máquina de escribir

Los viejos modos

A raíz de la publicación del libro de relatos El sol en la cabeza, encontré un artículo sobre el joven escritor brasileño Geovani Martins. Una de las cosas más interesantes es su método de escritura.

Realiza un primer esbozo de la historia a mano y después afila sus cuentos con una máquina de escribir, una antigua Remington 22 que su madre le procuró, después de que se le rompiera el ordenador. Martins tiene 28 años y también escribe para el diario O Glovo, pero sus columnas sí las escribe con un procesador de textos. Al fin y al cabo, la popularidad que ha alcanzado como escritor le permite salir de la favela en la que se crió para acudir a ferias e invitaciones, pero sigue volviendo allí para vivir y relatarlo a la manera original, con el inconfundible tac tac de la Remington sobre el papel. Quizá una cosa ya está demasiado interrelacionada con la otra y cambiar de método haría huir a la esencia.

El motivo de que emplee una tecnología ya muy obsoleta cuando Martins escribió por primera vez es que eso, según él, le obliga a repensar cada palabra.

Probablemente, no anda desencaminado a la hora de escribir mejor. A veces comento que, hace ya cinco años (¿nadie va a parar el reloj?) me pasé un mes escribiendo a mano y los resultados fueron francamente curiosos.

Personalmente, creo que deberíamos volver al papel más a menudo. Yo procuro hacerlo, descubriendo que la muñeca duele más pronto de lo que debería por la falta de práctica.

Hoy día, la escritura a mano se ha perdido. Y es una pena porque, además de la enorme cantidad de faltas de ortografía que plagan incluso a los que han de enseñar a otros, también estamos perdiendo los enormes beneficios cognitivos que tiene.

Siempre he mantenido que la calidad de la escritura va a depender de la capacidad de pensar, de hacerlo de una manera honda, siendo capaces de ver matices donde los demás no, siendo capaces de no quedarnos en la superficie ni clonar los mismos esquemas de siempre, para que luego le pongan incluso la misma portada que al resto.

Por eso creo que no deberíamos perder eso que aporta la escritura a mano, que ciertas cosas deberían ser escritas como siempre o al menos ser participadas por ese proceso.

Que deberíamos probar a ver qué sale, aunque cueste.

Ya dije que uno de los resultados de aquel experimento de un mes a mano fue que la escritura sobre el papel cambiaba respecto a la que volcaba en la pantalla. Siempre he creído en la mezcla, en que eso hace fuerte y hace avanzar, que la pureza es para los idiotas y la escritura se enriquece cuando descubres matices que no tenía hasta entonces, fruto de pensar, vivir y tocar lo diferente.

Otro tema interesante en Martins es el de la máquina de escribir. Siempre he creído que las restricciones, lejos de encorsetarnos, nos liberan. ¿Qué puedo decir? Esa es una de las tesis principales de Escribir mejor.

De hecho, hay programas informáticos que simulan esa capacidad de no poder volver atrás como en la máquina de escribir y yo mismo poseo una que no me lo permite, aunque los artificios ante una pantalla de ordenador no son iguales que la sensación del papel.

El pasado fin de semana visité a mis padres y mi sobrina encontró la vieja Lettera 42 que mis padres me obligaban a golpear con esa poca fuerza de unos dedos finos y débiles. Le faltaba aceite y la tinta de la cinta estaba prácticamente seca, pero las viejas sensaciones de pensarte la palabra porque no tienes más remedio que poner una decente a la primera, el miedo al tachón y los viejos esquemas a la hora de fabular volvieron como el primer día.

Y eso cambia la perspectiva de la escritura, a ella misma. Te hace ver otros ángulos y te cambia e influye. Pienso que todo lo que enriqueza nos vale. Pienso que deberíamos recuperar los modos de siempre más a menudo. Al fin y al cabo, a Martins le ha ido muy bien de esa manera.

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4 Comments

  • Alberto

    Hola, Isaac.

    Hace tiempo leí en un artículo los beneficios de escribir a mano y son unos cuantos, así que te creo cuando dices que deberíamos recuperar ese tipo de escritura.

    Por otro lado, ¿por qué afirmas que las restricciones no encorsetan, sino liberan? ¿Es porque las limitaciones te hacen discurrir y buscar soluciones imaginativas?

    Un saludo literario desde Oviedo.

  • Nieves

    ¡Qué de acuerdo estoy con lo que dices! Echo de menos aquellos tiempos de cartas manuscritas donde pensábamos cada palabra y lo que iría a continuación para no hacer tachones, para que el resultado fuese mínimamente decente y donde invertíamos tiempo, de verdad, en poner en orden nuestra cabeza. Me da pena ver a mis adolescentes en consulta, a golpe de whatsapp, que han perdido una parte tan importante del proceso reflexivo, y creativo, con las nuevas tecnologías. Será que nos hacemos mayores demasiado rápido y pensamos aquello de «cualquier tiempo pasado fue mejor», pero ciertamente me parece una pena que a veces la tecnología, lejos de enriquecernos, nos pueda llegar a limitar. Supongo que cuando hablamos de escribir, literatura, el tema se compeljiza todavía más. Me ha gustado mucho tu entrada de hoy.

  • Poli Impelli

    Hola, Isaac

    Yo todavía escribo a mano. Debo ser una de las pocas «antiguas» que primero escribe todo a mano (no por eso mejor, claro está), y escribí una novela entera también. Así es que me ha llevado casi un año pasarla en limpio, y aún no publico. Salir de mi zona de confort es escribir en la pantalla. En eso estoy, intentando cambiar hábitos para salir de lo conocido.

    Muy buen artículo, como todos los tuyos.
    ¡Gracias!

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