Los asesinos de la mente

dune

Es lunes, supongo que el día adecuado para enseñar cómo destruir todo a tu alrededor con el lenguaje.

«No conoceré el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allí por donde mi miedo haya pasado ya no quedará nada, sólo estaré yo».

Esa es la letanía contra el miedo de la Bene Gesserit. Los que hayan leído Dune, de Frank Herbert, la conocerán bien.

Dune es una obra maestra de la ciencia ficción, que continúa a lo largo de varios volúmenes. Curiosamente, los números impares me encantaron, pero los números pares, no.

El miedo mata a la mente y Herbert tiene razón, pero no es el único asesino.

Recientemente estaba leyendo sobre otros «asesinos de la mente» que podemos usar para dinamitar cualquier situación. Se trata de temas de conversación tan cargados emocionalmente que, cuando surgen, apagan completamente el raciocinio de quien interviene, encendiendo las luces de la emoción desatada y lo irracional.

Un ejemplo de que la palabra puede, realmente, ser más poderosa que la espada.

Básicamente son temas que tienden a producir debates extremadamente sesgados, donde no importan los argumentos, la prueba ni cualquier aportación objetiva. Nada moverá la aguja de la opinión o, parafraseando a aquel:

«Discutir sólo sirve para acabar más convencido de lo que pensabas que al principio».

Ahora que se acercan las cenas familiares en Navidad, sin duda puede ser útil para hacerlas más cortas. Si quieres sabotear los días de polvorón y villancicos, puedes hacerlo usando estos mind-killers. Si quieres llamar la atención en tu web o redes sociales, es poco menos que un truco jedi. Introduce un tema en la conversación o escribe sobre un asesino de la mente, cortocircuitarás el cerebro racional de quien te lea.

El asesino de la mente más obvio es la política.

Cualquier debate sobre hechos objetivos que roce siquiera a la política deja de ser debate en segundos. La gente motivada políticamente tiene prácticamente apagado el centro de pensar en su cerebro. No importa la cantidad de prueba objetiva que presentes, en cuanto sientan amenazada su identidad, se agarrarán a consignas y falacias como las del tú más, buscarán el calor del grupo y lo azuzarán contra ti.

Esto se hace extensivo al conjunto más grande en el que se encuadra la política, y que es la ideología en general.

Cuando más cargada ideológicamente está una persona, menos capacidad de pensar tiene.

El espacio necesario para razonar, almacenar nueva información o nuevas conclusiones queda ocupado por consignas, eslóganes e idearios que se repiten cada vez más fuerte, especialmente ante argumentos contrarios. Al poco tiempo, la ideología se torna verdad absoluta, sin posibilidad de plantearte si lo que estás pensando o diciendo tiene un origen real o correcto.

La religión es un tercer asesino de la mente. Al fin y al cabo, no es más que una prima de todo lo anterior. La política y la ideología resultan, en general, nuevos dogmas de fe, respuestas sencillas y claras para un mundo en el que esas cosas no existen.

Los tabúes sociales son otro.

Hay una serie de connotaciones negativas que se asocian con ciertos temas. La mayoría son heredados y repetidos sin conocer el verdadero origen o plantearse de dónde vienen y cómo se formaron.

Con el tiempo, son los que más pueden ir cambiando. Por ejemplo, el matrimonio entre personas del mismo sexo, un ejemplo de tabú social antiguo que ha ido siendo aceptado. Otro podría ser la legalización de las drogas.

No hace falta meterse en tabúes más oscuros, puedes cortocircuitar y enfadar a alguien introduciendo ese debate, si conoces de qué pie cojea.

Mírate bien, puedes invocar el infierno con un puñado de palabras.

No importa lo inteligentes que sean las personas a tu alrededor, ni los lazos de sangre o amor que tengas con ellos. Como un mago malvado, tienes en los labios la capacidad de incendiar una situación si conoces el lenguaje, la emoción y a uno o dos asesinos de la mente.

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6 respuestas

  1. “A los comienzos de toda discusión conviene fijar lo que ha de quedar fuera de la disputa; y quien la emprenda, antes de decir lo que se propone probar, ha de decir qué es lo que no desea probar”. G. K. Chesterton.

    La gente en realidad no discute, quiere que le den la razón. (De hecho solo lee, escucha y mira cosas que se la dan)

    PD: Solo por malmeter. De Dune, me quedo con el primero.

    • El primero de Dune es perfecto. Me sorprendió la tremenda bajada en el segundo, pero supongo que, como al tercero no esperaba ya nada, me agradó por la falta de expectativas.

      Y efectivamente, la gente no discute, sólo quiere que le den la razón.

  2. Las ideologías, el orgullo, la dignidad, la moral en ciertos temas… En esencia son fundamentos usados por muchos como herramientas para justificar ciertos actos, así como parte de un oportunismo para ensalzar una bandera que creen que les proporciona más personalidad o espiritu o cualquier nimiedad relacionada…

    Excelente reflexión Isaac, has accionado el boton del parloteo mental en mi cabeza y ahora… a ver quien duerme xD.

    Pd: me está encantando este nanowrimo tuyo tan particular. Hasta mañana.

  3. El miedo conduce al odio. Y el odio… al Lado Oscuro de La Fuerza… Por ahí se dice que los humanos somos dioses que nos han engañado…

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