Los años oscuros

Dentro de la fantasía irreal que es la fama a través de la escritura, hay un capítulo especialmente perverso porque, aunque parezca imposible, es aún más improbable que la fama en sí.

Se trata de la fama súbita.

Ese escritor que nadie conocía y ha sido besado por Calíope enamorada de su genio, de modo que ahí está, en todas las listas de ventas, una isla de esperanza entre Youtubers y presentadores de televisión.

Ni qué decir tiene que ese mito, como la mayoría, suele ser falso o al menos maquillado para que quede una historia que puedas vender. Para la venta no hace falta la realidad y, de hecho, suele ser un impedimento porque se parece poco a la épica.

La gran mayoría de «éxitos súbitos» son irreales. Tras esa inmediatez que te venden, en realidad, hay muchos años oscuros de trabajo detrás, cuando nadie hacía caso, cuando todo el mundo que vitorea ahora, te ignoraba o rechazaba.

Y esos años oscuros son los importantes, los que separan a los adultos de los niños, a diletantes de profesionales, a los que están para perdurar. Son los años que demuestran si de verdad estás en esto porque lo amas, sin importar si alguna vez alguien te ama a ti.

Son esos años donde la semilla está bajo tierra y no se ve nada. Sólo se tiene una fe ciega y completamente loca (incomprensible) en lo que haces cada día, en que estás desarrollando la habilidad de escribir bien, aunque muchos días no lo parezca.

Los años oscuros tienen mérito porque no parece que suceda eso, porque ni percibes que avanzas ni te lo reconoce nadie. Es el entrenamiento solitario del boxeador, practicar con la espada por la noche, cuando te ve la luna y ya está.

Un día, todos esos años oscuros, te servirán para hacer por fin eso que siempre has querido hacer y no hablo de fama, sino de una cierta obra de arte que no será suficiente para creer que por fin has conseguido eso tan imposible e indefinible como escribir bien, pero al menos te dejará un poco más cerca. O por lo menos te alejará de la mediocridad, de lo que hacen todos, de los que están en esto por las razones equivocadas: dinero, adulación o a saber qué fantasía guardada ahí al lado de la de fama súbita.

Los años oscuros son un precio a pagar siempre sin que sean una garantía de nada. Estamos en una lotería muy poco probable, miles y miles de escritores dan vueltas en el bombo, perdidos y desorientados. Casi todos se quedarán allí sin que salga su número. La mayoría abandonará el bombo porque parece una rueda de hámster y harán bien, quizá hasta tengan una vida y no habrán de justificar que perdieron la suya entre renglones.

Los que se quedan en el bombo no están por un pasatiempo ligero, que está muy bien y sin duda es lo más sano psicológicamente, pero no será lo que Orwell quería decir cuando en su Why I write hablaba de que uno debía ser escritor sólo si no podía no serlo.

10 responses

  1. Inspirador. Aunque la frase del maestro Orwell me ha dejado un poco de mal sabor de boca. Podría yo no ser escritor? (Teniendo en cuenta todas las obligaciones de la vida). Que a veces me siento como los caballeros del zodíaco, y cuando mi sangre se harta de mezclarse con el polvo surgen esas fechas extrañas ensoñaciones que tenían -criaturas- pero en este caso es la voz de tu blog la que me alienta 😉

  2. Hola, Isaac.

    Es cierto lo que dices: detrás de un éxito repentino hay muchas horas oscuras de escribir, de pelearse con las ideas y las palabras, de renunciar a otros placeres de la vida, de sumergirte en tu mundo interior, de soltar las cadenas de los monstruos y fantasmas que habitan en tu alma…

    Apostarlo todo a la escritura es una decisión muy dura, muy arriesgada y muy valiente. Por ello debes tener muy claro que deseas ser escritor porque es una necesidad tan básica para ti como comer, dormir o respirar. El hecho de que triunfes o no es harina de otro costal. Lo importante, como bien sostienes, es escribir cada vez mejor y llegar al máximo nivel que puedas lograr.

    Respecto a las razones equivocadas para escribir, me has recordado a lo que comentó una vez en la radio Fernando Fernán Gómez: él se metió a actor con el fin de poder ligar. Me sorprendió mucho y no me lo esperaba. Creía que su motivación había sido mucho más profunda. Y existe otro caso de un personaje famoso (no recuerdo ahora quién) que se entregó a su profesión también por un motivo superficial en principio.

    Un saludo literario desde Oviedo.

  3. Los “mitos” son todos irreales, para mí, tal vez, porque hace muchos años, en un pequeño pueblo vivía una niña que tenía mitificada a su maestra. Un día la vio entrar en el lavabo y el mito desapareció, aunque siempre quedó una gran admiración personal. Una frase que recuerdo de aquella entregada maestra es: “El aburrimiento es propio de quien tiene el alma vacia y la inteligencia sin recursos”. Creo que nunca me he aburrido, si alguna vez rondé cerca del aburrimiento, esta frase hacía que rápidamente me distanciara de él. Un lápiz y un papel fueron mis mejores juguetes.
    Mi semilla sigue estando bajo tierra, la voy regando y abonando día a día, no creo que la vea convertida en un gran árbol, pese a ello la cuido porque disfruto haciéndolo, porque lo necesito y porque pienso que, tal vez, lo que escribo pueda servir a alguien. Hoy tengo bastante con eso, mañana dios dirá. Gracias Isaac y gracias también a los que haceis los comentarios.

  4. Hola de nuevo.

    Isaac pone los puntos sobre las íes y nos suministra chutes de realidad. Y la realidad casa mal con los deseos. Por eso el regusto amargo. Pero, bien pensado, es mejor así porque ¿de qué valdría que nos creyésemos mentiras que no nos van a llevar a mejorar como escritores ni a ninguna parte? Vale más saber a qué hay que atenerse.

    Un saludo.

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