Lo que enseñan los libros buenos

Libros buenos

Con la salida de Escribir bien me han llegado unas cuantas preguntas, algunas francamente curiosas.

A saber por qué, a pesar del libro y el reconocimiento explícito que hago allí de que, en realidad no sé qué estoy haciendo (en lo de escribir y en general con esto llamado vida) hay quien cree que quizá yo pueda tener una solución para su escritura. Una pista al menos.

Pero no la tengo, porque escribir bien no se basa en ningún secreto que sólo conozcan unos pocos elegidos, se basa en practicar de manera inteligente, deliberada y hacerlo por la frontera de las cosas.

Y no hay sustituto para eso.

Supongo que, por suerte y al respecto de la escritura, yo sólo digo cosas poco útiles en la práctica, que al parecer se confunden con pesimistas porque no trato de vender un humo que huele bien, pero no deja de ser humo.

Ya parafraseo en el libro a Derek Sivers, pero no está de más hacerlo una vez más, con sentimiento como las canciones:

«Si todo fuera una cuestión de más información, hoy día todos seríamos ricos y tendríamos abdominales de acero».

Lo mismo se aplica a la escritura, puedo apostar a que si estás leyendo esto, 9 de cada 10 apuestas las ganaría cuando digo que lo que te hace falta para escribir mejor no es otro artículo más, es dejar de leerlos y ponerte de una vez.

Y si te pones y no mejora, lo que falta es alimento por el otro lado, leer más y mejores libros.

Y sí, pillo mi propia ironía de que yo haya hecho un libro a ese respecto de hablar sobre escribir. Y también sé que ese libro, como todos sobre el tema, puede ser fácilmente una trampa, porque la información sobre escritura es la nueva forma favorita de dejar para luego lo de escribir (o procrastinar, para los que os encanta la palabreja).

No digo que yo no sea culpable y no caiga (no suelo buscar información sobre cómo escribir, pero sí me pierdo en entrevistas, historias y cartas de escritores, como bien habrás comprobado si no es tu primera vez por esta pradera), sólo digo lo que hay, con todas mis imperfecciones, que tengo un carro.

Estar todo el día leyendo y rodeado de información sobre escribir y editar parece trabajo pero no es trabajo, eso es lo que hace tan peligroso el consumo de información sobre escritura, que te puede engañar. No sólo no te suele dejar un paso más adelante, es que, si te quita tiempo para escribir, está empeorando tu arte, pero de alguna manera te convence de que has hecho algo. Y no lo has hecho.

Yo puedo coger un libro de esgrima y ver que el autor enseña un nuevo paso, una finta, una técnica. Puedo pensar que qué bien, que es un movimiento brillante, pero la realidad es que no he aprendido nada cuando pongo el libro en la estantería de nuevo. La información sobre cómo hacerlo, sea esgrima o escritura, no me hace realmente mejor si no la practico e integro hasta que sea una parte de mí.

Escribir es una cuestión de energía, toda la que entreguemos a la información sobre escritura se la estamos quitando a la práctica.

Un momento, ¿entonces estoy pillándome en un renuncio y digo que la información funciona si se practica, de modo que primero sí he de conocer la información?

Como todo lo que digo me lo llevan al extremo cuando no lo hago yo de salida (que no negaré que lo hago a veces) voy a aclarar, lo que estoy diciendo es que la de la información sobre cómo escribir es una pendiente peligrosa. Un poco no hace daño (tampoco demasiado bien, salvo honrosas excepciones) mucha impide escribir y, sobre todo, añade otro efecto: confunde.

Escribir bien, por su propia naturaleza compleja, no puede reducirse a consejos. De modo que cuando uno comienza a leer muchos, ocurre como en los refranes: Se empiezan a contradecir.

O lo que es peor, uno lee mil consejos por ahí y luego va a un libro que le encanta, o un libro de un grande, y comprueba que los pisa todos. Oh, mira esto, Fitzgerald usa adverbios a discreción y en Internet dicen que son el mal, debe ser un «horrible escritor»…

En fin.

Si estás empezando especialmente, atragantarte de consejos lleva a la confusión y a dudar de todo lo que hagas. En vez de escribir, estarás planteándote todo el rato si lo estás haciendo bien y si sigues todos esos consejos que se contradicen. Eso es algo que en la fase de primer borrador resulta terrible, porque el primer borrador ha de ser mierda (el malhablado es Hemingway, yo sólo repito lo que dijo, así que las quejas a él).

Por supuesto, a la hora de no atragantarse leyendo, no cuentan los libros que de verdad van a mejorar nuestra escritura, todos esos libros buenos de ficción, y unos cuantos malos, que deberíamos devorar cada día.

Ellos nos dan energía, no la absorben, esos valen sin límite y nos enseñan de veras.

Un excelente relato puede proporcionar más aprendizaje sobre escritura que todos los tratados y todos los artículos de Internet, no me importa si ese de ahí lo ha redactado el maldito Stephen King.

Si te esfuerzas por leer conscientemente, además de que lo disfrutarás más y mejor, tu cerebro trabajará en segundo plano para comprender patrones, lo que está sucediendo, cómo lo ha hecho el escritor, estructuras, metáforas…

Pero ojo, este es un aprendizaje inconsciente, como decía Bukowski. No es una cuestión de leer el libro diseccionando como si fuera un ejercicio de clase, o intentando saber qué ha hecho el autor y cómo para hacer luego un comentario de texto para imitarlo (la fórmula para el desastre). No creo en eso como no lo creía el viejo borracho. Y como tampoco creo en rayar los libros (soy del bando bueno en esa guerra eterna).

Lo que creo es que la huella que te puede dejar leer a los mejores y a algún malo siempre va a ser imprevista, no la vas a detectar conscientemente y, sobre todo, no la eliges tú.

Pero esa huella queda, y creo que uno sólo puede llegar a ser tan buen escritor como los libros que ha leído, así que es una cuestión de elegir bien porque la vida es corta para tantos publicados. Mi torre de Babel de pendientes me lo está asegurando ahora que la miro de reojo.

2 responses

  1. Has usado la palabra “conscientemente”. Qué poco se habla hoy de ella…!
    Me encanta escribir y como lo hago sin ninguna pretensión, salvo vaciar un poco mi mochila e invitar a la reflexión, me siento muy libre en mi blog: anapalaciosv.es
    Y sí, algunas de tus frases me ayudaron a decidirme. Gracias Isaac.

  2. Pues yo soy mucho de diseccionar (creo que sí no pudiera subrayar un libro no lo leería ^^). Supongo que lo hago por mediocridad. En cuanto al proceso subconsciente, pues rezo porque así sea, que vaya sedimentado. Espero que se puedan combinar ambas y no se emborronen ^^. Ver cómo lo hacen los buenos, incluso “copiar” es fundamental también. Yo de pequeño hacía cómics copiando, y un día, ya de adulto me di cuenta de que sabía dibujar. Y con estilo propio. Un saludo!

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