La eterna distracción

La eterna distraccion

Nuestra capacidad de centrarnos en algo con cierta profundidad (leer, hablar, escribir, quizá pensar) está en peligro de extinción. Vivimos distraídos. Whatsapps, Internet e infinidad de redes sociales rodean a la atención, como los Apaches a esos carromatos en las películas que veía de crío. Tranquilidad, que éste no va a ser otro artículo de lo terribles que son las distracciones para la escritura y para todo, ni sobre cómo puedes vencerlas en mil doscientos sencillos pasos. Ya se ha escrito mucho y mejor sobre eso.

Esto va de reflexionar y de porqués y si tiene algún valor, no será práctico, lo cual es un problema, porque lo de que las cosas no tengan un valor pragmático o monetario suena a caduco. De hecho, la conclusión de hoy será inquietante, así que procederemos a olvidarla con presteza.

No hace demasiado hablé sobre Oliver Burkeman y lo inteligente que me parece. Su cultura es vasta y sus análisis siempre hilan fino, con enfoques poco comunes, así que fue una grata sorpresa ver su firma en un artículo que me gustó y se preguntaba algo importante:

«¿Por qué vivimos siempre tan distraídos?»

La respuesta simple (y por tanto equivocada) pasa por echar las culpas al empedrado actual. Esta hiperconexión en que vivimos y que aprovecha que, biológicamente, si oímos pitar al móvil ya tenemos media cabeza pensando en quién será, en vez de ponerla toda en la persona que hay enfrente. De hecho, no hace demasiado también, leí que la mera presencia de un móvil, aunque no se usara ni tocara, empeoraba la interacción entre personas y la hacía menos profunda. Igualmente, cada dos por tres aparece por ahí esa estadística de que recibimos en una hora tanta información como alguien del siglo XIX en un año o en un mes o no me acuerdo bien porque no sé cómo se mide eso.

En ese artículo en el que Burkeman intentaba llegar al quid de la cuestión, no citaba modernos estudios, sino a Nietzsche, el filósofo de ese XIX con mucha menos información. Y es que la distracción es algo innato y humano, que ya estaba ahí en esos tiempos. Burkeman y Nietzsche dan en el clavo cuando dicen que: El problema no son los estímulos externos, sino el hecho de que buscamos todo el rato distracciones a fin de estar ocupados mentalmente. De ese modo podemos evitar las grandes cuestiones, como la de si estamos viviendo de un modo genuino y significativo, con un sentido, conscientes de lo que hacemos y nos hacen.

«Cuando estamos a solas y callados, tememos que algo sea susurrado en nuestro oído».

Friedrich Nietzsche

Puede ser ese juego tonto del móvil, puede ser el trabajo, del que el filósofo alemán decía que nos empleábamos más ardientemente de lo necesario, porque nos es más necesario no tener tiempo de pararse y pensar. «La prisa es universal, porque todo el mundo está huyendo de sí mismo», afirmó.

Voy a repetir lo último porque he ahí lo importante que procederemos a olvidar en las próximas horas para que no nos aplaste.

«Porque todo el mundo está huyendo de sí mismo».

Friedrich Nietzsche

A esto se une el motivo que subyace en todas y cada una de las cosas que hacemos o dejamos de hacer: el temor. Afrontar esa clase de preguntas o detenernos un momento a pensar, da miedo. ¿Y si no estamos donde queremos? ¿Y si ese éxito que nos vendieron no es tal? ¿Y si nos equivocamos de vida y no vemos otro camino mejor?

Distraerse cierra los circuitos y las preguntas no pueden entrar. El trabajo, la televisión, el móvil o Internet, armas de distracción masiva, nos permiten llenar el hueco que llevamos dentro y no dejar sitio a que otras cosas repten hasta ahí.

También lo saben otros, que bien lo usan para que no seamos capaces de pensar y ellos puedan seguir ahí arriba, meándonos y diciendo que llueve. El otro día dije en Twitter que vivo con miedo de saber qué significan muchos trending topics, irrelevancias tras las que corremos, intentando dejarnos atrás en esa huida.

Y por eso vivimos distraídos, el móvil o la red son sólo amplificadores de algo que llevamos siempre dentro. Muchos han hablado de la necesidad de aburrirse o la necesidad de rutinas para que afloren la creatividad y las cosas importantes, como el coraje de afrontar si estamos en la dirección correcta, antes de que sea tarde. Pero a esas nociones se les ningunea, se dice que son de aburridos. Mejor un montón de gritos, ocupaciones o chistes malos en una pantalla, que por un segundo, al menos un segundo, nos impidan oír ese susurro.

¿Tengo alguna buena noticia? Buena no sé, pero en esto, como en todo, ser conscientes de que algo existe (en vez de evitarlo o negarlo) nos hace un poco más libres ante él y pierde parte de su poder para atemorizarnos. Asusta el silencio y estar a solas con nosotros mismos. Los susurros que decía Nietzsche siguen siendo temibles, pero no tanto si los miras de frente.

Saber esto no arregla nada de por sí, ni nos da respuestas (no creo ni que las haya), pero al menos comprendemos un poco mejor ese ansia por llenar vacíos y, como sea, distraerse y no pensar.

Imagen: Japanexperterna.se

8 responses

  1. Sin palabras…?
    El silencio siempre ha dado miedo al ser humano, por eso desde el principio lo llenó con el crepitar de una hoguera, con una historia contada en familia, con canciones y música…
    Ahora es la tele, el móvil…
    El miedo sigue siendo el mismo, lo que ha aumentado, creo yo, es la soledad.
    Menos mal que se inventó la cerveza con los amigos para replantearse la vida (cuando ya se llevan unas cuantas) y arreglar el mundo.

  2. Joshua Rothman llegó a conclusiones muy similares en su artículo sobre distracción para el New Yorker (http://www.gabriellaliteraria.com/sentarse-a-escribir/). Si tienes por ahí el enlace al artículo de Burkeman (no lo he visto en el post), me encantaría leerlo 🙂

    No sé quién dijo “distraction is boredom, boredom is distraction”, pero para mí es un mantra. Si te distraes, igual es que estás aburrido; si te aburres, es que no tienes el enfoque donde debes.

    Muy buen artículo, como siempre. ¡Y gracias por la mención!
    G.

  3. Si durante el resto del año andamos medio distraídos, ahora en verano vamos como “zombies”, distraídos del todo. Hasta el punto de que parece que los únicos seres conscientes son los camareros de las terrazas y de los chiringuitos de playa. En fin, un buena artículo, Isaac, para sacarnos momentáneamente, de nuestra distraída existencia.

  4. gran post! 😉

    “Porque todo el mundo está huyendo de sí mismo”.
    pues yo huyo de mi mismo hasta niveles preocupantes ^^. ese susurro que nos atormenta me lo conozco de memoria; de hecho, generalmente no lo evito, me he acostumbrado a vivir con él; sólo de vez en cuando, y efectivamente, también por aburrimiento; aburrimiento y ansiedad (supongo que la ansiedad viene del miedo). yo al menos hace 6 años que no tengo tele ^^. he de decir a mi favor, que tengo a raya a todos mis fantasmas. salvo a un par. a esos les tengo mucho miedo. quizás por ello trato de huir de mi mismo hasta niveles preocupantes y paso más tiempo de lo debido -muchas veces infructuosamente- en las redes sociales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *