatía por el desconocido que lucha está muy bien. Es hermosa, pero hay tantos desconocidos que luchan, algo así como varios millones de ellos. Y la compasión puede convertirse en un trabajo demasiado duro. La simpatía comienza en casa. El escritor debería permitir que las multitudes desconocidas permanezcan desconocidas antes de permitir que sus seres cercanos y queridos ocupen jergones paupérrimos y cementerios en los que se entierra a los que nadie reclama.

Sinceramente suyo,

Jack London


Luego que si yo soy el poco simpático.

P.D. creo que me habría caído bien London.

14 responses

    • Lo he puesto para que se lo empieces a llamar a London.

      A London no le importa, por cierto. Y tiene más razón que un santo, dijo en voz alta (voz escrita) lo que piensa la mayoría. Eso ha sido loable siempre.

  1. Buenísimo London, respuesta genial. Educado pero sin pelos en la lengua. Por algún motivo creemos que estamos en nuestro derecho de pedir sin dar nada a cambio, sin pensar en el tiempo y esfuerzo que lleva la respuesta y sin pensar, por un momento si quiera, en la posibilidad de que nos digan que no somos tan buenos como nosotros creemos.
    Pero me temo que con ella no se libraba de crearse enemigos de todos modos, a nadie le gusta que le digan que no, al menos un no tan realista y directo (aunque bien pensado recibían a cambio una carta manuscrita de Jack London).

    La mejor respuesta para mí, más de un siglo después, sigue siendo NINGUNA RESPUESTA (pero entonces no tendríamos estas joyas).

    Este London era de tu club Isaac, sin duda.

    P.D. estoy pensando en escribirte pidiendo tu opinión solo por recibir una carta manuscrita tuya.

  2. En escribir relatos he empleado poco tiempo (empecé una novela hace treinta años, y ahora jubilado y animado por tu página, voy a recomenzarla) pero en fotografía de concursos no veas…hasta que un excelente profesional al que enseñaba mis trabajos y que (gratis) los valoraba, me aconsejó “Nunca serás un artista, pero si un buen artesano, no te des tan malos ratos, y disfruta con lo que haces”. Amén.

  3. Estoy equivocado o ya pusiste esa carta en tu blog, quizá puede ser la carta de otro amarguete sincero que quiere matar tus sueños de entrada, jaja, nada que ver mi amigo, tus palabras y las que citas son lo mas bueno que me ha pasado como aspirante a escritor, porque escribí un libro, pero eso no me hace escritor… por otro lado, estoy pegado en la continuación de mi saga, he vendido algunos libros, mas de los que yo creí que vendería, no hago esto por dinero así que me tiene sin cuidado, gracias de nuevo, estoy medio inconexo en mi pensamiento hoy, esta muy buena la carta, un abrazo.

    marcelo

  4. Pues la verdad es que son verdades como puños.
    No me ha parecido borde, ¿será que tampoco doy mis simpatías? Jaja
    Pdta: Tú sigues ganando con tu sarcasmo jaja

    • Lo cierto es que a primera vista puede parecer borde, pero es todo lo contrario. Poco es para responder a gente que no es capaz de ponerse en la piel del otro y espera además que trabaje gratis.

      Por supuesto que yo gano con mi sarcasmo ;P

  5. Aún mejor que la carta de Jack London es la respuesta que el doctor Johnson, el insigne lexicógrafo, dio a un aspirante a escritor cuando le pidió su opinión:

    “Su obra es buena y original. Pero la parte que es original no es buena, y la parte que es buena no es original”.

    Supera eso, Jack.

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