Lecciones de escritura y vida con Ernest Hemingway

Si se ha asomado por aquí o por Twitter es muy posible que me haya oído mencionar a Ernest Hemingway, me fascina ese escritor y su vida, así que merece un puesto de honor en mi particular salón de los héroes.

Quien quiere escribir mejor observa a lo mejores, y Hemingway no sólo era uno de los mejores, sino uno de los más auténticos. Escritura y vida eran una sola cosa para él, con lo que uno puede aprender mucho tanto leyendo sus páginas como leyendo su biografía.

Personalmente, estas son (sólo) algunas de las muchas lecciones que he aprendido de él.

Sobre escribir

Lo más importante para mí sobre este tema va más allá de su estilo, porque realmente la única lección imprescindible la resumió en una sola frase, lacónica, directa, como él:

“Todo lo que quiero es escribir bien”.

Y es que en eso se basa la aspiración de cualquier verdadero contador de historias.

Intenso como era, Hemingway comprendió realmente cuál es el objetivo de la escritura y cómo conecta y se fabrica directamente con el mismo material que las emociones.

En una carta a su amigo el escritor Scott Fitzgerald, escribió:

“Tiene que dolerte como el demonio antes de que puedas escribir seriamente. Pero cuando te llegue el maldito dolor, úsalo, no hagas trampas. Sé tan fiel a él como un científico”.

En otra misiva, esta vez a su padre, desgrana un poco más lo que es la escritura para él.

“Lo que intento en todas mis historias es trasnmitir el sentimiento de la vida real, no simplemente describirla, o criticarla, sino que cobre vida. De esa manera cuando leas algo escrito por mí, podrás experimentar las cosas”.

Sobre la crítica

Otra de las cosas importantes que aprendí sobre Hemingway era su delicada manera de afrontar la crítica.

En una extensa carta, Scott Fitzegarld le recomendó cómo terminar su obra “Adiós a las armas”, le escribió incluso las palabras exactas que podía poner. ¿La respuesta de Hemingway?

“Bésame el culo”.

En general no temió a la crítica, o bien si la temió hizo lo valiente, actuar de todas maneras. Esto se refleja de manera sucinta, pero muy importante, en el hecho de que a sus propios padres les horrorizaba la crudeza y lo sugerente de sus narraciones, ya que eran una familia muy religiosa y tradicional.

Se tomaba su escritura como su vida, con toda la pasión (para bien y para mal) que podía, haciendo siempre. Para mí eso es lo más importante, aunque nunca, según sus propias palabras: “confundiendo movimiento con acción”.

Borracho, pendenciero, premio Nobel, cazador, metido en mil guerras, mujeriego y boxeador. Hemingway acabó con su propia vida con un arma que compró en Abercrombie & Fitch (sí, los de la ropa pija, que por entonces se dedicaban a otros menesteres).

El trono de mi salón es para Ernest (él no querría menos y yo no me atrevería a negárselo de todas formas).

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