La historia que hay tras la historia de mi próxima novela

Los que me han leído sabrán que uno de mis pasatiempos favoritos es el de hacer referencias en mis historias, más o menos ocultas, a cosas que me interesan.

Algunas son obvias (canciones, por ejemplo) y otras son bastante más oscuras, ligadas a mi mitología particular.

Dentro de esos entretenimientos personales también está el de los “cameos” de unos personajes en las historias de otros. No lo suelo hacer tanto, pero es otra de esas “meta-diversiones” que me doy cuando cuento historias.

A partir de uno de esos “cameos” nació la idea de mi próxima novela: “En la noche del Fin del Mundo”, donde sucede la historia no contada de Eric (protagonista de “Las risas tras los edificios bonitos“) y Cruz (protagonista de “7 días“).

Originalmente, en las “Risas tras los Edificios Bonitos“, Eric y Cruz se encontraban. Sucedía en el capítulo titulado: “Otra ronda y vuelta a empezar“, donde Eric acude a “La Luna“, uno de sus locales favoritos, tras visitar la casa de Laura y enterarse de algo no demasiado agradable.

Que levante la mano quien se haya sorprendido de que ambos personajes se tropezaran en un bar.

¿Nadie?

Bien, prosigamos.

Ya tenía en mente el personaje de Cruz por aquel entonces, así como la trama general de “7 días“, de modo que se me ocurrió que Cruz abriera su enorme bocaza en la historia, a ver qué sucedía, quizá incluso fuera una buena idea.

No lo fue.

Se pareció más a llevar a ese amigo a una fiesta en la que acaba avergonzándote delante de cada chica, se cuelga borracho de la lámpara y acaba destrozando la casa, probablemente en ropa interior.

En mis historias los personajes toman vida propia. Puedo tener pensado el guión principal de lo que va a ocurrir, pero lo cierto es que son los personajes y sus reacciones, coherentes con la situación, las que acaban marcándome la dirección, una que al principio ni planteaba en muchas ocasiones (ahora ya lo sabe, casi siempre mis personajes me escriben a mí y a mi historia).

¿Ha echado un vistazo a “7 días“?

La enorme boca de Cruz no se puede estar callada, pide el foco todo el rato, hace cosas para llamar la atención como esos críos insoportables y no tiene ningún reparo en coger al personaje principal de tu historia y…

Bueno, baste decir que introducir a Cruz desencadenaba demasiados hechos, abría demasiadas puertas (a las que luego no iba a entrar) y distraía enormemente del argumento principal.

Las subtramas son las especias que dan ese toque de perfección al guiso, que es la historia principal, son tentadoras porque añaden profundidad y nuevos matices, pero si echas demasiadas al final el plato principal tiene un sabor indefinido, arruinado y difícil de recordar.

No quería que pasara eso en una trama ya compleja de por sí, como es el caso de las “Risas“, así que Cruz salió por la puerta de “La Luna” un par de segundos antes de que por ella entrara Eric.

Sin embargo algunas de las ideas se quedaron rondando por mi mente (y delineadas en los borradores de “Las Risas…” que se quedaron fuera).

A partir de ahí pensé en contar el encuentro de Cruz y Eric en un relato, me apetecía, era algo hecho por pura diversión propia, así que cambié el contexto, el tiempo y añadí algunos detalles…

Y fue como meter dos gallos en una jaula para pitufos.

Cuando la nube de polvo y plumas comenzó a aposentarse, aquello se fue convirtiendo en un relato largo, que sin embargo tampoco tenía paredes tan grandes como para contener los egos de ambos, así que las derribé y la cosa terminó en novela corta.

Porque Cruz no se calla y Eric no se puede estar parado, así que ambos pronto correrán bajo la luz extraña de la última noche del mundo…

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