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Las dos maneras de volverse importante, según T.S. Eliot

Este fin de semana he leído, al fin y tras permanecer una eternidad en la torre de pendientes, La tierra baldía de T.S. Eliot, así que lo vamos a contar entre los que han sido buenos.

En la introducción al libro me ha resultado curioso un párrafo del propio Eliot. Dice así:

Hay sólo dos maneras en las que un escritor puede volverse importante: escribir mucho y publicar en todas partes o escribir muy poco. Yo escribo muy poco y no me haría más poderoso por incrementar mi producción. Mi reputación en Londres se basa en un pequeño volumen de poesía y se mantiene dando a la imprenta dos o tres poemas más al año. Lo único que importa es que sean perfectos en su especie, de tal manera que cada uno sea un acontecimiento.

Estamos hablando de 1919. Eliot ya había publicado algún que otro ensayo y su primer poemario. Auspiciado por un peso pesado de la escena como Ezra Pound, se había hecho un hueco inicial y el talento de T.S. se tenía en alta estima.

Me sorprendió un poco, aunque no debería, el hecho de que Eliot tenía muy claro su plan para excavar su trinchera en la inmortalidad. Supongo que la fama y la posteridad nunca han sido ajenas a los sueños de cualquier escritor.

Eliot decidió convertirse en valioso a través de la escasez y la perfección. Daría poco al mundo y ese poco sería perfecto, cosido y recosido hasta la obsesión.

Lo curioso es que tiene toda la razón.

Reducida a la mínima expresión, esa es la forma de volverse importante. Las personas valoramos lo escaso, por eso desde los primeros tiempos compramos con oro y no con hierro, por eso recibimos con más alegría a los que vienen de lejos.

También es cierto que los tiempos de Eliot eran muy diferentes a los de ahora, y he aquí un pequeño pero importante matiz para que esa forma de inmortalidad prospere.

Tienes que haber llamado la atención una primera vez al menos.

Obviamente, si no has conseguido poner un pie en los corazones y las mentes de los demás, volverse escaso es inútil, porque nadie echa de menos a quien no espera ni conoce. Tener a Ezra Pound siendo tu campeón constante también cuenta y mucho. Hasta escribió cartas al padre de Eliot jurando por el talento de su hijo, por que no era sólo un poeta díscolo, sino alguien destinado a lo grande.

De hecho, probablemente a la inmortalidad se la llama combinando en el ritual las dos maneras de Eliot, hacer y hacer hasta que te descubran y, en ese caso, si resplandeciste y con la gente esperando más, cerrar el grifo, dedicarte a la perfección y que todos se queden esperando a Godot, pensando en cuándo llegarás de nuevo y cómo, en ese momento, todo se arreglará.

Cien años después, los tiempos han cambiado mucho, la verdad. Eliot caminaría ahora por un campo junto a otros miles que gritan todo el rato «mírame». Las mentes cambiaron también. Hoy, lo que creemos fundamental una semana se nos ha olvidado a la siguiente, pero ese pequeño párrafo de T.S. encierra una lección interesante para todo el que escribe (para todos, en general) y que es válida todavía, incluso con todos los matices del mundo.

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