La mala literatura es una cuestión de inseguridad

inseguridad

Hace un tiempo puse el pie encima de los gustos con el hecho de que sí, de que claro que hay libros malos, como hay canciones de reggaeton y esculturas horrendas.

Crepúsculos, Greys, copias de Tolkien y Vaticanos varios… Argumentos copiados de series, imaginería calcada del cine, todo salteado con la moda pasajera del momento sobre tipos de personajes, orientaciones o prácticas sexuales…

En definitiva, tópicos por doquier y un estilo (o ausencia de él) de adolescente poseído por el espíritu de la fan-fiction.

¿Por qué se hacen esta clase de obras?

Para empezar, porque cada uno tiene dentro lo que le da la gana y todo el derecho a escribirlo y leerlo, lo cual está muy bien. Pero hoy esto va de la inseguridad del escritor y cómo, a veces, es la semilla de una parte de esa mala literatura.

¿A qué me estoy refiriendo?

A que hay una inseguridad en el escritor que cree que, si saca lo que tiene dentro de la forma más pura posible (no se puede, pero vale la pena intentarlo) lo que tiene que contar y su estilo no serán suficientes para mantener la atención del lector.

Así pues, con la inseguridad de pensar que lo que llevas dentro no es bastante bueno, empiezas a pensar en qué querrán tus lectores, qué «vende» ahora, qué triunfa en la televisión o qué cinco trucos recomiendan en Internet para «crear adicción».

Además oyes todo el rato que el ocio ha cambiado, que la atención del lector es cada vez menor y la literatura debe ser transmedia (o algún concepto que suena igual de tonto).

Y piensas en todo eso de manera inconsciente, sin detectar que influye más de lo que crees.

Así que, con ese temor a aburrir que te susurra la inseguridad, «tienes que» meter una escena de acción, un asesinato, sexo cada trece páginas o un cliffhanger como en esas series de éxito, porque «ya se sabe» que el lector de hoy no es como el de antes y no va a apreciar la buena literatura. Esa ha muerto, como muere todo cien veces al mes según un puñado de artículos tan malos como los libros que comentaba.

Desde luego, hay una parte de razón.

Si no supeditas lo que tienes dentro a «estudios de mercado» inservibles, opiniones de «lectores cero» que no te convienen o trucos para «mantener la atención y atrapar», no vas a gustar a ese lector arquetípico de Dan Brown que, si se cruza con tu libro, procederá a machacarte porque eres aburrido, no entiende un carajo, tu historia «no va de nada» y además (cómo se te ocurre) has metido una frase anidada o incluso larga, ¡y casi se le despereza una neurona del esfuerzo!

Pero si de verdad quieres crear algo que perdure y pase el test del tiempo, no seguirás esos caminos ni trucos, no frecuentarás lo mismo que el resto. Al fin y al cabo es imposible hacer algo importante viviendo en el punto medio de las cosas.

Si cedes a la inseguridad y mediatizas tu escritura a todo eso, tarde o temprano te preguntarás qué mierdas haces escribiendo tonterías, cuando tienes tan poco tiempo para contar lo que tienes dentro y como lo sientes dentro.

Quizá cuando por fin te atrevas a hacerlo conectes con alguien y lo hagas profundamente, aunque seguramente fracasarás en el intento, ese es el destino de la enorme mayoría de los que escribimos.

La inseguridad es una enemiga muy sibilina que se manifiesta de muchas formas.

No hace mucho conversaba con otro escritor que sentía que lo que contaba le aburría hasta él. Yo mismo pienso muchas veces tras terminar algo que no me queda nada más que escribir, a otros les pasan otras muchas cosas de similar calado.

Esa es la parte positiva de la inseguridad de escritor y, aunque no lo parezca, es buena señal. Es la que conecta con el síndrome del impostor, la que ha compartido cada maestro, lo reconozca o no. Dudas de tu escritura de la forma correcta y eso te hará mejor, porque si no dudas así, pasas al otro extremo: Creer que todo lo haces bien y que lo que escribes es maravilloso y no necesita revisión ni esfuerzo.

Es la seguridad falsa del ignorante, porque ya lo decía Hawking: el mayor peligro del conocimiento no es la ignorancia, sino la ilusión de conocimiento.

Pero ese es tema para otro día.

Comparte si te ha gustado

12 responses

  1. Ojalá y todos los escritores que publican esa clase de libros tuvieran dentro de ellos el deseo inherente de revolucionar sus géneros. Pero creo, con el mayor de los temores a estar seguro, que la gran mayoría de ellos de verdad cree que está revolucionando el género, o que solo lanzan sus obras porque vieron la primera oportunidad.

    • Ahí tienes toda la razón. La inseguridad no explica un buen puñado de libros malos, pero mi intención es resonar con aquellos que han sentido esa clase de inseguridad. Los que los hacen porque creen que revolucionan el género con clichés no me interesan 😛

  2. En primer lugar, me gustaría felicitarte por el excelente libro “Escribir bien: o cómo fracasar mejor en el arte de la escritura” que acabo de leer y que he disfrutado mucho como lector y escritor aficionado. Estoy de acuerdo en casi todo lo que cuentas, salvo en una idea principal subyacente que encuentro presente también en este post.

    Esa idea tiene que ver con el supuesto misticismo y aura de la profesión de escritor, que yo no comparto. De hecho, he podido comprobar como otras profesiones también tienen esa visión “superior” acerca de sí mismas: los actores creen que son especiales, diferentes al resto; los diseñadores también lo creen (basta haber convivido más de un mes con empleados de Fjord); los arquitectos; los programadores; los ingenieros… Hasta la existencia y popularización de la expresión “bloqueo del escritor” me parece absurda. ¿Por qué no se habla del “bloqueo del electricista”? Todos los oficios, creativos o no creativos, tienen obstáculos que necesitan ser superados para completar las tareas, es lo normal. De hecho, casi todos los trabajos no artísticos también necesitan de la resolución creativa de problemas.

    Todo lo anterior enlaza con la idea mística de la “literatura” y la distinción entre aquello que lo es y aquello que no merece llamarse así. Según la RAE la literatura es el “arte de la expresión verbal”, por lo que hay que conceder que hay textos (o discursos) con más nivel artístico, otros con menos nivel artístico, y otros sin ningún valor artístico, donde el texto es meramente funcional, sólo se limita a transmitir un mensaje. Hasta ahí estoy de acuerdo. Lo que no comparto es la igualdad “buen libro” = “literatura” = “alto nivel artístico”. Muchos de los libros que más me gustan, como “1984” o “Un mundo feliz”, no cumplen esa ecuación. No apuestan por el estilo sino por el contenido, y para mí SON literatura.

    Simplificando muchísimo, si un libro es estilo+contenido, lo que critico es que se valore mucho más el primer elemento que el segundo, cuando para mí, subjetivamente, es justo al revés, yo les daría un peso de 30% y 70% (asumiendo el texto ha pasado por un editor, no tiene faltas de redacción, etc.). Pongamos dos casos extremos: Rayuela vs. El Código Da Vinci. Como dos posiciones opuestas de un ecualizador. Rayuela prioriza el estilo y abandona el contenido. Tiene frases, párrafos y páginas que te hacen llorar de emoción de lo bien escritas que están. Sin embargo, su contenido es infumable; yo no he sido capaz de acabármela nunca entera, en varios intentos. El Código Da Vinci, por el contrario, renuncia a cualquier pretensión artística y sólo apuesta por mostrar contenido muy interesante (para mucha gente), con los consabidos trucos de los cliffhangers, etc. Yo empecé a leerlo y lo acabé en dos días. ¿Por qué al segundo no se le reconoce ningún mérito como libro? Volviendo a la definición de la RAE, ¿qué “expresión verbal” tiene más valor: una a la que el oyente/lector presta total atención y consume con avidez, o una que le hace abandonar a las pocas páginas por aburrimiento?

    Por supuesto estoy haciendo de abogado del diablo, pero siempre me ha molestado el desprecio por los best-sellers como literatura no legítima: algo estarán haciendo bien cuando “llegan” a tanta gente, ¿no? Algo podemos aprender de ellos en su éxito con la comunicación, y la transmisión de un contenido que resulta de interés, ¿no?

    • Hola, Pablo, y muchas gracias por tus buenas palabras sobre Escribir bien, de veras.

      Estamos de acuerdo en una cosa, aunque no lo parezca, en realidad yo le quito precisamente todo ese misticismo y superioridad al oficio de escritor. Somos unos muertos de hambre con un ego más grande que nosotros, algo que repito a menudo. Yo mismo no me junto con otros escritores porque no soporto las tertulias donde se comienzan a hablar los temas que comentas. Resulta infumable escuchar a muchos escritores hablar de su arte con esa superioridad, cuando en realidad sólo somos eternos estudiantes sin idea de nada.

      Cada mito (falso y pomposo) de la escritura lo intento pisotear y 1984 es una obra maestra, uno de mis 10 libros favoritos sin ninguna duda. El estilo de Orwell es sublime, magistral y casi perfecto, daría el brazo con el que no escribo por que el mío fuera sólo una parte del suyo. Y su estilo magistral nada tiene que ver con el de Cortázar o Nabokov, maestros de la belleza sin sustancia, que está muy bien para quien gusta de eso y tienen valores innegables. A mí mismo no me apasionó Lolita, pero tiene el mejor comienzo quizá que he leído en un libro.

      El problema con Códigos Da Vinci y similares (para mí y esta es mi opinión personal solamente) no radican en el estilo en sí, que no me atrae nada, sino en el hecho de que son libros perezosos en su construcción, salvo por supuesto, excepciones. Los personajes son arquetípicos o copias de una copia (la propia autora de Sombras de Grey reconoció que era una fan fiction con los personajes de Crepúsculo y que los cambió para que no fueran vampiros) las situaciones suelen ser mil veces vistas y, lo peor de todo, inverosímiles o llenas de fallos de documentación o pura lógica. No es por cebarme con el Código, al que no le tengo un odio ni nada parecido, simplemente lo ignoro, pero personalmente soy un enamorado de la historia y una chica, hace años, tenía el Código Da Vinci por su casa. Ciertos párrafos que leí harían llorar sangre a cualquier historiador, aficionado o no, de las tremendas equivocaciones que se podían haber solventado con una pequeña mirada a Internet. El Vaticano, en el siglo IV, por ejemplo, era poco menos que una ermita y no fue cuna de poder hasta unos mil años después, y sin embargo allí se alegaba que el Vaticano entonces hizo algo con los evangelios gnósticos. Por eso cuando Brown clamaba que había estado no sé cuántos años documentándose in situ, uno ve que todo es marketing para vender más.

      A mí como lector no me atraen, pero como ya digo en este mismo artículo, me parece muy bien que se escriban y se lean, de hecho que se lean más que a Cortazar y por mí, genial, en serio.

      Lo dicho, estamos más de acuerdo en muchas cosas y si en otras no, para mí eso es genial, que el mundo ya es bastante aburrido para decir todos lo mismo.

      Un saludo y gracias de nuevo.

      • “Somos unos muertos de hambre con un ego más grande que nosotros, algo que repito a menudo. Yo mismo no me junto con otros escritores porque no soporto las tertulias donde se comienzan a hablar los temas que comentas. Resulta infumable escuchar a muchos escritores hablar de su arte con esa superioridad, cuando en realidad sólo somos eternos estudiantes sin idea de nada.”
        Hola Isaac,
        Acabo de descubrir tu blog por casualidad, a través de una reseña en mundopalabras, y este párrafo me convierte en tu fiel seguidora.
        Lo que expresas se puede decir más alto, pero no más claro.

        No soy mucho de comentar en otros blogs, pero me he sentido muy identificada con tu forma de ver este mundo.

        Otra muerta de hambre, que en realidad no tiene idea de nada.

        Saludos cordiales!

  3. Isaac, hoy tu entrada me ha “reconfortado” porque siento la inseguridad dentro de mí, pero no por lo que escribo, que eso lo tengo muy claro, sino por cómo lo hago. Es decir, sé lo que quiero decir, pero nunca me siento satisfecha con cómo lo digo. Algo me tranquiliza: no ignoro que estoy en párvulos, luego no soy tonta del todo. Tal vez en otra encarnación consiga graduarme.
    Tengo la sensación de que en la escritura, como en todo lo demás, hay quienes se prostituyen y quienes no; aunque también puede ser que no se prostituyan, sino que consideren la escritura como un negocio y no como un arte; como quien se hace médico no por vocación, sino por el dinero que va a ganar o por el prestigio.
    Dicho ésto, deseo compartir que la semana pasada tuve un “subidón”, porque Alberto, que siempre saluda desde Oviedo, pidió el enlace de mi blog. He de decir, que miré a ver si había alguna otra Ana que hubiera hecho comentario antes que yo, pero no la vi, así que deduje que se refería a mí. Pero como no domino bien estas “herramientas”, no sé si realmente le respondí o me quedé solo en el intento, así que, “por si las moscas”, vuelvo a dejar aquí la entrada de mi blog: anapalaciosv.es
    Aviso: no hallaréis buena literatura en él, solo una escritura sencilla y reflexiva, así es mi blog y así soy yo.
    Saludos a todos desde Barcelona

    • Hola, Ana.

      Acabo de leer tu respuesta. Gracias por el enlace. No, no me lo habías dado hasta este comentario tuyo.

      Un abrazo y no dudes de que me pasaré por tu blog.

  4. Esta semana, ante la falta de afluencia de “comentaristas”, por ahora, he decidido intervenir de nuevo para hacer una confesión.
    Pablo dice en su comentario algo con lo que me identifiqué al leerlo: No fui capaz de leer “Rayuela” y casi perezco en el intento de entender “Prosa del Observatorio”, de Cortázar. Me llevé tal decepción que, como no podía imaginar que un escritor de esa talla pudiera escribir algo para mí tan “infumable”, decidí que era yo la que no estaba preparada para entenderlo. Uf! ¡Qué alivio, que alguien más tenga una opinión similar a la mía!
    Reconozco que he leído “El Código Da Vinci” y similares. En aquellos momentos buscaba en la lectura únicamente “evasión” y esas novelas me la ofrecían. Las cosas cambian y las necesidades también…
    Soy más de fondo que de forma, más de contenido que de estilo, razón por la que me decanto por libros tipo “Un Mundo feliz”, “Metamorfosis” y “ni he leído ni espero leerlos” otros libros que hoy están tan en boga. Cuestión de gustos.
    Isaac, hermosa imagen la que ilustra la entrada. Por cierto, tan pronto tenga ocasión de hacerlo compraré tu libro “Escribir bien…”
    Como siempre, gracias a todos por estar ahí y compartir.

    • Hola, Ana.

      Sí, es cierto. La inseguridad es la seña de identidad (perdón por el pareado) de todo artista que se precie. Al menos, eso dicen.

      Coincido contigo en que es muy bonita la imagen que ilustra este artículo. Suelen serlo.

      Yo, al igual que tú, soy más de fondo que de forma y aunque valoro mucho ésta, prefiero infinitamente más un libro que te haga aprender, te deje huella, cambie tu visión del mundo y sea profundo que no otro que sólo sea de evasión (la evasión por salud mental es necesaria, pero considero que en la vida debe haber algo más).

      Durante varios años asistí a un taller de escritura creativa y en una de las sesiones el profesor, poeta, comentó que a pesar de lo que nos enseñan desde niños en el colegio (forma por un lado y fondo por el otro), el fondo es la forma y la forma es el fondo. Me pareció muy interesante esta reflexión. Pienso que quizás sea un error separar ambos conceptos y que en una obra literaria buena o magnífica ambas deben estar unidas por el santo sacramento de la calidad, de la belleza con sustancia.

      No pasaría nada si fueses la única que sentiste eso respecto a la obra de Cortázar. Uno no es responsable de lo que siente ni de lo que no siente. Yo leí algo de él y me gustó, pero nunca leí “Rayuela” ni “Prosa del observatorio”. No tiene importancia si a uno le pasa eso con una obra maestra o con un autor considerado un mito: cada libro tiene su momento y uno que lees con 20 y lo dejas a las siete páginas lo coges a los 31 y, tal vez, te engancha.

      Yo, sin ánimo de ofender a nadie y con todo el respeto, paso de best-sellers. Con lo corta que es la vida pienso que debemos aprovechar al máximo el tiempo leyendo aquello que verdaderamente merece la pena. Para eso hay libertad y cada uno lee lo que quiere.

      Un abrazo. Desde Oviedo.

  5. Hola, Isaac.

    Tienes razón en lo que argumentas. Sobre todo, cuando afirmas que los grandes maestros también tienen inseguridades lo admitan o no. Muchas veces he leído en artículos o entrevistas cómo magníficos escritores se plantearon a lo largo de su carrera si valían para escribir y cómo dudaban de lo que estaban haciendo.

    Un saludo literario desde Oviedo.

    PD: no sabía que habías publicado ese libro sobre escribir bien. Espero comprarlo (aunque sé que eso no te va a hacer millonario, je, je, je…).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *