Lo único importante

contar buenas historias

Uno puede decir todas las cosas del mundo (yo llevo casi treinta días sin callarme), pero al final importa una sola:

Contar buenas historias, en eso se resume todo.

Como me comentaban ayer mismo en esta web, efectivamente hay historias en todas partes pero, además de saber mirar con curiosidad, hay que cultivar el arte de contarlas.

Esa es la segunda parte de la «gran ecuación», lo que al final del día importa de veras.

Aunque las ventajas de escribir hoy son muchas, la de poder hacerlo aislado y sin estar escuchando otras voces, de manera que puedas oír la tuya propia en cuanto susurra, no es una de ellas.

Todo el mundo tiene una opinión y una fórmula. Todo el mundo tiene algo que decir sobre qué o cómo debes escribir (una prueba, estas líneas). Y si no, cuando buscas en el marasmo de información que hay (casi toda inútil), pronto te saturas. Especialmente cuando, tras leer cuatro cosas, dos ya contradicen a las otras dos y también entre ellas.

Es imposible que no haya una parálisis por análisis y exceso de estímulos, una duda constante sobre si lo estarás haciendo bien, sobre si te habrás vendido y, sobre todo, si venderás algo.

Porque eso es lo que bulle en el fondo de todos, picados por ese sueño radiactivo de vivir de la escritura.

En esos momentos de saturación, y en cualquier día y a cualquier hora, es importante recordar que sólo importa una cosa: contar buenas historias.

Lo importante es respirar, centrarse en cultivar la maestría y dejar el éxito, los trucos y tonterías similares. Eso no sirve de nada y, sobre todo, no tiene un valor real ni duradero.

Srinivas Rao, autor de An audience of one, dijo algo que se me quedó:

Sólo porque hayas ganado la atención de alguien durante una pequeña fracción de su día, no significa necesariamente que hayas creado algo de valor.

De hecho, suele suceder todo lo contrario.

Inmersos en esta economía de la atención y el clickbait, los que escribimos nos hemos contagiado de nuestros tiempos. Es inevitable. Buscamos que nos visiten más, que nos compartan en redes sociales…

Así que hacemos malabarismos y listas sin alma alguna, hablamos de trucos copiados de algún lado sin entender bien, proponemos fórmulas supuestamente ganadoras que al parecer no nos aplicamos…

Y a lo mejor ganamos la atención un minuto, pero eso no significa que hayamos creado algo valioso.

De hecho, puede que estemos cultivando justo lo contrario, que nos olviden enseguida, como una pieza más de usar y tirar. Ese es otro rasgo de estos tiempos, soltar enseguida lo que tienes en la mano para ir a perseguir lo nuevo que brilla, la noticia del día o la polémica feroz, que parece lo más importante hoy, pero a la semana siguiente es sustituida por otra.

Si nos hemos montado en esa rueda que gira y atrapa, creo que estamos traicionando la verdadera razón por la que creo que todo el que escribe empezó a hacerlo: para que no nos olviden.

Esa es una tarea imposible como todas las que merecen la pena, pero si algo puede conseguirlo, es una buena historia. Yo no he olvidado las mejores que me contaron y leí.

Centrarse en el arte de que no te olviden es lo único que en realidad deberíamos hacer. Desde luego, es el faro en la tormenta, lo que siempre indica el camino. Cuando no sepas qué hacer y estés desbordado, olvídate de todo, porque no importa, y siéntate a intentar escribir una buena historia.

Es probable que no lo consigas. Yo, desde luego, no lo logro la mayoría de las veces, pero es la única manera de que la siguiente, o quizá la otra, sea un poco mejor.

Si uno ha leído los mejores y ha fertilizado su campo con buenas influencias, es probable que florezca algo.

De hecho, incluso si estás obsesionado por vender, probablemente lo mejor que puedes hacer es dejarte de chorradas y sentarte de nuevo a escribir un poco mejor que ayer.

Sigo y recomiendo siempre a Gabriella Campbell y su web. Es honesta en una ciudad que parece Sodoma, y muy inteligente. Hace poco, ella misma hablaba de que vender es también aprender a contar historias.

Por supuesto, estoy de acuerdo, de hecho, estoy incluso más de acuerdo con Gabriella que ella misma, porque pienso que es lo único que importa de veras.

Si eres escritor, te van a leer porque cuentas buenas historias. Es la habilidad más importante y las demás palidecen en importancia.

Te hará falta ese poco mucho de suerte necesario para todo en esta lotería imposible, pero si llega el momento, más vale que tengas buenas historias para que algunos, por pocos que sean, por lejos que estén, te recuerden un poco. Para que el lector que merece la pena no te confunda con esos otros, que pasaron como un viento cualquiera.

Los escritores estamos tan perdidos como el resto, doy fe de que yo no tengo ni idea de nada. Pero al menos tenemos una brújula, podemos mirarla y saber siempre qué hacer en caso de duda: tratar de contar una historia, la mejor que podamos.

Entre lo poco que sé está que así irás por el buen camino. Lo descubra alguien o no, al menos te habrás dedicado a lo único que importa.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

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9 respuestas

  1. Hola, Isaac.
    Sigo tu blog desde hace mucho. No hace falta explicar las razones: tus reflexiones me encantan y me entretienen. Se te da muy bien el blogging, no hay duda.
    Y creo que tus libros (si seguimos lo que tanto pregonan los marketineros) deberían venderse más, figurar en los top 100.
    Y eso no ocurre.
    No porque no se lo merezcan, sino porque…. Vaya a saber uno la razón.
    Y con esto quiero plantear una cuestión de marketing: tener un excelente blog (que lleva mucho tiempo!!) no garantiza una buena lista de suscriptores (para email marketirng) y mucho menos una conversión a ventas.
    Por eso, para quienes el blog es una carga, ¿realmente hay que tenerlo?
    Saludos
    Juan

  2. Hola, Isaac.

    Una vez más das en el clavo: lo verdaderamente importante en la escritura, lo esencial, no es estar en la lista de autores más vendidos de España o contar con tal o cual premio relevante o salir cada dos por tres en entrevistas en los medios, sino que seas capaz de contar buenas historias y que te recuerden por ello (aunque los “recordadores” sean sólo un puñado).

    Sin embargo, a medida que te iba leyendo, pensé en “Cincuenta sombras de Grey”. No lo leí ni tengo intención de hacerlo, pero por lo que he escuchado y leído no es una historia bien contada o, al menos, en el sentido de merecer el calificativo de “buena literatura” o “literatura de calidad”. Y, aun así, ya ves lo que ha vendido. Con lo cual, desde mi humilde enfoque, no siempre vender es aprender a contar historias aunque haya una relación clara entre ambos conceptos.

    Un saludo literario desde Oviedo y gracias.

    • Al final, en la combinación de ventas + calidad siempre está la historia bien contada como base de todo. Sobre 50 sombras y similares, quién sabe. Quizá en el futuro se considere una obra maestra 😛

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