La solución al destello

La solución

La semana pasada hablaba de que el mundo del libro, un objeto para la calma y el tiempo en todos sus aspectos, estaba dominado por la prisa y el destello fugaz. En esa aparente contradicción, el arte y la originalidad se cuelan por las rendijas y nunca más se supo.

Todo ese esfuerzo de meses o años en crear una obra de arte, para nada.

¿Cuál es la solución? No lo sé, yo no la tengo. Yo tengo este rincón y poco más, es obvio que no la poseo y tampoco creo que la haya. Muchas veces la vida es así. No la hay, desde luego, en el sentido de que las cosas vayan a cambiar y el libro recupere un poco ese ir más despacio que, de paso, a lo mejor nos haría recobrar cierta cordura también.

Así que no hay solución para el contexto que nos rodea, pero sí habría una para la escritura y es la misma de siempre: haz arte y deja que los demás corran como pollos sin cabeza tras lo nuevo que brilla.

Que brille no significa que sea verdadero.

Hazlo lo mejor que puedas al margen de la tormenta ahí fuera, de lo que todos te dicen, de las expectativas que te pusiste y esa ilusión de escritor que, lejos de ayudar, es nuestro peor enemigo desde que nació y nos imaginamos firmando a multitudes.

Escribe tranquilamente en tu mesa sin importar el jaleo al otro lado de la ventana, lo mucho que se discute en las redes sociales o la necesidad que te intentan inculcar de que precisas un montón de cosas para ser escritor.

Libros buenos que leer, tiempo para hacerlo, papel y lápiz o un teclado como este… Eso es lo que hace falta.

Eso y la imposible capacidad de permanecer en calma mientras todo se acelera alrededor, claro, porque parece que todo el mundo llega a muchos sitios gracias a esa prisa.

La mayoría no creo que lo hagan.

Probablemente notarás que te estás perdiendo un montón de cosas si no haces las miles que se recomiendan cada día para ser «un escritor de éxito». No importa, es imposible seguirlas y de todas formas no funcionan. El principio de Pareto es poderoso, puedes dejar de esforzarte en el 80% de cosas que te quitan tiempo para escribir (y te dicen que son imprescindibles para ser famoso o yo qué sé) y obtendrás prácticamente el mismo resultado. Aunque eso sí, tendrás más tiempo para tu artesanía y algo de ese gozo que perdiste el día en que dejaste de escribir porque lo necesitabas y empezaste a hacerlo por razones que existen fuera de ti.

La solución es lo que Ryan Holiday acuñó como Perennial Seller en su libro del mismo título. Crear una obra que resista la única prueba que importa, la del tiempo. Crear uno de esos libros que, décadas después, alguien sigue buscando en la librería o llevándose de la biblioteca. Porque se crearon al margen de todos los cantos de sirena con la única intención que cuenta: hacer la mejor obra de arte que puedas hacer. No importa si no se entiende o no es la moda, mejor que no sea la moda, porque la moda pasa.

Ese «vendedor perenne» poco tiene que ver, a pesar del nombre, con el ansia de ganar dinero. Tiene que ver con la única legítima, el ansia de perdurar.

Y sí, esta solución es la misma solución de siempre, es la respuesta a casi todas las preguntas, es probablemente el mismo tema que corre por debajo de cada escrito en esta web: ante la duda, la respuesta siempre es el arte.

No es el marketing, ni el género de moda, ni el estilo ahora sin ningún adverbio. La naturaleza del ruido que oyes y tira de ti hacia todas partes es siempre la misma: volátil. Volátil y sin importancia real.

Es como todos esos temas por los que nos dicen que debemos estar enfadados cada semana y linchar a alguien. A la siguiente ya no están, ni siquiera nos acordamos y alguien quedó muy malherido porque somos una turba que corre, pero hacia ningún sitio. Esa brevedad del tema de la semana da cuenta de la importancia real de las cosas.

La solución al destello y la banalidad es cerrar la puerta en sentido literal y figurado, respirar hondo, sentarse y tratar de escribir lo mejor que puedas.

La única solución, como en aquella película de Juegos de guerra que me encantaba de pequeño, es no jugar. Que no sé si cuenta como solución y desde luego no es buena, pero es probable que tampoco haya otra manera.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

3 comentarios en “La solución al destello”

  1. Hola de nuevo, Isaac.

    De nuevo tienes toda la razón: en una época de tanta superficialidad, de tanto postureo, de tanto tratar de ser siempre el más guapo, el más inteligente, el más divertido, el más ligón, el más famoso, el que más y mejor sale a comer y cenar fuera, el que más y mejor viaja, uno se para a pensar: «¿Acaso importa todo eso, todo eso nos da calma y felicidad, todo eso conduce a algo valioso interiormente? Está claro que NO.

    Después de leer anoche tu artículo del miércoles pasado recordé lo que Álvaro Urquijo, el líder de Los Secretos (mi grupo favorito), decía en una entrevista que leí hace poco y que es lo mismo que comentó en otras: nunca fueron un grupo que iba cambiando de estilo musical en función de las modas y siempre trataron de tener un sonido propio y reconocible. Como debe ser. Como tú bien afirmas respecto a la literatura.

    Un abrazo, ánimo y adelante desde Oviedo.

  2. Palabras muy sabias. Me han recordado al mejor consejo que me dio mi padre en su día y que siempre me acompaña: «Hagas lo que hagas, hazlo lo mejor posible o no lo hagas».

    Ju

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba