La edición digital en España

La edición digital en España

Cada dos por tres alguien dice que es el final del libro y que estamos condenados. Pero lo cierto es que leer nunca fue algo mayoritario, como lo son la televisión o Internet, así que tampoco lo veo diferente ni los tiempos pasados fueron mejores. Gritamos muchas opiniones disfrazadas de conclusiones y no miramos a nuestro alrededor queriendo entender lo que pasa. La cuestión es que dentro de ese arte minoritario que es leer, hacerlo en dispositivos electrónicos es un pedazo aún más pequeño.

Por eso, hablar de edición digital hoy en España, al menos desde el punto de vista personal de éste que escribe, se puede reducir a una palabra: Amazon.

Apple o Google, que suenan muy grandes en nombre, apenas juegan un papel muy marginal, a gran distancia todavía. Y sí, sé que hay plataformas de aquí y que las grandes editoriales a lo mejor tienen otro juego que desconozco pero más bien parece que siguen sin enterarse de nada. Excepto la honrosa excepción que ahora comentaré.

Así que, cuando saqué el tema de gestión derechos digitales de la novela ”Perdimos la luz…” sin querer disparé 30 minutos de diatriba inesperada sobre la situación de la edición electrónica, vista por una editorial pequeña e independiente. La conclusión no fue una sorpresa. Como con todo lo tecnológico y lo que representa cambio y novedad, parece nuestra costumbre dejar esas cosas a cargo de:

1) Quien tiene menos idea de cómo funcionan. Con especial mención a dar más poder a quién ni siquiera ha oído hablar del término y mucho menos lo ha usado.

2) El ”cuñao” de alguien, ese mítico ser que dice saber como va todo y que no es más que una variante del número 1.

Durante esa charla (monólogo) salió el monstruo de Frankenstein de Libranda, intermediarios, pagos pendientes, cierres de cosas que quedaron a deber y nunca más se supo, extraños contratos draconianos, ventas misérrimas después de mucho esfuerzo de conversión de catálogos… Y así. Ni qué decir tiene que, con ese panorama, no estaban nada contentos con eso de la edición digital y esforzarse más allá de las dos o tres opciones básicas, era más dolor de cabeza que otra cosa, sobre todo mirando rentabilidad.

“Vale, lo entiendo”, dije. Yo mismo sé que si alguien (que no es de los cuatro escritores famosos del momento) recibe algún céntimo de la edición digital, nueve décimas partes del céntimo vienen de Amazon. Pero yo soy de los que cree en ese tipo de libro también, aunque sea porque así me han leído muchos y algunos hasta me han encontrado, más de los que lo hicieron a través de relatos y libros publicados en papel. No creo en grandes discursos optimistas ni catastrofistas sobre el futuro de los libros, eso para quien los quiera. Yo creo que a veces se pueden hacer las cosas bien y que eso cuesta, pero algunos, por fortuna, están procurando hacerlo así con el libro electrónico.

Por eso, tras los 30 minutos de lamentación, dije que vale, que si en la parte digital me dejaban margen yo me ocuparía de moverme por ciertos sitios en los que creo y en los que quería estar. Y quien me vino a la mente fue Lektu, una tienda online española de libros electrónicos que entiende cómo hacer las cosas. Sin DRM’s, poniéndolo lo más fácil posible, intentando innovar en cuanto a medios de pago y promoción… Y no, no tengo relación de parentesco ni nómina firmada por ellos.

Yo mismo contacté con Lektu, les expliqué la situación que tenía de libertad para gestionar los derechos y tardaron menos de un día en arreglarlo todo y que pudiera empezar a funcionar con su herramienta. Hace poco tuve una urgencia personal con un tema no relacionado con nada de esto. Sucedió un viernes por la tarde y no pude contactar con los dos sitios destinados para gestionar esas cosas hasta pasadas las 10 de la mañana del lunes siguiente. En este panorama que por desgracia no es raro, esas 24 horas tienen valor.

Quise estar en Lektu porque creo en su filosofía y en que: si se hacen las cosas bien, uno entiende que es una maratón, que los libros no son la estrella de moda pero son algo aún mejor y, con buena pizca de suerte y viento a favor, se puede construir algo bueno. Y a lo mejor no se llega a puerto, pero mereció la pena intentarlo.

Por eso desde hoy mismo, la novela Perdimos la luz de los viejos días está también disponible en Lektu y esa es una de esas cosas que quería hacer y que, a veces, algunos, no entienden cuando se las digo. No sé, quizá todo ese esfuerzo debería emplearlo en hacer ”Spam” a todas horas a los pobres insensatos que me siguen (eso me sugirió alguien y antes me cuelgo del soporte del saco de boxeo).

Creo en hacer ciertas cosas por el mero hecho de que me parecen bien y no de si me voy a hacer rico o no. Soy bastante tonto a veces, pero no tanto como para no tener claro que, si quisiera millones, haría otra cosa.

No sólo eso. Mañana mismo, en Lektu también, una humilde sorpresa exclusiva que no se podrá encontrar en ninguna otra parte. Porque sí.

Y dentro de poco, más pequeñas cosas que me parecen importantes por el mero hecho de hacerlas y no por el resultado.

Si soplan esos vientos y esa pizca de suerte para Lektu, es posible que en el futuro vuelva a hablar de este tema y no se pueda resumir sólo en la palabra Amazon.

3 responses

    • En esta primera etapa están muy inclinados a ciertos géneros que no sé si son lo tuyo, la verdad.

      Pero lo están haciendo y si siguen por ese camino, pueden ser una buena alternativa.

      Y que me caen bien, eso también.

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