La suerte y la escritura

ask the dust

Seamos sinceros, porque estamos aquí para escribir, sí, pero en realidad cada día suspiramos por publicar (aunque sólo sea una fantasía al fondo de la cabeza), para luego darnos cuenta de que eso tampoco es suficiente. De que no es nada en realidad y no se calla la voz que llevamos dentro.

Lo que siempre hemos querido, en realidad, ha sido la adoración, que nos lean miles y lluevan pétalos, mientras un esclavo mantiene una corona de laurel sobre nuestra cabeza y susurra: «Memento mori».

¿Y qué es lo que nos va a llevar hasta ese Olimpo? ¿Qué tiene más influencia a la hora de conseguir eso?

¿Es el genio y el talento? El genio no existe, ni el de la lámpara ni el del talento, por razones que ya he explicado de sobra aquí, así que no empezaré otra vez la tonadilla.

¿Es el trabajo duro? Ese es un requisito (casi) indispensable, no hay duda. Si no escribes cada día, si no trabajas y no perseveras, si abandonas y no estás cuando el dedo divino te elige para subir al monte de la adoración, obviamente no llegarás.

Sin embargo, es obvio que esta condición puede ser (casi) necesaria, pero nunca es suficiente. Nada hay más común que escritores que se sentaron cada día y terminaron sin que nadie les leyera.

¿Es entonces alcanzar una maestría y una calidad literaria? Bueno, ese es el objetivo intrínseco, el que nos debería bastar, intentar ser lo mejor que puedas ser. Esa es la prédica aquí, pero también es obvio que es extremadamente común el escritor de calidad al que no conoces.

Espera, está claro… es el Marketing que hagas…

En fin…

Entonces, si nada de eso es la llave a la gloria, ¿cuál es?

¿Por qué unos sí y otros no? Dado un cierto nivel de aguante y trabajo, la diferencia es el azar.

Sinceramente, con una observación fría de las cosas, es la pura suerte.

Así como suena, la pura, ciega y aleatoria suerte, que puede tocarte o no independientemente de todo lo anterior.

Esta suerte puede adoptar múltiples nombres: La casualidad, el momento justo, la coincidencia más tonta…

Al fin y al cabo tiene sentido y es muy humano. Si la viagra, el microondas, la penicilina, el LSD o los cereales del desayuno (entre otras muchísimas cosas que han modelado nuestra vida) se descubrieron por pura casualidad, no es raro que esa especie de suerte ciega sea la fuerza más poderosa a la hora de determinar si alguien sube al Olimpo de la escritura o no.

¿En serio? Pues lo cierto es que sí, pero es algo que nos vamos a negar a reconocer, porque apenas podemos influir en ella. Digo apenas porque con trabajo e intentos obviamente tienes más posibilidades que no haciendo nada. Pero si uno hace números, se da cuenta de que está en un juego de probabilidades de locura, donde apenas puede mover la aguja del indicador hacia donde le interesa.

Hace poco hablaba de Bukowski. Antes que Bukowski existió John Fante, mucho menos conocido (sí, seguro que tú lo conoces, pero la mayoría que compra libros, no). John Fante murió diabético y vivió miserable. Esa diabetes le costó un ojo y perder las dos piernas. Su amor por la escritura no le correspondió apenas (la historia de siempre). Fante estuvo a punto de tener su momento de gloria y disfrutarlo cuando despuntaba como escritor, pero su fenomenal libro Pregúntale al polvo tuvo poco éxito de crítica y ventas cuando salió, así que ese despuntar acabó temprano.

Bukowski encontró su libro de casualidad en la biblioteca y ejerció una influencia tremenda sobre él y su obra, además de que insistió a su editor para publicar de nuevo a Fante. En el prólogo de la nueva edición, Bukowski escribió: «Fante es mi dios».

Eso le valió a John un pequeño resurgir que no le alivió para nada y recibió algún reconocimiento póstumo que ya ves para qué sirve. Todo por un libro encontrado por un escritor entre miles de la biblioteca, por un escritor (entre miles a su vez) que tuvo suficiente resonancia como para reivindicar el nombre de Fante.

En otros casos, escritores aún más famosos que Bukowski han reivindicado también a desconocidos que les precedieron y modelaron, y esos siguen sin leerse.

Hay un buen puñado de anécdotas de cómo ciertos autores encontraron la fama por pura coincidencia, por hechos inesperados que nada tienen que ver con escritura, calidad, talento o marketing. Hay decenas de miles de historias que nunca sabremos sobre cómo la suerte no se dignó mirar a otros que seguramente merecían estar ahí por trabajo duro o excelencia en sus historias.

Mantener la cordura (y seguir caminando por la locura de escribir) implica saber el papel que juega la suerte y olvidarlo al poco tiempo para no abandonar. Seguir echando más de ese tiempo en la creencia de que esa suerte nos tocará un día.

Porque una cosa está clara, al Olimpo literario se llega, sobre todo, por cuestión de azar. Pero eso es algo que nos negaremos siempre a aceptar del todo.

13 responses

  1. Si Miguel de Cervantes viviera en este siglo XXI y acabase de escribir un libro cuyo titulo fuera “Don Quijote de la Macha” pienso que no se lo aceptaría ningún editor…lo mismo digo se Guillermo Sakespeare y su Mercader de Venecia…

    • Eso pasaría con prácticamente todos los clásicos sagrados de otros tiempos, fueron importantes y tiene un valor añadido en su contexto, en lo que supusieron y en cómo, incluso siglos después, son vigentes.

  2. Habría que aspirar a escalar poco a poco los peldaños de la idolatría porque la adoración es fácil de alcanzar, pero la adoración masiva, no tanto.

    Y como no nos conformamos con migajas, ya ves, nos hundimos en un charco de frustraciones o de un enojo chiquito que luego desahogamos criticando a los Best Sellers: «¡Vendidos! ¡Literatura basura! ¡Pfff, no aguanté ni medio capítulo!». Todas ellas afirmaciones ciertas, pero que tienen un significado avergonzante.

    Mejor, vayamos de pueblo en pueblo y conquistemos con paciencia. No hay nada de malo en ser un rockstar en nuestra localidad, aunque con aspiraciones mundiales y el secreto deseo de pasar a los Anales de la Historia. Vamos, que aquí no se cobra por soñar y ese monstruo amorfo que llamamos público lector es, en realidad, un conjunto de monstruos más pequeños.

    Y ya que estamos en eso, yo quiero esclava, no esclavo, y que no me susurre un pepino, sino que su mirada me dé lengüetazos de admiración, que para eso me partí el lomo conquistando el mundo.

    • Si la adoración es cuestión de suerte, la masiva es una carambola de dimensiones cósmicas, la verdad. Y sí, ese enojo chiquito y ese charco de frustración… quien esté libre de pecado que tire el primer tocho de best-seller.

  3. ¿Suerte? ¿Destino? ¿Estar en el momento y lugar oportunos, o inoportunos?. Pasa en la escritura, y pasa en la vida: estar paseando por las Ramblas, o bucear entre tiburones. Hay cosas que uno se las busca, por decirlo de alguna manera, y hay otras que sólo pueden explicarse por el puro azar.
    Genios que triunfan, y genios fracasados, en el arte, en los negocios, en el amor.
    Individuos mediocres, y mezquinos, que están donde no se merecen.
    La vida no es justa. Nunca lo ha sido, ni lo será. A la vida le importa un bledo que tengamos éxito o no, que seamos felices, o no, que sobrevivamos, o no. Sólo nos importa a nosotros, y nosotros, al fin y al cabo, ¿qué somos? Nada, aunque nos creamos mucho…
    Sigamos creyendo que tenemos algo que decir en todo ello. Si no mantenemos esa ilusión, ¿qué nos queda?

    Por cierto, no tenía ni idea de quien era John Fante…

    • Totalmente de acuerdo, no queremos ver el enorme papel de la suerte y el azar. Por supuesto que trabajarlo influye, pero a veces le atribuimos más poder porque si no, como bien dices, ¿qué nos queda si no es un poco de ilusión?

  4. Estoy de acuerdo en que la suerte influye. Pero también es cierto que hoy en día existen herramientas a nuestro alcance para promocionar un libro que cincuenta años atrás ni nos imaginábamos. ¿Necesitas suerte para triunfar en el mundo literario? Por supuesto. ¿Hay otros elementos que también pueden influir? Claro. Y sí, me refiero a eso que nos da tanta a alergia (que no alegría) a los escritores: el marketing.

    • El tema es el siguiente. Antes era muy difícil ser publicado o leído por varias razones distintas de las de ahora.

      Por ejemplo, yo siempre he dicho que en tiempos de Hemingway a saber si yo sabría escribir, debido al origen humilde de mi familia y a la situación en España en esos años. Hoy día, los retos son otros. Como bien dices ahora hay más herramientas, por ejemplo, un acceso fácil a la autopublicación, la posibilidad de crearte una audiencia, marketing y todas esas cosas cuyo impacto se magnifica por la necesidad de creer que tenemos más control del que tenemos. Pero incluso aunque existan, como la barrera de entrada es tan nula, todo el mundo puede hacerlo y se procede a una saturación que deja inservible esas herramientas para conseguir destacar o llegar lejos. Así que «El Olimpo» hoy sigue siendo igual de difícil que antes (o más) pero por motivos diferentes.

      ¿Cómo destacan unos y otros no en este contexto? Como la mayoría en los anteriores, por la pura suerte. Puesto el trabajo, el esfuerzo y la calidad, ese es el factor diferenciador.

      Miles publican o autopublican, miles «hacen marketing» y aún así el número de los tocados por esa suerte sigue siendo más o menos estable, muestra de que no es garantía de nada y podemos mover poco la aguja para que nos apunte.

      Lo que ocurre con algunos que «llegan» (por no decir casi todos) es que se ven afectados por el sesgo psicológico del superviviente, algo muy humano que consiste en engrandecer el papel que ha tenido su trabajo, talento o esfuerzo, e ignorar o minimizar la enorme suerte o azar que ha empujado su vela.

      Pasa en todos los campos, no sólo la escritura, y la muestra está en todos esos libros de cómo ser millonario o cómo convertirse en autor superventas. Que aunque el que lo escribe revele el método que él cree que lo ha llevado hasta ahí, los que lo siguen no llegan.

      ¿Por qué? Porque esos métodos, ese marketing o lo que sea nunca fue lo importante que consiguió llevarles al «éxito» o como lo queramos llamar.

      Y sí, tienes toda la razón, da más que alergia y no alegría.

      • Estoy de acuerdo en muchas cosas y otras no.

        Pero creo que das a entender que todos los escritores trabajan lo mismo en cuanto al marketing y otras cosas, y no es así. Muchos creen que hacen marketing, pero no. Muchos creen que dedican muchas horas, pero no. Hay que trabajar muy duro y de forma constante. Y la constancia no dura para siempre.

        Creo que tienes toda la razón en que hace falta una porción de suerte. Estar en el momento preciso, conocer a la persona adecuada… Pero es más fácil encontrar esa suerte moviéndote que estando parado. Así que parte de esa suerte también depende de ti. Es verdad que puede que nunca te llegue, por mucho que te muevas. Pero al menos haz todo lo posible.

        Son tantos factores, algunos externos a ti, que tal vez nunca lo consigas. Pero al menos habrás hecho todo lo posible por intentarlo.

        ¡Saludos!

        MJ

        • Por supuesto, MJ, si ese algo de suerte que hace falta no te pilla trabajando aún, o no lo suficiente como para que sea algo bueno, oportunidad perdida. Lo que pasa es que, por desgracia, se subestima el porcentaje de suerte que hace falta y se sobreestima el de control que tenemos.

          Saludos.

  5. Buena entrada, no se presta atención a los aspectos extraliterarios que afectan al éxito o fracaso de un escritor, y que son muchísimos: desde la ciudad donde vives hasta el color de tu piel pasando por tus apellidos, sexo, etcétera.

    Esas cosas determinan las carreras literarias y no hay editorial o campaña de marketing que lo arregle.

    • Efectivamente, ese es el tema. El género, el lugar, el momento… hay muchas cosas que no podemos controlar directamente y están jugando esta partida también. Pienso que es importante reconocer su papel y ver todo con algo más de perspectiva, aunque esa perspectiva no sea tan halagüeña…

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