La partida de póquer

Poquer y resulting

Hoy vengo a hablar de póquer, de una jugadora en concreto, Annie Duke: filóloga, psicóloga y una de las 5 mujeres que más dinero ha ganado jugando, unos 4 millones de dólares.

Alguien que por una vez escribió un libro sobre un tema sabiendo de lo que habla. En él enseña cómo piensan los jugadores profesionales y, en realidad, va mucho más allá del póquer por la sencilla razón de que póquer, vida e incluso escritura se parecen mucho más de lo que estamos dispuestos a admitir.

Tienes unas cartas que apenas puedes cambiar y con las que tendrás que hacer lo que puedas. Tienes un montón de incertidumbre sobre si arriesgar o no, la suerte se sienta a la mesa como la jugadora más poderosa y un puñado de gente, con sus propias cartas, faroles y estrategias, juega también y quiere lo mismo que tú.

Dentro de la enseñanza de Duke destaca un concepto interesante: el resulting.

Los jugadores novatos (muchos de nosotros) se dejan llevar por el resulting, de manera que no son capaces de distinguir un buen resultado de una buena jugada. Conciben que una cosa implica a la otra, pero no es así en muchas ocasiones.

Sucede mucho en el deporte. Un entrenador toma una decisión en el último minuto, o un jugador decide hacer una jugada arriesgada. Si le sale, es un héroe y un genio, si no le sale, es un inepto y no tiene ni idea.

El resultado es el que se usa para considerar si la maniobra ha sido buena o no, cuando no tiene nada que ver. Jugadas correctas salieron mal porque la probabilidad de acertar nunca es del 100% y verdaderas estupideces dieron buen resultado, pero siguen siendo estupideces.

El problema es que quien se deja llevar por el resulting creerá que la estupidez es el camino a seguir.

Hay ejemplos de todo tipo que ayudan a comprender este fenómeno. Los ganadores de lotería son uno de ellos. Salen en las noticias, despiertan la envidia y uno piensa que debería comprar un boleto. El resultado del ganador empieza a convertir la jugada en atractiva, cuando no deja de ser una tontería casi imposible y la economía no deja de llamar a la lotería «el impuesto de los tontos».

Lo mismo ocurre con un puñado de libros malos que han llegado a superventas. «Si este ha escrito novela negra/romántica/vampírica o lo que sea, quizá yo también debería hacer eso».

Pero como siempre, y como en todo, los perdedores de la lotería no salen en la televisión, los perdedores en los libros se destruyen en silencio y no nos enteramos, pero son la enorme mayoría.

Otro fenómeno de resulting habitual en la escritura es que a alguien le fue bien vendiendo y, acto seguido, saca un libro inservible sobre cómo lo hizo.

Obviamente no funciona, porque no todo el mundo, ni siquiera una pequeña parte que lo lee, se convierte en superventas (que no me venga nadie con que es porque no lo aplica, por favor) igual que el número de millonarios es más o menos el mismo a pesar de que salen libros de cómo hacerse rico cada dos por tres.

De hecho, los que se hacen ricos no leen esos libros.

En vez de contemplar probabilidades, mirar bien tus cartas y actuar según ambas cosas, nos dejamos llevar por el resultado que le dio a alguien y la emoción que despierta. Pocas cosas hay más humanas y más erradas.

Lo peor es que todo se complica en esta época de postureo donde la gente aparenta éxito, pero en realidad no lo tiene. En un contexto así, el resulting es aún más peligroso.

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1 comentario en “La partida de póquer”

  1. Hola, Isaac.

    Siempre ha habido «postureo» a lo largo de la Historia, lo que ocurre es que con las redes sociales se ha agudizado (o, al menos, eso me parece).

    Resulta cierto que hay muchas personas que aparentan tener éxito (pienso en Facebook) cuando no es así. ¿Cuántas de esas personas que cada dos por tres cuelgan fotos de comidas y cenas con amigos o en pareja y de viajes son realmente felices? Además, el éxito es muy relativo porque como tantas otras cosas depende de lo que cada uno entienda por tal. Para una persona el éxito puede ser haber logrado crear una familia feliz y para otra haber sacado adelante un pequeño negocio que nunca se convertirá en Zara o Coca-Cola.

    Un saludo literario desde Oviedo y suerte.

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