La chica de las primeras veces

(Capítulo 4 de la novela del mismo nombre)

Nunca he trabajado con una editorial que no se retrase ni con un corrector que no quiera que nos matemos al amanecer. La publicación de Tres reinas crueles se retrasa y no verá la luz este año. «Será en septiembre u octubre, como máximo en Navidades, pero no pasará tanto tiempo». Pasará, pero en fin, no puedo hacer nada ni decir que no lo sabía, la actualidad manda y las elecciones se acercan, así que se han colado por delante varios títulos sobre política y es normal, ellos darán dinero y hay que vivir. Yo, mientras, tendré que esperar a principios del año que viene con suerte. Esperar es lo que más odio, que para algo titulé así el primer relato que me publicaron hace tanto ya. En ese compás de espera bailan mis días y a veces entra y sale Núria.

Núria es la chica de las primeras veces y, si eres como yo, algo viejo y algo cansado, esas son las más agotadoras. Después de tanto tiempo engañada por para siempres, ahora es libre tras diez años de matrimonio y a saber cuántos de novia fiel. Así que todo son primeras veces para ella y las vivía como algo que coleccionar, fueran buenas o no: La primera vez que duermo después hacerlo en una cama japonesa. La primera vez que me tomé la seta que me convirtió en Alicia. La primera vez que me han dicho «sueño de niña». ¿En serio?. Ella cogía esos momentos y los guardaba en una caja: «Me he comprado una nueva, segundas veces en esto de comprar una caja, la otra se rompió». Tenía una memoria excepcional para los primeros recuerdos cuando yo no me acuerdo de lo que hago ni de la mitad de los sueños que no tengan que ver con escribir. «Cuando llegue el momento de llorar, lloraré, pero mientras…». Mientras a recoger primeras veces como flores.

Yo a las primeras veces las aguanto poco por incómodas, que sé que tienen que ser así, pero he ahí que estás la primera vez con una chica y es un cuerpo extraño y los botones nunca están en el mismo sitio. Así que las primeras veces pruebas lo habitual, no te sales de las rayas al pintar y besas y tocas y lo haces todo como debe ser, una cuestión de mínimos educados a ver. Luego ya vas probando poco a poco cosas más audaces y sientes ese estremecimiento nuevo, un jadeo dado con otra nota, y sabes que has descubierto un nuevo camino y lo sigues a ver dónde te lleva. Después de unas cuantas primeras veces los cuerpos empiezan a encajar y es mucho mejor. Que ya no es la excitación por quitar la ropa y responder a la pregunta de cómo será, a qué sabrá o si grita o si no. «Todas lo hacemos», me dijo una hace ya, «así que cuidado con el silencio». A mí me gustan las siguientes veces, ir abriendo caminos nuevos y empujar hasta que no quede dentro un gramo de grito. Yo aprendí de Alessandro el Profeta que el mayor poder sobre la tierra es ser capaz de dar placer a una mujer hasta que se rinda: «Yo ya no puedo correrme más, estoy exhausta».

En esas victorias, con chicas que aún dicen exhausta, todavía crees que algo merece la pena.

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