La escritura según Dean Koontz

dean koontz

A pesar de que siempre digo que no me junto con escritores, que de hecho es algo que evito activamente, sí me gusta mirar por el ojo de la cerradura de algunos.

Y en este caso he de confesar que la sección de Preguntas Frecuentes del novelista Dean Koontz es una puerta entreabierta más que una cerradura.

Ahí se puede comprobar cómo es un escritor que ama realmente lo que hace, cómo trabaja de ese modo tan particular (e intransferible, como todos) y, sobre todo y lo que resulta más interesante, cómo piensa alguien con una larga carrera que lo ha visto todo.

Para quien no lo conozca (raro es que no hayas visto libros suyos) Koontz es uno de los escritores más prolíficos, que empezó publicando en los sesenta y se ha centrado principalmente en el terror y el suspense.

Y como también soy dado a que otros me hagan el trabajo, he aquí algunas gemas traducidas de esa sección de Preguntas Frecuentes, porque de veras que todo el mundo debería leerlas.

A partir de ahora, es Koontz quien habla, no yo.

Sobre la duda y la crítica

Dudo más de mí mismo que cualquier otro escritor que haya conocido. Esa es una de las razones por las que reviso cada página hasta el límite del absurdo. Si puedes canalizar eso en actividad útil, en vez de quedar paralizado, cuando finalizas una novela sabes precisamente por qué has tomado cada decisión en la narrativa, los múltiples propósitos de cada metáfora e imagen. Habiendo sido tu mayor crítico, todavía conservas sueños, pero no tienes ilusiones.

En consecuencia, las críticas o consejos sin razón ya no pueden descarrilarte. Te decepciona un agente, un editor o una editorial, pero nunca te desanima.

Sobre su método de trabajo

Trabajo 10 u 11 horas al día porque, en sesiones largas, me meto más completamente en la historia y los personajes que en, digamos, jornadas de 6 horas. En los días buenos puedo conseguir cinco o seis páginas de trabajo terminado. En los días malos, un tercio de página. Cinco o seis no son una gran producción para 10 u 11 horas de trabajo, pero hay más días buenos que malos. Y el secreto es hacerlo día tras día, comprometiéndose con ello y evitando distracciones.

A qué atribuye esa ética del trabajo

Dos cosas. Primero, estoy hechizado por la lengua inglesa, por su belleza y flexibilidad, también por el poder de contar historias para expandir la mente y elevar el corazón. Lenguaje e historia ofrecen posibilidades, desafíos intrigantes, que no podría agotar en varias vidas. El trabajo es gozo cuando está yendo bien e incluso cuando no. Segundo, creo que el talento es un regalo y que viene con la sagrada obligación de pulirlo y hacerlo crecer.

Sobre el rechazo

Vendí el primer cuento que escribí. Luego recibí unos 75 rechazos antes de hacer otra venta. Mis primeras cuatro novelas nunca fueron publicadas. Más tarde, tras haber estado vendiendo ficción de género regularmente, escribí una novela para un público más general: Todos los otros hombres. Los editores me respondieron con cartas entusiastas sobre ella, diciendo lo mucho que les había gustado. Pero la rechazaron porque creían que era demasiado perturbadora y vanguardista como para ser comercial.

Cómo aprendió a escribir

(Tras hablar sobre que no tiene experiencia con cursos de escritura y no fueron su manera de hacerlo) Encontré mi propio camino haciendo dos cosas: Leí 150 libros al año, a veces más (poca televisión, y después nada de blogs ni de email, así es cómo lo haces), ficción de todo género, contemporáneos y clásicos, poesía y una variedad de ensayos. Segundo, reviso cada página de una novela veinte o treinta veces, lo que sea necesario, antes de pasar a la siguiente. Esta inmersión, línea por línea, me centra poderosamente en el lenguaje, el personaje y el tema.

Muy recomendable, coincida Koontz con nuestras opiniones o no, que eso es irrelevante a pesar de toda la importancia que le damos ahora.

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19 respuestas

    • Cada uno tiene su método.

      Aplicar el de un escritor a otro, por muy bueno que sea ese uno, es la receta para el desastre del otro.

      Por eso no creo en consejos de escribe así o asá, no sirven para nada.

      Al final, uno ha de encontrar un método para su propio caos y la manera de trabajar siempre es personal e intransferible, a imagen y semejanza de los demonios que cada uno lleve dentro.

  1. Hola, Isaac.

    Me ha dejado impresionado el número de horas que trabaja cada día este hombre y la cantidad de libros que leía al año (fundamental para cualquier autor que se precie leer y leer mucho, todo lo que pueda). Es evidente que te tiene que apasionar la escritura, debes amarla enormemente, para poder dedicarle tal cantidad de tiempo, ya que ello implica renunciar a otros placeres o actividades de ocio. A la vez, suerte que puede hacerlo con tanto ahínco.

    Por otro lado, es una verdad irrefutable insistir una y otra vez y no arrojar la toalla. Creer en ti, aunque el resto del mundo te dé la espalda, cuando sientes que has venido a este mundo para hacer lo que haces.

    Dean Koontz (de quien nunca había oído hablar que yo recuerde) coincide contigo en casi todo. No hay fórmulas mágicas ni atajos milagrosos como tantas veces hemos comentado en este blog. Es duro, pero es así y hay que aceptarlo. Para alcanzar la excelencia en cualquier arte o disciplina no queda otra.

    Él cree en la existencia del talento al igual que yo. Este es el único punto en el que no opina lo mismo que tú.

    Un saludo literario desde Oviedo.

    • En realidad, no he visto ningún escritor que merezca la pena y crea en fórmulas o atajos.

      Si es así, o el escritor está intentando engañar o no es bueno.

      Yo no creo en la noción habitual de talento que se suele manosear por ahí, en el sentido de algo innato. El talento «nace» tras un millón de horas de práctica, es algo creado, no algo que se tiene per se.

      De nuevo, independientemente de la mayor o menor creencia en un talento tal y como se suele (mal)entender el término más habitualmente, ningún escritor que se precie habla de él desligándolo de una enorme capacidad de trabajo y práctica.

      Fíjate las horas que trabaja alguien como Koontz que «cree» en el talento. Eso demuestra que no lo considera, ni innato, ni algo con lo que ungen los dioses. De lo contrario, tampoco estaría repasando 30 veces cada página. De esos 30 repasos surge el talento, el talento es una construcción del trabajo y la práctica deliberadas, no es algo que exista antes de eso.

      Un saludo.

      • Disiento totalmente. El talento existe; después hay que pulirlo, claro, o resulta estéril. Según tu opinión, cualquiera podría hacer cualquier cosa con tal de echarle horas. Cualquiera podría pintar la Capilla Sixtina o esculpir la Pietá con tal de dedicarle tiempo. Eso quizá sea cierto para artes mecánicas, pero hablando de Arte con mayúsculas, no lo creo. Va más allá de la práctica; de lo contrario confundimos Arte con oficio, y el Arte no es un oficio, es justo lo contrario. ¿Crees que Mozart no nació con un don innato? ¿Crees que tuvo mucho tiempo para ejercitarse en la música cuando ya componía con 6 años?
        El talento existe, pero como digo: hay que pulirlo o resulta estéril.

        • Hola, Miguel.

          Opino lo mismo que tú. La excelencia es talento más trabajo (o práctica, como quieras decirlo).

          Un saludo literario.

        • El talento, tal y como se entiende esa noción, al estilo «Mozart», efectivamente es más mito que otra cosa.

          Obviamente hay predisposiciones naturales, como hay personas más altas mejor predispuestas para el baloncesto, pero con suficiente práctica, efectivamente uno puede estar entre los mejores de algo.

          En tareas más mecánicas, menos relacionadas con el conocimiento y el arte, probablemente son necesarias muchas menos de las famosas 10.000 horas (siempre que tengas el mejor método y el mejor entrenador) para estar entre el 10% de personas que mejor lo hacen de tu entorno, ciudad, provincia o comunidad. Estar por delante del 90% de miles y miles de personas ya es una gesta importante.

          En tareas como la escritura, lo curioso es que, probablemente, hacen falta más de esas 10.000 horas, y que estas sean de «práctica deliberada», que no es lo mismo que la práctica constante o de cualquier forma.

          Curiosamente, el ejemplo que citas, Mozart, es uno de los más que más nociones románticas tiene alrededor, probablemente amplificadas por aquella famosa película.

          Sin embargo, ha sido demostrado en repetidas ocasiones, por repetidos historiadores y un grueso de prueba importante, que el genio «natural» de Mozart era un mito. Mozart era un trabajador incansable y un ejemplo de cómo su increíble legado fue una cuestión de «nurture» que dicen los ingleses, más que de «nature».

          https://www.theguardian.com/uk/2006/jan/01/arts.music

          De todas maneras, por mucho que se desmitifique, siempre ocurre que la leyenda, como la chica de la curva, pervive una y otra vez, a pesar de estar muerta en realidad.

          La predisposición existe y hay que trabajarla, el talento como se suele entender, es más mito que otra cosa.

          • Te pongo otro ejemplo:
            Piensa en los futbolistas de élite. Todos dedican más o menos las mismas horas de entrenamiento, cuidan la alimentación de manera similar, los tiempos de descanso, reciben atenciones médicas parecidas y adiestramiento táctico… Conocido esto, ¿crees que Leo Messi no tiene un talento innato para la práctica del fútbol?

          • Cuando estamos hablando de élite mundial y de actividades físicas (que cambian completamente de lo que hablamos, porque comparamos manzanas con naranjas si ponemos rendimiento físico al lado de arte) efectivamente hay una predisposición, genética y de habilidades naturales, que cuenta. Pero incluso ahí, sólo a niveles de competición de élite.

            Eso nunca lo he negado y, de hecho, no es la primera vez que insisto activamente. Yo puedo practicar todo lo que quiera, toda una vida, que no estaré en la crema del baloncesto… porque no soy suficientemente alto.

            Genéticamente, levantadores de peso, nadadores, corredores… Podemos ver que a nivel de élite mundial, y estamos hablando del extremo radical de quiénes son los 10 mejores en un mundo de casi 8.000 millones de personas, los mejores son claramente especímenes superdotados de partida, innegable.

            ¿Qué ocurre si hablamos de escritura?

            Cuando hablamos de actividades intelectuales, donde la predisposición genética y física sale por la ventana debido a la irrelevancia (más allá de poseer una inteligencia dentro de lo normal y un culo proclive a muchas horas sentado) entonces ese principio de predisposición natural cae en influencia muchísimo más.

            Es decir, que no necesito los dos metros del baloncesto para escribir, no necesito una coordinación vista-reflejos, ni una capacidad espacial, superiores.

            Al contrario que para correr o nadar, las aptitudes de base con las que nací no tienen esa importancia. Además, estamos hablando de arte.

            En fútbol, natación y los ejemplos más vocales sobre características innatas, suelen ser actividades medibles: está claro quién es el más rápido del mundo, o qué jugadores vencen a otros en competición.

            Cuando hablamos de arte, ¿quién es «mejor»? ¿Velázquez o Picasso? No podemos establecer esa medida.

            Siempre que saco el tema digo que sí, que si nos vamos al extremo, si estamos hablando del top de la élite mundial como Messi, las diferencias de milésimas y milímetros en los que hacer el regate a otro deportista de élite, como Ronaldo, están influenciadas por esas habilidades de partida.

            Cuando no hablamos de actividades físicas, sino intelectuales o artísticas, es otro tema muy diferente. Las naranjas y las manzanas.

            Pero es que incluso en el campo de deportes, la competición y lo físico se ve claro lo que marca realmente la diferencia.

            Messi tiene una predisposición para el fútbol, eso es innegable. Pero si hubiera entrenado toda la vida en un equipo de barrio, no hubiera sido ojeado por el Barcelona y metido a los 13 años en un entorno de práctica deliberada de élite (como es la Masía, con los mejores procesos posibles de entrenamiento) Messi sería, con todo su talento, un jugador de tercera.

            O seguramente tendero, oficinista o escritor hoy día, pues ha cumplido los 30.

            La predisposición natural, sin la práctica deliberada, no es nada. Incluso en los campos en lo que cuenta.

    • A mí también me asombra su capacidad de lectura. Yo no paso de las 50 páginas diarias (a lo sumo), lo que se traduce en una media de 3-4 novelas al mes; o lo que es lo mismo, unas 35-45 al año, muy lejos de su marca. Admiro a las personas que pueden leerse 100 páginas casi del tirón. Yo para ello necesitaría de muchas horas.

      • También depende del tipo de lectura que realice uno: no es lo mismo, evidentemente, leer un libro fácil (un best-seller) que “Ulises”, de Joyce, o “El lobo estepario”, de Hermann Hesse. En el primer caso la velocidad lectora será grande o enorme mientras que en los otros dos ejemplos el esfuerzo intelectual es mucho mayor. Y también hay otra variable a tener en cuenta: el tiempo del que dispongas.

        • Y de cómo se lea. Yo, que aspiro a ser escritor, prefiero no ir muy deprisa y si tengo que leer varias veces un párrafo o analizar una frase, lo hago sin remordimientos. Recuerdo que el Quijote me llevó 5 meses a un ritmo de tres páginas diarias; eso sí, leídas varias veces. Pero por lo general, acostumbro a dedicarle hora y media o 2 horas a la lectura (excluyendo la lectura de blogs), aunque recomiendan 4 (pero claro, aún no han inventado el día de 35 horas)

          • Haces muy bien en leer despacio. Para mí es como más se saborea la lectura y la mejor forma de disfrutarla. ¿De qué serviría leer a toda pastilla si luego te pierdes la mayor parte de las ideas de un libro o una buena ración de ellas? ¿De qué serviría leer como un bólido si luego el libro no cala en ti y tú te quedas en la superficie del libro?

            Y sí, también depende de cómo se lea.

  2. Era muy admirador de este hombre, y digo “era” por que llevamos AÑOS sin tener nada editado en este pais (España)… ¿¿ se sabe el por que ??, dudo mucho que sea por que no vende.

    Saludos Mil.

  3. Hola de nuevo, Isaac.

    Yo sí creo en los consejos para escribir mejor. Aunque ello no implica, lógicamente, que todos te sirvan. Habrá algunos que te vengan bien y otros, no.

    Por otro lado, no tiene por qué conducir al desastre de forma inexorable aplicar un método que le funciona a otro autor. Tal vez salga mal, sí, pero también cabe la posibilidad de que te resulte útil. O puede que te sea conveniente (introduciendo uno o varios cambios y aplicando lo demás). Al final ya sabes que en lo básico todos los humanos somos bastante parecidos y en ciertos aspectos, idénticos. Si esto funciona en psicología, ¿por qué no habría de hacerlo en la escritura?

    Un saludo.

    • Funcionar, pueden funcionar premisas muy básicas: siéntate X horas, no te distraigas, lee a los buenos, escribe por los límites.

      Eso lo tenían en común todos los buenos escritores. Pero los métodos prácticos de cada uno, en mi opinión, son tan producto de cuestiones muy personales (y seguramente psicológicas) que es difícil que funcionen en otro, como es difícil que regalar la colonia de tu ex a tu nueva pareja funcione. Es más, probablemente acabe en desastre.

      Koontz revisa 30 veces cada página, Hemingway escribía de pie, Kerouac en una hoja interminable de papel continuo… Esos métodos particulares, más allá de los fundamentos, me da mí que son difícilmente aplicables como consejo general.

      Un saludo.

      Isaac

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