La inevitabilidad de los idiotas

La inevitabilidad de los idiotas

Escribir y publicar inspiran un miedo de la peor clase, uno que no se pasa con los años ni la costumbre. Escribir y publicar inspiran el miedo a exponerse y es un miedo legítimo, no sólo por la posibilidad de éxito o fracaso (que tanto terror nos da una cosa como la otra, se quiera admitir o no) sino por otro hecho inevitable.

Siempre habrá un idiota.

Una verdad universal donde las haya porque la vida, igual que tiene un suministro ilimitado de pequeñas decepciones, también parece tener un saco sin fondo lleno de idiotas que se cruzarán en tu camino. El hábitat natural de esos seres suele ser el sofá, el móvil y la incapacidad de hacer algo por sí mismos.

Y no estoy hablando del hecho de que puedes hacer algo, abrirte en canal, dar lo mejor que tengas y que salga mal. Eso, simplemente, se llama vivir. Estoy hablando del proverbial idiota al que atraerás independientemente de cómo lo hagas, porque eso es lo que hace la luz con las polillas.

Al viejo dicho de que no es posible librarse de la muerte o los impuestos le falta el idiota como vértice de la trinidad.

Siempre habrá uno (varios, probablemente) que te señale el detalle, que se fije en el árbol y no en el bosque, que no tenga empatía y que muestre su pequeñez intentando parecer más grande con la siega de la hierba bajo tus pies. Es así porque la otra opción, hacer algo él, cuesta trabajo. Y si alguna vez el idiota piensa en crear, no se expondrá porque sabe que el mundo está lleno de gente como él.

Por supuesto y por definición, el idiota no es consciente de que lo es. Él cree que reparte sabiduría y hace un favor, que lo haría mejor que todos esos que ve que terminan cosas. El idiota vive pensando que, si se hubiera puesto en serio, también lo habría conseguido, y mejor que todos esos que «no lo merecen», lo que pasa es que «no quiso ponerse».

Si tuviera un euro por cada vez que he oído eso…

¿Qué hacer con los idiotas? No sé, ¿nada? Eso es lo único y lo mejor. ¿Qué se puede hacer con el tiempo o los impuestos? Nada tampoco, todas esas cosas forman parte natural de la vida.

Siempre habrá un idiota presto a mirar el dedo y no la luna que señala y no pasa nada, el problema es de ellos y George Herbert tenía razón cuando dijo, entre verso y verso, que la mejor venganza en esos casos (probablemente en todos los casos) es una vida bien vivida. Teniendo en cuenta que habremos gastado la mitad cuando empecemos a darnos cuenta de qué va este juego, no perder tiempo con los idiotas se vuelve un acto fundamental, porque ante todo buscan atención y es demasiado valiosa como para concederla a quien no amas, no enseña o al menos no es tonto perdido.

Hace mucho tiempo leí a alguien que, dada su gran audiencia, recibía día sí y día también el recordatorio de la inevitabilidad de los idiotas. En esos casos, ni se molestaba en terminar de leer el mensaje, pulsaba borrar y entonaba un: «Esta debe ser la persona más imbécil con la que me he cruzado hoy».

Alegaba que le sentaba mejor que cualquier otra cosa, que ya estaba bien de gastar energía y hacer caso a quien no se atreve, a los que vienen a poner sus manos grasientas en lo que has hecho porque, en realidad, ellos no tienen nada a lo que agarrarse y por eso tiran de otros, hundiéndolos hacia el fondo.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

10 Comments

  • Jon

    Es como quejarse de la lluvia, es parte de todo esto, y a veces te jodes si te pilla sin paragüas, pero bueno, mojarse tampoco es tan grave, ya te secarás o te cambiarás de ropa, o simplemente te darás cuenta que en realidad no pasa nada por que te caiga un chaparrón de vez en cuando. Soportar a un idiota puede parecer una situación desesperada, pero no es grave.

  • Jordi

    No es sólo lo que dices, sino cómo lo dices. ¡Grandioso!
    Mil gracias por la entrada y saludos de un nuevo subscriptor .

  • Sergio

    …lo que me recuerda a las comunidades de vecinos.
    En su momento tuve que decidir entre ir a vivir a una casa aislada o a un adosado. Enseguida pensé que, en todos los sitios en los que me ha tocado vivir, hay un imbécil. En el adosado lo iba a tener localizado a la primera (y «su» imbécil, también iba a estar bien localizado). Elegí la casa.

    Aun así, lo de estos imbéciles (no los de las comunidades de vecinos), no es mala señal. Significa que hablan de/contra uno, aunque sea mal.

  • Alberto

    Hola, Isaac.

    Una vez leí en un libro o artículo de psicología que no se debería decir «Ese tío es un idiota» porque puede serlo en un aspecto y en otros, no, es decir, tal vez lo sea respecto a esa cuestión que censuramos, pero en otros planos de la existencia no lo sea. ¿Tú que crees? La verdad es que nadie, que yo sepa, hila tan fino en la vida cotidiana.

    Un saludo literario y suerte. Desde Oviedo.

Responder a Jordi Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *