Lo que es bueno y lo que no

lo que es bueno y lo que no

Siempre me ha fascinado, y no para bien, el hecho de que, cuando escribo algo, lo que más me gusta de ese algo nunca es lo que le gusta a los demás. De hecho, suele suceder al contrario. Y esas partes de las que te avergüenzas un poco, que no reconocerías haber escrito en muchas ocasiones, resulta que son las que más agradan a muchos.

Es un hecho habitual al que no logro acostumbrarme, pero al menos, de vez en cuando, encuentro el consuelo de no estar solo.

Hace poco leía sobre Agnes de Mille, coreógrafa y bailarina norteamericana. Tras años de dura dedicación apenas reconocida, con enormes dificultades para encontrar trabajo, Mille había obtenido un éxito inesperado con su coreografía para la obra de Broadway Oklahoma!. Mientras tomaba algo con Martha Graham (legendaria colega de profesión), Mille comentó que consideraba a su gran éxito solamente como un trabajo «relativamente bueno». Sin embargo, alcanzaría más de 2.200 funciones y no se clausuró hasta 5 años después de su debut. Mille siempre recordaba tener ahí un deseo de grandeza, pero pensaba que su falta de fe la mantuvo siempre en la oscuridad, al menos hasta ese éxito con Oklahoma!.

Entonces, Graham le dijo algo que conviene recordar:

«No es tu trabajo determinar cómo de bueno es lo que haces, o lo valioso que es ni cómo se compara con otras obras. Tu trabajo es mantener el canal de comunicación abierto, claro y directo. No tienes ni que creer en ti misma o en tu trabajo. Tienes que mantenerte abierta y atenta a lo que te urge y te motiva. Ningún artista está satisfecho. No existe la satisfacción de ninguna clase en ningún momento. Sólo hay una insatisfacción divina, una bendita agitación que nos mantiene en marcha y nos mantiene más vivos que a los demás».

En definitiva, esos sentimientos son compartidos por otros, por todos, es una más de las cosas que hay dentro del equipaje del artista y va a hacer el camino contigo quieras o no. Ana María Matute ya lo dijo, que sólo le gustaría algo que ella hubiera escrito cuando estuviera muerta.

Lo que pasa es que ese sentimiento hace de las suyas y es un compañero de piso francamente difícil de gestionar. Tienes que vivir con él pero no soportas cómo pone esa música en el peor momento, esa canción que dice que no eres suficiente, que eso no te gusta ni lo otro tampoco. Que aquello a lo que le tienes más cariño pasará desapercibido para los demás.

Quizá es porque no lo supiste expresar bien, quizá porque, simplemente, no conecta con quien debe y no pasa nada. Al final, la misión es con nosotros mismos, manteniendo limpio y abierto ese camino entre el origen del arte y la punta de los dedos que lo trae a tierra.

Steven Pressfield también resumía esas cosas que nos corren por dentro: «Lo que estás sintiendo es lo que todo el mundo siente».

Así que no somos especiales, pero tampoco caminamos solos.

Y sí, recuerdo escuchar esa misma frase de Graham a Gabriella Campbell, respecto a que la tarea de decir si algo era bueno o no es trabajo de editores, no de escritores. Hacedle caso a Gabriella, siempre sabe lo que dice y bastante suplicio suponen ya los editores como para hacerles el trabajo de antemano.

Son cosas importantes que conviene recordarse a menudo.

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1 comentario en “Lo que es bueno y lo que no”

  1. Hola, Isaac.

    Estoy de acuerdo con Gabriella Campbell (cuánto tiempo sin leer este nombre en este blog) y con Martha Graham. Sin embargo, discrepo de ésta en una cuestión: ¿Cómo vas a progresar en tu arte y hacerlo cada vez mejor si no crees en ti mismo? Me parece imposible.

    Por otra parte, entiendo lo de la insatisfacción perpetua del artista, pero estoy seguro de que hay escritores que están satisfechos al cien por cien con alguna obra suya (aunque sólo sea una) y eso no tiene por qué implicar que sean autocomplacientes o poco exigentes consigo mismos o malos.

    Un saludo literario desde Oviedo.

    PD: no quiero parecer pejiguero, pero hay un error gramatical de concordancia en las primeras líneas que en los últimos años leo y escucho a menudo: aparece «[…] nunca es lo que le gusta a los demás» cuando debería ser «[…] nunca es lo que LES gusta a los demás». No quiero que te parezca mal, te lo menciono porque yo agradecería que me lo advirtiesen.

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