Los gatos de Hemingway

Los gatos de Hemingway

Viendo las noticias de estos días, sin duda lo más importante, a años luz del resto de cosas, es que los 54 gatos que viven en la casa museo de Hemingway de Cayo Hueso (antiguo hogar de Papa) han sobrevivido al paso del huracán Irma.

Esos 54 gatos, de seis dedos porque un capitán de barco le regaló a Hemingway un gato así, y será verdad lo de que los animales se parecen al dueño de manera que empezó a dejar descendientes por todas partes, no tienen absolutamente nada que ver con lo que vengo a contar hoy, ni falta que hace.

Pero es una introducción como otra cualquiera al tema sobre el que me gustaría dar una breve pincelada, antes de marcharme a otras labores de escritura que tengo pendientes.

Hablo de la emoción, por si no quedó bastante claro en Escribir bien que era lo más importante.

Las personas creemos que somos racionales, pero nada más lejos. Bueno, las personas creemos que casi nadie es racional, pero nosotros sí. Nada más lejos.

No vas a convencer, enamorar o destruir a nadie con argumentos racionales. La emoción lo es todo y somos unos peleles cuando nos mete la mano por debajo como a muñecos de ventrílocuo. Pero, lo que es más importante, los que escribimos deberíamos tomar buena nota de que es lo fundamental y, por tanto, es lo que deberíamos conocer y dominar por encima de todo.

No en nosotros, no hablo de controlar las emociones o ser personas equilibradas, eso, probablemente, también esté reñido con el hecho de escribir.

La cuestión es que la literatura que pervive, la verdaderamente buena, esa que pasa el test del tiempo, encierra esas emociones universales entre las líneas. Las refleja y las despierta de una manera que remueve a las personas desde el principio de los tiempos y hasta que ya no estemos (más pronto que tarde, al parecer).

Y hablando de Hemingway, aunque no más de sus gatos por el momento, él lo puso mejor que nadie en Muerte en la tarde.

Allí muestra la importancia de no mirar (ni escribir) sólo los hechos que ocurren, sino de lo importante, las emociones. A veces patentes en una situación, a veces por debajo como un río subterráneo. La maestría y Escribir bien pasan necesariamente por eso.

He aquí Ernest.

«Trataba de escribir entonces y me encontré con la mayor dificultad, aparte de la de saber realmente qué es lo que sientes de verdad, en vez de lo que se supone que tienes que sentir y lo que te han enseñado a sentir, esa dificultad era escribir lo que pasaba realmente; qué cosas eran las que producían la emoción que experimentabas. Escribiendo para un periódico decías lo que había pasado y, con un truco y otro, comunicabas la emoción ayudado por el elemento de oportunidad que le da cierta emoción a cualquier narración sobre algo que haya sucedido ese mismo día. Pero lo importante de verdad, la secuencia de movimiento y hecho que crea la emoción, y que será tan válida en un año o en diez años o, con suerte si la habías escrito suficientemente pura, siempre, estaba fuera de mi alcance y trabajaba muy duro para obtenerla».

Hemingway se daba cuenta de que los mejores escritores hacen eso, de que tienen una cualidad de transmitir, crear y manipular la emoción de una manera diferente al resto.

Algunos son capaces de narrarte la lista de la compra, o lo que sucede en la cola de esa compra, y los lees y no puedes evitar pasar la página. Mientras, otros recurren constantemente a trucos y a intentar impresionar con hechos de película, y bostezas porque es todo cartón vacío y no hay nada detrás, es plano y exento de emoción, sólo artificio, no importa lo que suceda.

Pienso que eso es imposible de enseñar, pero posible de aprender (los grandes lo han hecho). Y también pienso que esa capacidad de reflejar e invocar la emoción adecuada reside en que el escritor sea capaz de pensar bien hondo, ya lo he dicho alguna vez. Un escritor tiene que vivir y observar la vida preguntándose cosas, siendo un curioso insaciable, aprendiendo sobre todo y no conformándose con ninguna respuesta. Leyendo a los buenos, con esa actitud de observar y diseccionar lo que sucede mejor que los demás, es posible que perciba retazos de ese nivel emocional y lo pueda escribir bien.

Y no, se puede resumir en consejos prácticos y sí, es mucho más importante que todos ellos juntos.

Lees las entrevistas a muchos escritores de las portadas calcadas y esas entrevistas están diseñadas y valladas por el que les lleve el marketing, o sus propias nociones de no decir nada que moleste a nadie e impida ventas. Y son respuestas tan vacías como las historias que escriben. Están exentas de emoción o pasión, son lo mismo de siempre, la respuesta que esperas. Una cómoda que no te sacuda nada ni emocione nada, para bien o para mal.

Otros sí, y se nota cuando escriben y cuando hablan (te guste o no lo que digan, estés de acuerdo o no, que ya ves tú lo que importa eso), porque cuentan cosas y la emoción está detrás de ellas y eso les da fuerza. Hoy y en diez años y, con suerte y si lo has escrito de una manera lo suficientemente pura, siempre.

P.D. El gato de la foto es Hairy Truman, por cierto.

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