Lo que he aprendido tras 30 días seguidos escribiendo en este blog

Lo que he aprendido

He aprendido, antes que nada, a no decir la verdad, porque son veintinueve días los que van, no treinta.

Pero está bien, se supone que ser escritor es ser tan buen mentiroso que a quien te lea no le importe lo más mínimo si lo que dices es real o no.

También he aprendido algo de lo que no estaba seguro al principio, aunque lo intuía. El hecho de que, en realidad, con el tiempo, se ha ido haciendo más fácil y no más difícil.

Tampoco voy a negar que una voz dentro de mí, la misma que repite que me busque una vida normal, presagiaba el fracaso y el abandono. Un escritor tiene un suministro inagotable de esos susurros.

Pero resulta que, como buen hijo de la derrota, a mí sólo me importan las causas perdidas sin ningún sentido práctico. En esas florezco. En las que me pueden proporcionar algo, todo lo contrario.

Creo que la creatividad y la inspiración se parecen más a un músculo que a un capricho. Que al principio son perezosos como yo y les cuesta un mundo, pero con el hacer cada día, no tienen más remedio que volverse fuertes para escapar del sufrimiento.

Pocos motivadores hay mejores que ese.

Así, enfocado en el objetivo de tener que escribir cada día algo de lo que no sentir demasiada vergüenza, las historias aparecían brillando por todas partes.

¿Cómo seleccionaba las que podían resultar interesantes?

Muy sencillo, he seguido la brújula que siempre me ha guiado: el único requisito era que me parecieran interesantes a mí.

No tenía más remedio. Haberlo hecho de otra manera sí que hubiera supuesto una tortura cuesta arriba y un fracaso. De haber elegido otra razón, estoy seguro de que la creatividad, la voluntad y el cariño por la escritura se habrían aliado una noche para ponerme la almohada en el rostro.

Tampoco es que me parezca que exista otra manera de hacer las cosas.

A mí me educaron como católico, esta vida es un valle de lágrimas, etcétera. Para algo que me salva en este mundo sin esperar al siguiente, no lo voy a traicionar por treinta monedas de plata, escribiendo cosas con la vana intención de que me traigan fama, público o adoración.

Ese enfoque sólo tiene un final posible, escribir cosas mediocres y verte atrapado por las expectativas de los demás. Por supuesto, sin conseguir fama, público o adoración.

Paso de que en mi epitafio ponga que viví preso de alguien, sobre todo de alguna especie de estudio de mercado cutre.

Otra cosa que he aprendido, unida a la anterior, es que la excusa del tiempo es un mito.

Este mes he tenido más trabajo que paga las facturas y me mata un poco mientras escribo, pero no he tenido problema para cumplir mi cita diaria.

No tengo hijos o perro que me ladre, pero creo que tiempo hay y lo que falta es otra cosa. Tiempo hay para perderlo en Internet, en Netflix, en todas esas redes sociales. No sé a qué se lo he robado para escribir más, pero tampoco me importa.

De hecho, diría que hasta he notado que tenía más tiempo libre.

Quizá porque, una vez te empiezas a quitar del ruido y las cosas que no importan, su influencia es cada vez menor y no acudes corriendo a ellas en los huecos que surgen.

Por último, aunque no he tenido ese primer hijo durante los últimos tres párrafos, he aprendido a ser buen padre y dejar marchar a los textos.

Mi proceso de revisión es kafkiano, pero llega un momento en el que te topas con rendimientos decrecientes. A partir de un punto, el trabajo que empleas y la cordura que inviertes ya no compensan una posible mejora.

Así que los textos habrán salido más crudos, probablemente con más erratas, que son parte natural del proceso. También han salido más cercanos a la fuente, para bien o para mal.

Pienso seguir aplicando esa enseñanza de ahora en adelante. Para una cabeza controladora hasta el exceso como la mía, dejar marchar, y comprobar que el cielo no se cae, supone un cierto alivio.

Y ya está, mañana, despedida y cierre. No preveo gran cosa y lo digo en serio, siempre fui malo con el adiós. De hecho, puede que sean sólo tres palabras que digan «Hasta el miércoles».

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

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7 respuestas

  1. Tu experiencia nos sumó, a muchos creo, a esperar el relato del día.Hiperagradecida.Fue nutritivo, también lo será el aprender del vacío que quedará.

  2. Hola, Isaac.

    Interesantes conclusiones.

    No sabía de tu experimento, me enteré ayer. Por eso me llamó la atención hace unos días que publicases tantos artículos en este blog.

    Te honra el no querer traicionar a la escritura o, lo que es lo mismo, traicionarte a ti mismo y el perseguir la coherencia. Con la cantidad ingente de personas que caen en todo lo contrario, es un gran mérito. Transmites valores y eso me parece fundamental.

    Un saludo literario desde Oviedo y felicidades.

    Misión cumplida.

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