La inspiración no existe

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Por alguna extraña razón, una chica de 15 años fue tan atrevida como para preguntarme algo sobre escritura, y eso después de leer las cosas que digo aquí.

Pero lo que más me fascinó de ese hecho fue que, no mucho después y a raíz de aquello, otra chica, esta vez de 16 años, me escribió también y terminó su mensaje así:

Ahora, te hago una pregunta, no con la intención de pedir consejos, sino por pura curiosidad: ¿Qué haces cuando la inspiracion se te pierde?

Por fin se me empieza a cumplir el sueño de ser un escritor serio y mi correo el consultorio de la Super Pop (que acabo de ver que todavía existe, arrancando la última fibra de esperanza por la humanidad que me quedaba).

La cuestión es que cuando oigo el tema de la inspiración se me suele abrir un poco la misma úlcera que cuando escucho lo de la pasión. Por eso esta fue mi respuesta.

La inspiración es un mito caprichoso, ningún escritor de verdad confió en ella nunca ni le dio las riendas de lo que escribía. Se sentaba cada día y unas veces la inspiración va a venir y otras (muchas) no. Es así. Cuando esto ocurre muchas veces reescribo cosas antiguas, puliéndolas (escribir es reescribir) obviamente siempre surgen cosas nuevas y «mejoras». Y si no, da igual, cuento cualquier cosa, lo que sea, porque lo más importante es empezar. Muchas veces rompo el dique inicial y lo que cuento toma su propio rumbo.

Ojalá tuviera un remedio mágico, pero no. Lo cierto es que no los hay para una inspiración seca y no voy a pretender que existen. Lo que existen son esos días, la mayoría, en los que vas a escribir basura (iba a decir mierda, pero no quiero ser desconsiderado).

Si no se te ocurre nada, vuelca una emoción, una experiencia propia que lleves dentro y un día te dolió de veras, y dásela a un personaje o a una historia, cambia los detalles o el entorno, cambia el final, cambia lo que ocurrió por algo peor o algo bueno. Sacar lo que llevas dentro hará auténtica a tu escritura, con capas y profundidad, pero no tomes mi palabra como verdad, haz caso a alguien mucho más sabio que yo, el gran Scott Fitzgerald y su propia carta a un joven escritor.

Lo que dice ahí no tiene precio.

Quizá alguno se habrá dado cuenta de que he hecho un enorme avance en mi interacción con otros, dejando de hablar de usted a alguien con 16 años.

No creo mucho en la inspiración. Me recorrí unos cuantos kilómetros para ver en persona el cuestionario de William Yeats en Dublín, para leer en él, confirmando mi sospecha no muy secreta, que se sentaba todos los días a trabajar, inspiración mediante o no.

No sé ni si algo tan etéreo como el concepto de inspiración existe, pero aunque sea así, no es importante al lado de la fea y fiel perseverancia.

Daniel Kahnemman es un Nobel de Economía que se ha dedicado a desentrañar, entre otras cosas, cómo pensamos. En su recomendable libro Thinking fast and slow habla de dos tipos de pensamiento, uno heurístico, instintivo y rápido, y otro racional, meditado y lento.

En los primeros instantes de algo se dispara el heurístico, el controlado por los sesgos cognitivos. Muchas veces da una respuesta rápida y nos cuesta escapar de ella, pensar a fondo, ahora más que nunca debido a las enormes distracciones que nos rodean.

Es necesario escapar de esas primeras respuestas para que se nos ocurran cosas buenas, y eso se hace insistiendo y negándonos a aceptar esa primera respuesta como única o verdadera.

El arte de perseverar no es atractivo, no queda bien en las películas cuando se retrata al artista. Pero sucede que si uno no cede a ese primer pensamiento, ese que cuando escribes suele ser: «Hoy estoy seco, no se me ocurre nada», entra en acción ese otro pensamiento lento, se despereza, se toma un café, mira con ojeras lo que estamos escribiendo y, efectivamente, piensa que tenemos razón, es una mierda. Pero entonces empieza a ver un patrón, esa mierda dispara una idea, esa idea enciende otra chispa…

En mi experiencia, si uno persevera empezando y escribiendo, por malo y poco inspirado que sea, muchas veces acaba saliendo algo. No digo que sea bueno, pero sí algo, que es lo que importa.

La veracidad de Hemingway

¿Quién soy yo para hablar de emociones en la respuesta? Nadie, es obvio, pero soy el que cita a Fitzgerald y Fitzgerald es un maestro como puede ver alguien con medio cerebro que haya leído Winter dreams o Babylon revisited. Y en mi respuesta no hice más que de eco para su propia carta porque tiene toda la puta maldita razón.

La veracidad, que decía su amigo Hemingway y sobre la que insistía a la hora de definir la buena escritura, no se refiere a narrar cosas que hayan sucedido y como hayan sucedido. La veracidad se refiere a ser verdadero a la hora de expresar cosas, esas cosas intangibles que llevamos dentro y nos unen.

Esa veracidad conecta con el otro, ese otro se reconoce en nosotros y lo que contamos, no por los hechos externos, sino por la emoción que corre por debajo, que podemos invocar si lo hacemos con veracidad y un estilo decente.

Eso se pierde cuando intentas recrear la misma tontería que hemos visto en mil series y películas de policías, de espías, vampiros o lo que sea. Esa narración de tercera mano, exenta de veracidad interna, llena de temas y artificios de los que no sabemos nada (ahora me saldrá el que fue de la CIA en los comentarios) es una mierda vacía que se ve a la legua y necesita de trucos, hechos supuestamente impactantes y giros de telenovela para que el otro tenga un mínimo de interés y que, por favor, no se vaya de nuestro libro en este mundo transmedia lleno de estímulos.

Puag.

Coge una emoción veraz, cuéntala, modifícala, añade sal, eleva un espejo ante el lector y que se vea ahí, si consigues eso conectarás. Y esa clase de cosas viven dentro de nosotros, podemos mirar (si nos atrevemos) y contarlo (si nos atrevemos) tenemos una fuente de inspiración en las tripas que se nos remueven, no necesitamos musas ni seres etéreos de otros planos.

No confíes en la inspiración, otro mito, siéntate como sea y no te levantes en una hora como mínimo, o en unas cuantas mejor. Y unas veces será una frase y otras un torrente una vez que empieces. Empezar es lo más difícil, pero en serio que luego la historia suele tomar vida, al menos en mi experiencia.

8 responses

  1. ¡¡Olé tú, OLÉ TÚ!!!

    Si existiera la inspiración, solamente podría aparecer cuando estás currando con toda la energía puesta en ello.

    Me ha encantado, Isaac, como siempre.

    • La inspiración es un poco como las ideas, sin trabajo, no sirve de nada y en este caso no suele aparecer, no de manera habitual, que es lo que necesita un escritor que quiere ser más que un sencillo aficionado. Lo cual está también muy bien si ese es nuestro objetivo.

  2. Totalmente de acuerdo (como siempre). Nada como poner el culo en la silla, incluso esos días en los que dices “es que no quiero ni abrir el archivo”. Algo mágico pasa cuando empiezas a escribir por escribir, todo pura porquería, hasta que el músculo se calienta y eres capaz de hilar alguna frase digna de no ser borrada más adelante. Y una hora después, cuando ya echas humo, revisas esa porquería que has escrito al principio y oye, ¡tachán!, se convierte en algo pasable.
    Yo añadiría un hábito para llamar a esa supuesta “inspiración”: empieza a escribir todos los días a la misma hora. La mía es después de desayunar y he conseguido que el simple olor a café me haga pensar en lo que voy a escribir ese día. Qué cosas tiene la cabeza si sabes utilizarla.

  3. Hola.
    Highlights:

    “escribir es reescribir”
    gran y alentadora verdad ^^

    “eleva un espejo ante el lector y que se vea ahí”
    pero y si eres muy raro?? con esa veracidad, con esa emoción que corre por debajo sólo se sentirán identificados (aunque quizás mucho) unos pocos (o no muchos). pero si haces todos los giros y artificios se identificará mucha más gente (simple), a la que le funciona la publicidad y las banalidades, que al final son la mayoría. está claro que hay un término medio entre llegar sólo a los deep frikis y llegar al vulgo en general, pero dónde está ese límite?

    yo soy partidario de contar lo que siento y a mi modo, pero si el castigo es una novela condenada al más severo ostracismo, no sé si merece la pena.

    en cualquier caso, yo tendría que haberte leído hace 10 o 20 años :p

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