La parte más importante de escribir es borrar

El arte de borrar

11.978 palabras, casi cincuenta páginas aproximadamente, divididas en unos 11 capítulos más o menos. Eso es lo que se quedó apartado en los márgenes de Tres reinas crueles y no se incluyó en el manuscrito final. Capítulos enteros, alguna trama secundaria, más lugares en el viaje…

Y eso que estuviera más o menos desarrollado y pulido. No se cuentan, claro está: ese montón de ideas que al final «no», pedazos importantes que se quedaron en el primer o segundo borrador, personajes que no llegaron a asomarse, descripciones y retazos varios sin principio ni fin.

Por si alguien tenía curiosidad, sí, a veces se queda fuera de un libro casi tanto como lo que entra dentro.

Borrar es la parte más difícil de escribir, porque cualquiera puede enrollarse, y de hecho, siempre he pensado que los escritores somos unos pedantes a los que nos encanta el sonido de nuestra voz (hablada o escrita), pero sólo los maestros dicen lo que quieren con la palabra justa y ni una más.

Por eso creo que borrar es la parte más importante de escribir, al menos en la última fase, donde has de pulir como un artesano para que todo encaje como un reloj.

A mí, que no soy maestro de nada, me cuesta un mundo recortar palabras y otro mundo dejar fuera todas esas tramas e imágenes que rondan por ahí, queriendo también su lugar en la historia.

De hecho, si hay un lastre que me persigue es ese, muchas cosas y no saber dejar ir ninguna.

He sido culpable, y bien que lo volveré a ser, de demasiadas tramas, personajes, caminos secundarios cuando escribo. Al final se desbordan y, lo que es peor, al final, si son demasiadas, abren senderos a ninguna parte y, sobre todo, diluyen la historia principal, porque cuando pasan demasiadas cosas importantes, nada es importante.

Lo veo constantemente cuando voy al cine, por ejemplo, y es algo que aprendes a base de muchas líneas y mucho fracaso. La mayoría de películas, buscando el dinero de los que nos distraemos ya con cualquier mosca, están explotando todo el rato cosas cada vez más grandes en la pantalla. Son sucesiones sin sentido de imágenes espectaculares, pero he aquí que pasa lo mismo que en cualquier clase de historia, cuando todo es espectacular, nada es espectacular.

Tener un argumento principal, cocinarlo bien y saber justo cuando insertar el momento clave es esencial para que transmita emoción, para que implique al que lee, lo haga pasar por las fases adecuadas hasta llevarlo al clímax y, sobre todo, para que lo que cuentas importe. Y ese arte de que lo importante destaque se consigue, en mi opinión, con la habilidad de borrar, de poda o como se le quiera llamar.

A mí me queda mucha distancia que recorrer hasta podar algo y que, o no se note que lo he hecho y siga pareciendo farragoso, o lo haga tanto que acabe matándolo. Varias plantas han sufrido en la vida real que me cuesta esa habilidad.

Es paradójico que borrar sea —para mí al menos—, la parte más importante de escribir, pero es así, tarde o temprano has de desenamorarte de lo que escribes por el bien de la historia, saber dejar ir esos párrafos que la mejoran cuando no están.

Y sí, muchas veces está esa frase de la que estás falsamente orgulloso, o ese personaje al que te gustaría ver de una vez, pero mejor que sea en otro momento u otra historia.

Esos pedazos se quedan ahí y, quién sabe, quizá por necesidad como pasó en Tres reinas (debido a la apretada agenda de escritura) vuelvan en futuras obras cuando hagan falta. En otras ocasiones, las más de las veces, lo cierto es que se quedan en el limbo para siempre. Tampoco pasa nada, ocurre con prácticamente casi todo lo que escribo y se perderá sin que lo lea nadie. Supongo que uno ha de hacer las paces con eso.

Sin embargo, en esta ocasión, varios brazos cortados de Tres reinas crueles asomarán. Alguno de esos pedazos lo pondré en esta web, como ejemplo (y no sé si escarmiento), algún otro irá también en una pequeña edición digital donde recopilaré estos artículos y algunas de esas cincuenta páginas más o menos que se quedaron fuera.

Mientras tanto, seguiré practicando cada día el arte de borrar, que es el de escribir y el que más me cuesta.

18 responses

  1. Como siempre, me ha encantado el artículo. Y, joder… vuelvo a estar de acuerdo. Cachis. Discutir contigo empieza a ser más complicado que de costumbre.

    He de decir que yo también dejo márgenes, más o menos. Mi ‘reto’ es de unas 1000 palabras diarias, de las cuales escribo unas 2000 varias veces, y voy eliminando paja. Bueno, ‘paja’ para mí, que igual ahí es donde estaba la miga y yo en babia. Pero lo que hago es pisar mis propias palabras mientras escribo, y conservar únicamente el relato final, en un procedimiento como el que sigue:

    Primero escribo todo, o casi todo, de una sola tacada. La escena ya está en mi mente, de modo que la vomito al folio en una transcripción que no se parece en casi nada al resultado final. Salvo, quizá, el orden cronológico que sigue la historia, y a veces ni eso.

    Luego, una vez escrito todo, corrijo de manera compulsiva todas esas faltas de ortografía que veo en un texto que (sí) se va a borrar.

    El tercer paso es ir a la parte superior del documento, presionar varias veces la tecla ENTER y volver a empezar a escribir. Escribir lo mismo, claro, pero pensando esta vez sobre el papel, leyéndome a mí mismo y pariendo una historia con raíces profundamente endogámicas.

    Y repetir. Repetir hasta que esté como tiene que estar. A veces, tras cinco o seis revisiones, lo dejo apartado porque no me gusta nada. Eso casi no pasa. Pero lo que sí que pasa mucho, todos los días, es que escribo el mismo relato tres veces. Llámalo método, llámalo manía compulsiva y locura, difícil de marcar la diferencia entre lo uno y lo otro en los que nos gusta el sonido de la voz muda en nuestra cabeza.

    • Volver a escribir es algo que nunca he hecho, como mucho meter mano a un primer borrador que, las más de las veces, es ilegible. Pero volver a escribir… Eso sí es locura de la buena.

  2. Justo un artículo sobre lo mismo que estoy haciendo en este momento.
    Borrar. Corregir. Acomodar. Volver a borrar y ¿borrar?
    Por curiosidad leí el comentario anterior y a mi también me da esa locura. Lo que escribo diario, se corrige tantas veces y al final con una consciencia limpia de tener algo decente que quizá se pierda en la computadora.

    Saludos Isaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaac!

  3. No solo borrar palabras, tengo medio libro que escribí y que elimine porque no me gusto, yo escribo directamente en la computadora y me voy de largo, pero si no estoy prendido, no escribo nada bueno, total, toca borrar capítulos completos, bueno no los borro, solo los pongo en la carpeta del olvido. No pretendo vivir de escribir, así que me doy el lujo de escribir solo cuando estoy inspirado, pueden pasar semanas y de pronto, escribo medio libro o el cuento completo de una vez, es como que estuviera poseído, ja, hasta lo que escribo me sorprende, eso si, a pesar de estar inspirado, y por muy bien que me parezca, comienzo a borrar, palabras, párrafos, hojas, capítulos, lo que tenga que borrar, y si, es lo mas importante de escribir, borrar todo aquello que no sirve, lo que esta de mas, dejar aquello que pueda llegar, lo importante…

    • Sí, muchas veces borrar es llenar esa carpeta del olvido, tienes la esperanza, pequeña y vana, de que quizá un día puedas hacer algo con eso. Prácticamente nunca ocurre (en mí no, al menos), pero esa carpeta no se borra del todo.

  4. Hola, Isaac.

    Estoy de acuerdo contigo en casi todo. No coincido en lo de que cualquiera puede enrollarese a la hora de escribir. Sospecho que hay escritores, no sé si muchos, pocos o algunos, a los que les cuesta escribir parrafadas de un tirón.

    Ya lo decía el poeta que me dio clase en un taller de escritura creativa al que asistí varios años: es muy importante corregir, reescribir. Uno de los consejos que nos dio fue el de dejar enfriar el texto un tiempo antes de ponerse a modificarlo. ¿Tú lo haces? Y si lo haces, ¿dejas pasar mucho o poco tiempo?

    Es cierto que si estás contento con tu obra es difícil meterle mano y recortar. Sobre todo, si eres una persona indecisa. Pero es algo imprescindible. Es contradictorio que lo más importante de escribir sea borrar, podar, recortar…

    Un saludo literario desde Oviedo y suerte con “Tres reinas crueles”.

    • Hola, Alberto, gracias por esa suerte para las “Tres reinas”, uno nunca tiene suficiente.

      El barbecho de los textos es fundamental, ahora precisamente he retomado, por séptima vez desde que dije que ya no la tocaría más, una obra que terminé hace dos veranos. Podo, reescribo, la dejaré de nuevo en la oscuridad durante meses, quizá repita el proceso o quizá la deje estar de una vez y asumir que no verá la luz.

      Sí, siempre dejo pasar tiempo, cuanto más, mejor, lo que ocurre es que incluso lo que más te gusta, como dejes pasar demasiado tiempo, se vuelve odioso al retomarlo y piensas: «¿Ese era yo y escribía así de mal?». Algo muy común en esto.

      Un saludo.

  5. Que buena la reflexión sobre el cine. Es verdad que nos están vacunando contra la espectacularidad. Me recuerda aquello de Los Increíbles: Decir que todo el mundo es increíble es como decir que nadie lo es.

    Mi mejor taller de escritura fue el primer informe legal que redacte (soy abogado) para mi socio (americano). Después de mil vueltas, discusiones, y revisiones, nos pusimos de acuerdo en la estructura, análisis y conclusiones y por fin me dijo: esta perfecto. Y antes de que se me congelara la sonrisa añadio: now go and cut it in half.
    Tenia 5 paginas y lo deje en dos. Aprendi que no existe un texto que no se pueda reducir a la mitad de palabras sin perder contenido.

  6. Hola de nuevo, Isaac.

    Es curioso que si dejas pasar demasiado tiempo respecto a un texto, luego no te guste nada o muy poco al contrario de lo que sentías cuando lo terminaste. Me pregunto qué mecanismo psicológico salta cuando ocurre eso y por qué sucede. Es, ahora que lo pienso, como si el tiempo tuviese un influjo maligno sobre los textos. ¿Será porque vamos evolucionando como autores aunque a veces no nos percatemos? Una vez, una persona me dijo que cambiamos y nos desarrollamos personalmente incluso sin ser conscientes de ello. Es una cuestión muy interesante ésta. Como otras que planteas en tus artículos.

    Por otra parte, me ha impresionado lo de retomar por séptima vez (casi nada) esa obra de hace dos veranos. Hay que ser perfeccionista en cualquier disciplina artística. Es lo que te ayuda a mejorar, a progresar. Sin embargo, también es necesario saber parar en el proceso de reescritura porque si no, puede convertirse en algo eterno o casi eterno. Seguro que en la Historia de la literatura ha habido escritores con este problema (no recuerdo ninguno en este momento). La semana pasada vi en la TPA (Televisión del Principado de Asturias) una entrevista a Javier Villanueva (un conocido autor de teatro en nuestra región, de 72 años, y que curiosamente me dio clase varios cursos en mi colegio) y todas las mañanas escribe cuatro horas y todas las tardes corrige. Asimismo, comentó que lee a los clásicos (para él es algo fundamental y tiene toda la razón).

    Es verdad que es muy común en lo de escribir decir de uno mismo “Qué mal escrito está esto” o “¿Pero éste era yo?” o “¿Cómo pude escribir esta porquería?”. Es algo que les he oído decir a varios autores.

    Un saludo literario y gracias por compartir tus interesantes y, normalmente, atinadas reflexiones.

    • No conozco a ningún buen escritor (léase que me guste) que no haya dicho alguna vez eso de que cuando mira atrás, le horroriza lo que escribió. Yo nunca releo lo que ya no se puede cambiar, como esos que hacen películas y se niegan a verse en ellas una vez terminadas.

      Como comentaba, yo no tengo lectores cero ni cosas así, nadie lee borradores, no tengo feedback ni lo busco, es mi error y mi manera, de modo que no es raro que retome tras tanto tiempo las cosas y las vuelva a cambiar. Es cierto que alguna vez hay que parar, y a veces eso sólo ocurre tras años y una docena de reescrituras completas.

      Un saludo.

  7. Hola, The Cuentista.

    “Aprendí que no existe un texto que no se pueda reducir a la mitad de palabras sin perder contenido”. En esto no estoy de acuerdo contigo porque si bien es cierto que en muchos casos es así, opino que no siempre es posible. Piensa en un microrrelato o en un nanorrelato.

    Un saludo literario desde Oviedo.

  8. Buenas por aquí, y ante todo, enhorabuena por el post.
    estoy muy de acuerdo con todo. voy no obstante a comentar un par de puntos con los que estoy más que muy de acuerdo.

    “Borrar es la parte más difícil de escribir, porque cualquiera puede enrollarse, y de hecho, siempre he pensado que los escritores somos unos pedantes a los que nos encanta el sonido de nuestra voz (hablada o escrita), pero sólo los maestros dicen lo que quieren con la palabra justa y ni una más.”

    has conseguido que explote mi verdadómetro ^^

    “has de desenamorarte de lo que escribes por el bien de la historia, saber dejar ir esos párrafos que la mejoran cuando no están”

    se me da tan mal y es, como tú dices, tan importante, que no sé si esto me incapacita definitivamente como escritor ^^

  9. Hola otra vez.

    No tiene nada que ver lo que voy a escribir con el contenido del artículo, pero es que me parece muy curioso y no sabía (que yo recuerde) que existen este tipo de actividades.

    Acabo de leer en una web a la que estoy suscrito, gratuitamente, desde hace poco que el viernes 10 de junio, en una universidad de San Juan (Puerto Rico), se va a celebrar el “Once Campeonato Mundial del Cuento Corto Oral”. Pensaba que los participantes debían contar el relato, pero lo van a leer.

    Por otra parte, me hizo gracia la última base: “Debido a la naturaleza de la actividad, no se admiten niños ni bebés”. A mí me parece perfecto, es normal. Pero… ¿os imagináis que en un concurso similar que se celebrase en España se estableciese que no se permite la presencia de niños ni bebés? Tal vez, como vivimos instalados muchas veces en lo políticamente correcto, hubiese gente y organizaciones que pusiesen el grito en el cielo. ¿Alguno de vosotros sabe si existe un concurso igual en nuestro país?

    Un saludo y feliz martes de mayo desde Oviedo.

    PD: esa web me manda cada semana un cuento y un poema. Si a alguien le interesa que se la pase, ya sabe.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *