La historia bajo la falda de la historia

la falda de la historia

¿Qué puedo decir? Siempre que me ha gustado algo, he intentado ver que había detrás, debajo, mejor. «¿Qué tienes dentro? Prometo con dos dedos cruzados no romperte al tocar».

Seguro que hay una historia tras la historia, pienso cuando es lo bastante buena. Seguro que hay muchas.

Todo viene, como siempre, de lejos. ¿Cuál era el truco de aquellos magos del sábado por la tarde hace tanto ya? Sigfried & Roy, David Copperfield… Internet era un sueño, las respuestas quedaban en el aire y yo imaginaba posibilidades, en compañía de la despreocupación por el día siguiente.

Eso sí era magia.

Ahora atravieso el ecuador de Los restos del día de Ishiguro y compruebo que esa manía vive más joven y fuerte que yo. No tengo que imaginar nada ya, la red ya es más pesadilla que sueño, pero te da lo que sepas buscar bien.

Leo que el grueso de Los restos del día se gestó en apenas cuatro semanas. Ishiguro limpió su agenda sin misericordia, para adentrarse en lo que llamó un Crash. En él no hizo nada, excepto escribir de 9 de la mañana a 10:30 de la noche, de lunes a sábado.

Una hora para comer, dos para cenar, esas eran las concesiones de la tregua a la vida real. El teléfono bien lejos, las obligaciones (como aquellos sábados por la tarde) también.

Nadie visitaba la casa y había establecido un pacto con Lorna, su mujer, por el cual ella haría su parte de las obligaciones de la casa durante esas cuatro semanas.

¿El objetivo de esta locura? (resulta que la gente se pone uno).

No sólo completar la obra, sino también: «Alcanzar un estado mental en el que mi mundo de ficción fuera más real que el real».

Esa era al menos la esperanza, a la obra maestra por la obsesión y la esquizofrenia «controlada».

Toda buena historia tiene más de un nivel, más de lo que parece. A la luz de las que hay detrás, surgen nuevas posibilidades, otras narrativas con las que consigues no ver lo mismo de igual manera.

Fascinante. Atractivo en cierto modo, no lo negaré, cosas que apuntar en una libreta por si acaso.

Me voy a seguir leyendo.

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