La práctica deliberada en la escritura

La práctica deliberada

Hace cinco años (cinco ya) hablaba del mito del talento. Hace tres (¡tres ya!), volví sobre ello.

El talento, como el amor por lo que haces, surge de la práctica deliberada como si esto fuera Un mundo feliz. También de alcanzar, gracias a ella, un cierto nivel de habilidad.

Todo lo demás, cuentos de buenas noches.

Cuando hablo de práctica, cuido de añadir «deliberada» (y se me olvida la mitad de las veces). Cuando hablo de escribir todos los días, no hablo de escribir cualquier cosa todos los días.

Por amor o trabajo me paso escribiendo gran parte de mis horas. ¿Cuento todas como escritura? Ni de broma. De hecho, es posible que muchas de ellas empeoren mi habilidad.

Ericsson, las 10.000 horas y los automatismos

Anders Ericsson es el psicólogo del que partió la noción de la práctica deliberada, esa que Malcolm Gladwell popularizó con su «regla de las 10.000 horas». Respecto a esto, Anders habla de la necesidad de llegar al esfuerzo máximo en la práctica, o al menos acercarse a él.

Escribir lo de siempre, leer lo de siempre y a los mismos de siempre, nos deja en el sitio de siempre. No importan mil horas de práctica así, porque son cero horas de práctica deliberada.

El automatismo no lleva a la mejora en la escritura.

El número de horas o palabras escritas son irrelevantes si no han jugado cerca de la frontera.

Bill Walsh y que le den a los resultados

Bill Walsh fue entrenador de los San Francisco 49ers durante los años 70 y 80. Cuando llegó, los periodistas preguntaron si el objetivo era ganar la Super Bowl, algo de lo que no podía estar más alejado el equipo por aquel entonces.

Walsh finiquitó cualquier conversación sobre títulos, pues el éxito estaba en seguir un proceso adecuado cada día. Los periodistas se aburrieron por falta de titulares y él pudo imponer tranquilamente su «estándar de práctica».

Este estaba compuesto de una serie de reglas claras sobre cómo vestir, cómo entrenar, cómo sostener la bola, dónde estar en cada jugada…

Obsesivamente, comenzó a centrarse en que cada una de las pequeñas cosas se hiciera bien. Ganar o caer derrotados… no existe nada más secundario. Los resultados son para perdedores y la victoria está en hacer lo adecuado en cada momento.

¿Qué pasó tras tres años de seguir rigurosamente esos estándares de práctica?

La Super Bowl.

¿Qué ocurrió al año siguiente?

Los jugadores empezaron a creerse que eran los mejores.

Siendo campeones y defensores del título, la confianza se les subió a la cabeza, así que empezaron a abandonar los estándares de práctica. Creían que ya no los necesitaban, pues una placa decía que eran campeones y los campeones no necesitan esas cosas, tienen ese talento que dice la gente, se han creído todos los cumplidos.

El final no sorprenderá a nadie, ya que no revalidaron el título.

Sin embargo, tuvieron algo mejor, una lección de humildad. Así que volvieron a esos estándares de práctica, a centrarse en hacer perfectamente cada parte del proceso, olvidándose de los resultados. Los resultados llegarían por añadidura, o no, eso no importa. Importa estar en la yarda adecuada y dar cada paso del proceso de la mejor manera posible.

Y volvieron a ganar un año después, como en las malas películas.

A Bill Walsh se le apodaba «el genio», no sin motivo, porque no era cuestión de crear un estándar de práctica cualquiera, sino el mejor posible.

Y ahora… el partido de la semana

He aquí un símil de fútbol, yo, que no veo ni un partido.

No me importa lo bueno y talentoso que sea Messi. Pudo desarrollar todo su potencial (qué peligrosa palabra) gracias a que aprendió en la que probablemente sea la mejor cantera, con los mejores estándares de práctica y los mejores medios disponibles.

Con todos los respetos a Alpedrete, si Leo hubiera entrenado en sus juveniles, ahora vería los partidos en la tele, tras terminar su trabajo de reponedor o contable.

De hecho, prácticamente todo el que entra en una escuela de élite de lo que sea, y se aplica mínimamente, adquiere nivel suficiente como para estar por encima del 90% de gente que se dedica a lo mismo.

Ese es el poder de un estándar que sigue las mejores prácticas.

El estándar en la escritura y el estado de flujo

Cuando se trata de escritura, lo cierto es que, en esencia, es una cuestión de leer y escribir, tratando de dar lo mejor en cada vertiente. Las mejores horas a la escritura, las mejores lecturas que nos alimenten.

Si leemos lo de siempre y escribimos lo siempre, nuestro estándar nos va a dejar donde siempre.

Hace 5 años también (¡cinco ya!), hablaba del ansiado estado de flujo. Pues bien, el automatismo es también enemigo de ese flujo, porque una condición para que se dé es que lo que hagamos encierre un cierto reto, que camine cerca de nuestros límites.

Es lógico, es imposible ensanchar nuestras fronteras paseando por donde siempre.

Eso es la práctica deliberada, que poco tiene que ver con juntar horas de cualquier manera.

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6 respuestas

  1. Hola, Isaac.

    Muy interesante tu artículo una vez más. Estoy totalmente de acuerdo contigo en todo y es de pura lógica.

    Conocía la regla de las 10.000 horas, pero no el curioso caso del equipo de fútbol americano. Se veía venir antes de leerlo que no habían ganado al años siguiente.

    Me encanta la siguiente frase: “Los resultados son para perdedores y la victoria está en hacer lo adecuado en cada momento”. Y sobremanera en una sociedad como la nuestra en la que casi todo está determinado por el resultado, por lo que consigues, sin importar si en el fracaso te has vaciado. Y sobre todo en una sociedad como la nuestra obsesionada, entre otras muchas cosas, con el éxito, con el ganar, con el ascender aun a costa de dejar multitud de cadáveres en las cunetas.

    Es cierto que hay gente, la mayoría, que no sale de su zona de confort ni aunque vengan cien furgonetas con GEOS. El otro día oí a una compañera de un curso que estoy haciendo que ella sólo lee fantasía. Me sorprendió. Y es una lástima por la cantidad de buena literatura que se está perdiendo. Tanto si somos lectores como si somos escritores debemos buscar nuevos territorios, probar nuevas cosas, salir de la famosa zona de confort aunque no duremos ni cinco minutos al otro lado de ella. Es la única manera de progresar junto con retarte y exigirte más y más (sin caer en lo insano, claro).

    Un saludo literario desde los Oviedos.

  2. Muy buena reflexión, como siempre, Isaac. Conozco gente que se vanagloria de escribir desde siempre, pero que lo hacen francamente mal. ¿Por qué? Porque no son capaces de ir más allá, de probar cosas nuevas que les cuesten un esfuerzo y les hagan sentirse inseguros, de leer de forma crítica… Esfuerzo y mucha papelera es lo que les falta, diría yo.

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