Libros prohibidos

Nada nos atrae más que lo prohibido.

Nos despierta la curiosidad, nos produce morbo y nos recorre cierta excitación cuando estamos inmersos en algo que “no debemos”.

Por eso precisamente no acabo de entender muy bien por qué si alguien quiere que un libro no se lea lo censura y lo prohibe. Le acaba de dar todas las papeletas para que la gente se interese por él.

Incluso esa gente que muy probablemente jamás fuera a abrir las tapas del libro ya tiene un motivo. Aunque sólo sea por poder decir ante los demás: “Yo he hecho algo prohibido”.

Desde un punto de vista estrictamente práctico censurar un libro es la maniobra menos inteligente para impedir que se lea o se interesen por él, pero bueno, no es de extrañar tampoco que ocurra, censura e inteligencia son dos términos contradictorios como diría Groucho Marx.

Los libros y la escritura siempre han estado bajo el yugo de la censura y la prohibición, lo de que la pluma es más fuerte que la espada siempre lo han sabido esos que no quieren que las cosas cambien por la sencilla razón de que son ellos los que se sientan encima de la pirámide alimentaria. Y allí parece que se está muy bien.

Ahora parecen cuentos de viejos, pero durante el pasado siglo XX (especialmente a principios y en tiempos de la guerra fría) bastantes libros estuvieron tatuados en “Occidente” con un enorme sello rojo de “censurado”, he aquí los que probablemente más veces y más cerca han visto el fuego.

5.- El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence.

Prohibido temporalmente en Estados Unidos e Inglaterra por incumplir las leyes contra la obscenidad. Australia también lo prohibió para salvaguardar la altura moral de la Commonwealth.

4.- Las uvas de la ira de John Steinbeck.

La descripción que se hace de la situación de los pobres, los inmigrantes y las clases bajas trabajadoras le valió a Steinbeck críticas de todos los espectros políticos y sociales (desde la derecha a la izquierda, y es que sólo se pueden poner de acuerdo para cosas como esa) pero esencialmente se acusó al libro de ser “propaganda comunista”.

Como se dice en The wide world of John Steinbeck “la novela fue un fenómeno de escala nacional, fue prohibida públicamente y quemada por los ciudadanos, debatida en la radio a nivel nacional, pero por encima de todo, se leía”.

3.- Farenheit 451 de Ray Bradbury.

Candidato ideal tenía que ser un libro que habla sobre la quema y la extinción de los libros. La historia de los bomberos que se dedican a incendiar páginas en vez de apagar fuegos es un clásico que uno debería leer antes del próximo giro en la rueda de la reencarnación.

En algunas escuelas públicas de Estados Unidos se prohibió por sus temas de corte socialista y su “fuerte” lenguaje.

2.- El Guardián entre el centeno de J.D. Salinger.

Ya se ha hablado de Salinger en esta misma web y él y su obra vuelven a ser protagonistas, esta vez como víctimas de la censura durante el pasado siglo en varias escuelas públicas norteamericanas.

El motivo es el habitual en estos casos, referencias y situaciones sexuales, inmoralidad y otros temas impropios.

Curioso porque desde siempre ha sido el típico libro que a uno le mandaban leer en el instituto.

1.- 1984 de George Orwell.

Ante la pregunta “¿cuántos están sorprendidos de ver este libro en la lista?” es obvio que se van a alzar cero manos. La mítica novela de George Orwell ostenta el dudoso honor de poner al descubierto como pocas el absurdo ilógico de la censura.

Prohibido en la extinta Unión Soviética por razones políticas, en Florida (EEUU) también se censuró pero esta vez “por comunista” (además de por sus situaciones sexuales). Ya de paso unas cuantas acusaciones de antisemitismo sirven de guinda del pastel.

Peor que la censura es quizá que el legendario “Gran Hermano” haya quedado asociado a concurso de pocilga y no a su verdadero origen. Orwell debe estar removiéndose en su tumba pero bien.

Mención especial: El almuerzo desnudo de William Burroughs. El libro que más me costó leer en mis tiempos de universidad (lo terminé más por orgullo que por ganas) protagonizó “la última gran batalla” judicial sobre censura literaria en Estados Unidos en 1962, las partes sobre pedofilia especialmente no gustaron, ni su lenguaje obsceno tampoco.

En 2002 se publicó una edición con material inédito suprimido y en su tiempo de vida ha dejado prohibiciones en diversos estados, dimisiones de responsables de edición a causa de publicar extractos, etc. etc.

Burroughs sí sabía como montarla…

(Adivinanza tonta: ¿Cuántos de la lista se ha leído un servidor? Respuesta: 4, y el almuerzo desnudo se me atragantó que no veas, pero estaba en la universidad y me lo propuse como disciplina para aparentar ser más de lo que era, efectivamente era más tonto de que lo parecía, menudo peñazo me comí).

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