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La falsa paradoja entre cantidad y calidad

Buena semana entre hackeos varios y el tremendo atasco de páginas del proyecto Escribir mejor, cuya fecha de salida es la zanahoria atada al palo. A propósito de ese proyecto, aunque el título sea Escribir mejor está enfocado, principalmente, a «escribir más».

Se tratan temas de todo tipo en sus páginas, como ya hice el año pasado, pero hay un hilo que une buena parte del libro y se enfoca en cómo tener más palabras al final del día.

No me gusta hablar de cosas no terminadas, principalmente porque todo el mundo (yo el que más) tiene la opinión en la recámara, presta a salir, aunque no exista siquiera aquello sobre lo que opinan y por tanto sea imposible hacerlo pero, ¿qué importan esos detalles?

Cuando he cometido el error de no callarme, algo habitual en mí, he recibido de refilón el comentario sobre la supuesta paradoja que componen escribir mejor y escribir más.

Pero es que no hay paradoja alguna, es falsa, no es incompatible una cosa con la otra, sino todo lo contrario. Son elementos necesarios el uno para el otro. De hecho, no me resulta raro que quienes me lo han hecho no se dediquen a la escritura. Como mucho, alguno la tiene como un hobby que se desarrolla más en su cabeza que en la realidad.

Así que, como preventivo de más comentarios, hay un capítulo breve al principio del libro. Este capítulo:

La falsa paradoja entre cantidad y calidad

Este es un tema que ya traté en Escribir bien pero, como suele ser mal comprendido, especialmente entre quienes no se dedican a la escritura de manera habitual o profesional, conviene retomarlo brevemente.

En un libro titulado Escribir mejor, ¿no es una paradoja dedicar una gran parte a escribir más? ¿A multiplicar las palabras sobre las que te sentarás cada día?

Para nada. De hecho, es al contrario. Si quieres escribir mejor, entonces, necesariamente, has de escribir mucho más.

Porque, como ya decía en Escribir bien, la cantidad es lo que te hará bueno. Cito brevemente:

Si quieres escribir bien has de ser muy prolífico, escribir todo lo que puedas, generar cuantas más palabras, mejor. ¿No es eso ir en contra de la labor de artesano que se predica aquí? No. Si quieres tener calidad has de tener, necesariamente, cantidad.

Rudyard Kipling, en 1890, escribió: «Cuatro quintas partes del trabajo de todo el mundo debe ser malo. Pero el resto merece la pena a pesar de todos los problemas que haya causado». O lo que es lo mismo, traducido en términos más modernos por Theodore Sturgeon: «El 90% de lo que existe es basura».

Esa llamada «Ley de Sturgeon» tiene toda la razón. En todos los campos, el 90% de lo que existe es basura. Mira las noticias, mira los estantes de una librería, mira a todos esos clones del libro de moda con la portada idéntica y, por supuesto, su estúpida faja roja.

Por eso, si queremos un buen 10% que no sea basura, uno que merezca la pena en una cantidad apreciable, necesariamente tenemos que escribir mucho. Porque si sólo escribimos 10 cosas, tendremos 1 que merecerá la pena, pero si escribimos 100, con ese poco de suerte que hace falta para todo, tendremos 10 escritos a los que no querremos quemar.

Por eso, la supuesta dicotomía enfrentada entre cantidad y calidad no existe. Quienes creen en ella viven en la ilusión del artista genio, que se pasa la tarde pensando para finalmente clavar una frase perfecta en medio de la diana.

Cualquiera que se haya dedicado mínimamente a la escritura sabe desde muy pronto que esto no funciona así. Porque la cuestión es: no hay manera de acortar el camino, pero sí de llegar un poco antes escribiendo mucho. Por eso, tener la capacidad de escribir más palabras cada vez que te sientes es, precisamente, lo que te va a llevar a ser mejor.

La escritura, como veremos en otro capítulo, es un arte basado en la iteración, en la reescritura. Por eso, la cantidad es lo que, tarde o temprano, hará aflorar alguna gema de entre todo el barro.

Los métodos que vamos a ver para escribir más palabras por sesión de escritura no tienen como objetivo dar por buenas todas las frases volcadas y convertirnos en una horrible fábrica de churros. Si escribes y lees «por la frontera de las cosas» (otro de los conceptos importantes de los que ya hablé en Escribir bien), escribir más significará que tendrás más barro con el que moldear algo bueno tras sesiones de reescritura. Y, sobre todo, significa que tendrás un montón de hábito y práctica deliberada a tus espaldas, que es lo que te hará mejor.

Aquellos que apunten a tener mil palabras al día seguramente no las tendrán y no pasa nada, se quedarán en quinientas o puede que cien. Pero aquellos que apunten a la palabra perfecta, a dos párrafos maestros, no van a tener nada, excepto excusas de aficionado como esa falsa confrontación entre cantidad y calidad.

La realidad es que hay una enorme cantidad de palabras que se interponen entre algo decente y tú. Y es un camino sin atajos, así que más vale empezar a recorrer todas esas palabras que tienes delante, para ponerlas detrás de ti.

Porque si escribes mucho, y en el viaje te acompañan libros buenos y una mentalidad curiosa que te moldea y te incita a caminar por donde no lo has hecho antes, te harás mejor.

A la perfección se llega por la repetición y el tiempo es limitado. Por eso, este es mi humilde intento de que ese tiempo cuente un poco más y mejor. Al menos, esa es mi meta personal, lograda menos veces de las que desearía.

Todo escritor de verdad comprende que debe estar hecho de un millón de palabras malas, no sé qué estamos esperando para pagar ese tributo.

Así que vamos a empezar en el siguiente capítulo con la primera pieza de nuestro puzzle para escribir más. Probablemente no es la que esperas y algunas nociones que vamos a ver causarán incredulidad. Está bien, las personas somos así, no nos gusta pensar que somos como el resto o que no controlamos nuestra voluntad tanto como creemos, dos premisas fundamentales en este libro.

Pero nuestros sentimientos no le importan a la vida ni la escritura.

Lo que hay a continuación es lo que funciona y el pragmatismo no entiende de otra cosa que no sean los resultados.

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