La prisa y el destello

prisa y destello

Es imposible abstraerse del contexto, de lo que nos rodea y los demás. Nos moldea y nos influye (casi siempre sin darnos cuenta) mucho más de lo que creemos. De hecho, esa es una de las tesis principales de Escribir mejor.

Una de las formas más sibilinas y dañinas en las que nos manipula ese contexto, a la hora de escribir, es inculcando la mentalidad de best seller, de la prisa y el destello como única forma de hacer las cosas.

Hoy día, el mundo editorial se mueve por la novedad, así que el libro, un objeto de artesanía que tarda fácilmente años en construirse y tallarse hasta alcanzar su forma final, se quema en apenas quince días. Es la naturaleza de las cosas, dicen. Sale el libro, se intenta endosar rápidamente y, a los pocos días, hay otras novedades empujándote hacia el borde del barranco, desplazando el foco porque ellas también quieren tener sus cinco minutos de fama (o casi siempre, ni eso).

Tras esos quince días, a menos que haya un campanazo en ventas, con lo cual se alarga su momento de brillar (pero tampoco mucho más) el libro pasa a las estanterías del fondo. A fundirse en las sombras, a acabar devuelto juntos a tantos otros que han sufrido el mismo destino.

En general, dado el contexto editorial actual, o el libro alcanza alguna clase de tracción en esos primeros días, o no la conseguirá prácticamente nunca. Hay que centrar todos los esfuerzos en el lanzamiento, en que los mismos mil blogs literarios reseñen a la vez la misma cosa, con casi las mismas palabras, con sorteos del libro de la semana.

No sólo esta es la tendencia imperante, es que se está acelerando cada vez más. «Las cosas son como son», se nos repite. Y, al igual que otros muchos timos modernos, como el modo de vivir y su precariedad cada vez más extrema para que los ricos sean más ricos, compramos sin rechistar.

Efectivamente, soy un pragmático y ese contexto difícilmente lo vas a cambiar, sobre todo cuando no eres nadie. Si te subes a su noria, das las vueltas que diga y qué vas a hacer.

Para mí, lo peor quizá es que ese contexto moldea la mentalidad y la mentalidad moldea a la escritura. Así que al final la adaptas de manera más o menos inconsciente a lo que ves que triunfa y encaja con los escaparates y los blogs y las listas de ventas, que destellan un libro al día para olvidarse al siguiente.

Es inevitable que haya un ansia dentro que también quiera crear su propio destello fugaz. Esperas que, con eso, como en los tiempos de instituto, el contexto te acepte y te premie con tus cinco minutos de fama que quedarán olvidados cinco minutos después.

El arte, expresar otras voces, otras maneras, otras historias para llegar a ciertas personas que no son la masa, no está ni se le espera por allí.

Resisten algunos pequeños buenos valientes en los márgenes. Editores que aún se atreven antes de morir pagando cara su osadía, autores a los que se la suda lo que piense el mercado, las editoriales o quien sea, porque saben que esa es la única manera de sacar lo que llevas dentro de un modo puro e invencible.

Como no vas cambiar la dirección del mundo, ese mundo te escupe a esos márgenes si te niegas a jugar con sus reglas o a creer que es la única manera.

Es lo que hay y es inevitable. Te saca y aprovecha que eso no resulta agradable para nadie. Porque somos humanos a pesar de tanta escritura y estamos hechos para pertenecer, aunque sea a grupos de mierda.

Está bien, de veras que en los márgenes no se vive mal, un poco solo a veces, pero en paz. Con gente más interesante al menos, en esos instantes en los que te encuentras con otro.

Creo que es mejor que dejarse atrapar por corrientes de mierda, en las que acabas escribiendo eso mismo.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

3 comentarios en “La prisa y el destello”

  1. Hola, Isaac.

    Haces muy bien y es como debería comportarse cualquier escritor (y artista en general) que se precie: no venderse a la mejor corriente del momento y ser él mismo venda un ejemplar o un millón.

    Un saludo literario desde Oviedo.

  2. Pingback: La solución al destello – Isaac Belmar

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