Los días de barro

los días hechos de barro

El Scrivener y el ratón se han puesto a jugar el uno con el otro esta mañana hasta sacarme de quicio. He ¿avanzado? por una historia con barro hasta las rodillas, con la sensación de que desharé lo cosido como si esperara a Odiseo.

Hace un par de semanas fue todo lo contrario y lo último que quiero es transmitir la sensación de que la buena escritura está hecha de mañanas perfectas.

Los momentos en los que la luz del amanecer no parece sucia y gris son especiales, por tanto raros como todo lo que es así, porque la luz de la mañana no atiende a razones y no reconoce rey.

Hoy día, la ilusión dañina de los días perfectos es más poderosa que nunca. Las fotografías de Instagram están trucadas, escenas impecables al vigésimo intento. Hay noches de fiesta y viajes en Facebook, hay frases motivadoras en Twitter, hay una persecución obsesiva de la felicidad tremendamente dañina, donde hay que aspirar a que cada momento sea perfecto.

No voy a ser parte de ese fraude.

Hay mañanas como aquella y hay mañanas como esta, donde plagio a Vonnegut:

«Cuando escribo me siento como un hombre sin brazos ni piernas que tiene un lápiz en la boca». 

De un tiempo a esta parte, todo el mundo es coach de segunda división. Todo gurú de mercadillo habla de técnicas infalibles, de diseñar el día perfecto y la vida perfecta e incluso la escritura perfecta.

La vida y el día (y la escritura) se ríen en tu cara.

Si alguien ha intentado eso y no le sale, que sepa que no está roto, es que no funciona. Igual que no funciona el 99,99% de lo que recomiendan supuestos expertos en escritura o vida, que no saben de lo uno o lo otro.

El día y la escritura son caos y capricho. Es imposible crear momentos especiales a voluntad y menos mal, porque dejarían de ser especiales, dejarían de ser apreciados, de tener el poder de que todo, por un momento, merezca la pena.

Creo en la rutina sobre todas las cosas, pero no es garantía de que cada amanecer me haga olvidar que los odiaba no hace mucho.

Creo en el proceso aburrido y tenaz, ingrato muchas veces, porque es lo que funciona. Pero no es agradable siempre, no lo es ni siquiera la mayoría de las veces.

Creo en el ritual, pero la luz del amanecer va a ser del color que al final le dé la gana, así que agradeceré cuando se parezca un poco a la de un día bueno, y a veces lo escribiré, como hace un par de semanas. Otras, tendré que decir la verdad.

Porque escribir también está hecho de barro, si no, ¿qué mérito tendría?

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6 respuestas

  1. Totalmente realista. A mi me repelen últimamente esos que te atiborran de optimismo y te atocigan con consejos que ellos no ponen en práctica; porque están muy cómodos diciéndole a los demás lo que tienen que hacer. Como diciendo que si las cosas te van mal es por tu culpa porque ya yo te he dado todas las pautas del éxito.

    • Lamentablemente es así. Pero es lo que vende, ellos venden la ilusión falsa de que saben lo que hacen, los demás no nos libramos de ese ideal roto de que es posible alcanzar un punto en el que, por fin, todo vaya bien y cuesta abajo.

  2. Hola, Isaac.

    Qué gran razón tienes: hay una obsesión tremenda por ser feliz las 24 horas del día cuando todo el mundo debería saber que eso es imposible. De hecho, hasta principios del siglo XX, si mal no recuerdo, la Humanidad no se planteaba la cuestión de ser feliz. Simplemente, se limitaban a ganarse la vida y a lidiar con ésta cuando las cosas se torcían. Aunque, por otra parte, es comprensible que aspiremos a la perfección y a la felicidad total y permanente aun a sabiendas de que son inalcanzables.

    También es cierto que existe mucho “coach”, mucho gurú, que trata de decirte lo que hay que hacer, cuándo, cómo y dónde. Tal vez la mayoría de ellos no se merezcan el crédito que se les da. Sin embargo, aquéllos que son honestos y que tratan de ayudar a la gente pueden aportarnos puntos de vista novedosos o darnos ese empujón que nos faltaba. No se trata de ser un ingenuo, por supuesto. Lo que quiero decir es que una frase optimista o de ánimo o un consejo pueden salvarte el día e, incluso, la vida.

    Debemos recordar lo que afirma un proverbio budista: después de un día malo viene otro bueno y así sucesivamente. Y si pasa con la vida, también es lógico que pase con la escritura y con cualquier otra actividad humana.

    Un saludo literario desde Oviedo.

    • Es necesario interiorizar que la escritura, y todo, son altos y bajos, y que todo pasa. Porque si no, uno empieza a crear un ideal de vida y escritura que es inexistente más allá de las películas, y que sólo lleva a la frustración.

  3. PD: por cierto, brutal la frase de Kurt Vonnegut, es total. No la conocía y resume perfectamente la enorme dificultad que implica la buena escritura. Acabo de escribirla en mi aplicación donde voy guardando citas que me encuentro por ahí y que me gustan.

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