Las ideas guardadas

Las ideas

Cuando escribí mi primera novela, pensé que no escribiría algo mejor nunca más. Había gastado prácticamente cada idea buena que tenía apuntada, cada cosa original que se me ocurrió.

Madre mía, la vergüenza y la ceguera de pensar eso.

Lo mismo me ocurrió cuando terminé la segunda. «No voy a escribir nunca nada mejor que esto», pensé para mí.

Por fortuna, el tiempo te cura de esas cosas, aunque por desgracia, lo hace de la peor manera. Porque cuando miras atrás, no sólo no piensas que es lo mejor que has hecho, sino lo peor.

De hecho, alguna vez he pensado que tenía una buena idea, pero no quería escribirla porque no tenía aún el nivel como para expresarla como se merece. Así que esa excelente ocurrencia se quedaba en un cajón hasta que llegaran esos mejores tiempos que, en realidad, no existen.

Cometía el error de ver a la inspiración como algo finito, que se gastaba de usarlo. Sin embargo, la inspiración no se parece al amor y, por fortuna, es de naturaleza completamente distinta.

Corolario: Guardarse las balas en la recámara no sirve de nada.

Para empezar, las ideas no son tan buenas nunca, para seguir, la inspiración no es un pozo. Si tuviera que parecerse a algo, sería a un músculo. Cuanto más se usa, más fuerte se vuelve.

Así que, cuando vuelve ese temor irracional de que debería guardarme algo «genial» que se me ha ocurrido, porque las ideas se acaban, lo considero una señal de que debería sacarla de mí.

Eso suele dar espacio a otras buenas ideas que vendrán, porque lo harán aunque no lo parezca.

De hecho, ser rácano con las ideas oxida el mecanismo de creación.

Las que se tienen y no salen son como fruta cortada, van marchitándose, adquieren ese olor dulzón, impregnan la cocina y ocupan el sitio de la siguiente que ha de venir.

Además, las ideas guardadas no sirven. Ni siquiera existen y no tienen ningún valor hasta que son ejecutadas.

Lo mejor que podemos hacer con ellas (y por ellas) es que vean la luz del sol.

No he aprendido nada útil en todo estos años, pero esto sí. Cuando tengo una idea, ya no la guardo para luego, ya no temo que no haya más, he aprendido a confiar en que el hueco que dejan será ocupado por otras.

Puede que las que vengan no siempre sean mejores, pero no pasa nada, también he aprendido que, con suficiente tiempo, todas me parecerán lo bastante malas como para que importen.

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2 respuestas

  1. Para mi si se acaban las ideas, depende de cada cabeza, pero se acaban. Solo hay que ver esa colección de momias que como un perro amaestrado repiten el mismo truco que les hizo famosos alguna vez.
    Sin embargo, guardarlas es como reservarte la juventud para cuando seas más sabio, un desperdicio inútil.

    PD: Y si de verdad la idea era tan buena, el remake es una opción… aunque ¿cuántos superan al original? Con los dedos de la mano.

    • El problema de las momias y la repetición de los trucos, en mi opinión, tiene más que ver con el intento de repetir un éxito pasado usando la misma fórmula. Con el miedo de probar algo nuevo que, quizá, les haga perder a los fans y a la fama y al dinero, que se van con esas dos palabras de: «Has cambiado».

      Yo no creo que las ideas se acaben si uno busca los estímulos adecuados, si tiene interés y curiosidad, que me parecen la condición necesaria, junto con la mentalidad de buscar las historias en todas partes. Sin ellas, claro, no aparece nada nuevo. O sometidos a los mismos estímulos de siempre, surgirán las mismas ideas de siempre.

      Un saludo.

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