Miedos que trae escribir

Miedos que trae escribir

Todo es miedo. Si uno es lo bastante sincero, la mayoría de lo que nos atormenta mejoraría con una sola cosa: suficiente coraje. Para decir lo que siempre quisiste, para hacer lo que no te atreves (y disfrazas con excusas de todo pelaje). Para lo que sea. Y que sí, que hay mil cosas ahí bailando y fastidiando, pero si no tienes a la enfermedad o al accidente grave sobre ti, lo cierto es que casi toda solución se resume en ese: «suficiente coraje».

Y como todo es miedo, escribir también, está lleno de él como todo camino importante en la vida. Los temores te miran, acechando desde la espesura a ambos lados del sendero.

El miedo es enemigo poderoso, tanto, que no le hace falta ni ser real para vencer, para dejarte ahí parado o haciendo cosas que te dices que son importantes, mientras evitas esa que debes. Así que muchos miedos, incluyendo los que rodean a la escritura son falsos, sí, pero eso da igual.

El meollo de todo esto, porque en esta casa me propuse ceñirme a lo de escribir, es que he aquí, sin orden ni concierto, algunos miedos comunes cuando uno escribe y que tarde o temprano vienen a ponerte otro palo en la rueda.

El miedo a poner todas las ideas sobre la mesa y que se «gasten»

Guardarse esto y aquello para tiempos más perfectos es lo peor que puedes hacer. Para empezar porque esos tiempos no existen y lo que te guardes, así se va a quedar.

Hernán Cortés quemó los barcos (sí, ya sé que no los quemó exactamente, pero digamos que sí en favor del drama). Y fue así, cuando no tuvo más remedio, que conquistó un imperio. Ya ves tú para qué lo hizo y anda que no cometió desaguisados, pero una cosa dejó clara: Al cielo y al infierno se llega por el camino del «todo o nada».

Vuelca todo lo que tengas cada vez o vete a casa.

Cada vez que creo que una idea es demasiado buena para lo que hago, que debería reservarla para algo futuro, mejor, más serio o más largo que aún no he definido (pero «seguro que haré algún día») la uso aquí y ahora, sin contemplaciones.

Hay que tener la confianza de que las ideas no se te van a acabar si le dedicas a la escritura lo suficiente. Hay un montón de vida ahí fuera, aunque no sea muy buena; ella traerá esas ideas, aunque tampoco sean muy buenas.

Más de una vez he pensado: «no escribiré nunca algo tan original como esto o tan bueno como aquello». Y nunca ha sido cierto. Con el tiempo y la práctica te haces mejor, de hecho, eso tan bueno hoy te parecerá un asco dentro de un año. Y si no es así, mala señal.

El miedo a que te copien las ideas, a exponerlas y te copien todo en general

Francamente, puede pasar, al fin y al cabo a la gente también le toca la lotería. Y aunque hay más probabilidad de plagio que de ganar un boleto, va a ser raro que te quieran copiar. Hace mucho una chica me pasó sus relatos y escribía muy bien, pero no los exponía por este miedo.

Lo cierto es que hay tantas ideas que ya sería casualidad que alguien viniera a copiar las tuyas, que fueran las que mejor le parecieron y encima se hiciera rico y tú no. Que eso suceda es una anomalía y no lo habitual, si las anomalías van a regir la vida, mejor no salgas a la calle porque siempre habrá alguna maceta cayendo de un balcón en alguna parte.

Y que, afrontémoslo, no somos tan buenos, tan arrebatadoramente originales, como para que estén deseando copiarnos ahí fuera.

Eso no quiere decir que no registres tus textos en la propiedad intelectual (maravilloso sistema español anticuado y kafkiano) o en otros servicios como Safecreative, pero lo cierto es que más miedo deberíamos tener a que no nos vean por culpa del ruido que a que nos vean y nos copien.

Puestos a tener miedos, que es algo inevitable, al menos tengamos los razonables.

El miedo a la crítica

Mira, en este, ni yo ni nadie te va a decir algo que sirva. No hay escritor que se tome las críticas bien, sólo hay grados de disimulo. Si Hemingway se liaba a puñetazos o mandaba a tomar a sus amigos por donde no les daba el sol, ¿qué podemos hacer los demás?

Hay un pánico a exponerse, hay un pánico a las primeras reseñas cuando llegan, hay un instinto homicida hacia el idiota que te dice que no tienes ni idea, ese que sólo come tochos de Dan Brown o E.L. James en su dieta, pero habla de libros con la sabiduría de los cuñados.

Este miedo sí que tiene una base real. Alguien, alguien que casi nunca hará nada reseñable, vendrá y te dirá que eres un cáncer, sin detectar ironía alguna en la situación. Y como voy a presuponer que eres humano, inevitablemente ese comentario (da igual el nulo fundamento que tenga) será más poderoso que cincuenta críticas positivas. Con esa ironía nos juega la vida.

Supongo que es mejor poner las cosas en perspectiva y pensar esto: que si no tienes críticas es peor, porque significa que no has empujado lo suficiente como para que te vea un número mínimo de gente.

La solución a los miedos

Si la tuviera, ¿crees que estaría aquí? La habría envasado y vendido y yo nadaría en la piscina de oro del Tío Gilito. También mandaría fotos de mis pies de Hobbit desde Barbados o algún sitio que suena parecido. Sólo para amargar de envidia, que la playa me aburre, haría la foto y luego buscaría un bar.

Olvida la palabrería de la autoayuda, sólo está para sacarte el dinero. La vida es miedo, conflicto y pelea. La única forma real de que te afecte (un poco) menos es la exposición. Cuanto más hagas una cosa, más callo crearás y menos miedo tendrás. La clave es «(un poco) menos», porque irse, el miedo no se irá del todo.

Supongo que tiene mucho más valor actuar en presencia de ese miedo y de aquella ansiedad que no tenerlo, pero aunque esto queda bonito cuando lo escribes, es un asco cuando lo haces.

No somos tan relevantes en el gran esquema de las cosas como para ir teniendo tanto miedo, así que hagamos las cosas igualmente. Total, pocas de ellas van a importar dentro de dos semanas.

Me voy a leer.

10 responses

  1. El miedo a las malas críticas… Puf, el caso es que yo escribo para mí, siempre lo hago para mí, a veces incluso para esos seguidores que les gusta lo que escribo, pienso en ellos, para cuidarlos. Pero de repente llega un completo desconocido que me dispara sin misericordia una estrella en Amazon (para decir, sencillamente, “este libro es malo”) y todavía estoy jodida. Es una molestia, como esas lesiones que te duelen cuando hace frío.

    Pero hay que ser profesional, y seguir trabajando. Mucha razón tienen tus palabras 😉

    Besos!

  2. Los miedos dos y tres los supero con una frase que le leí hace tiempo a un humorista mexicano en su blog: Tu auto censura nace de la ilusoria idea de que eres leído por más de cinco personas, así que vamos, escúpelo y vayámonos a casa.

    Del primero, ahí sí sigo peleando todavía con él, pues me da miedo después quedarme sin ideas. A ver si el ejercicio que estoy haciendo me ayuda a superar el miedo a quedarme sin ideas para después.

    ¡Un saludo!

    • Lo he probado y está bien. En España, el mero hecho de crear algo ya te proporciona absolutamente todo el derecho sobre ello.

      El problema viene en demostrarlo en caso de litigio, para eso están los registros de la propiedad intelectual y, por supuesto, los procesos kafkianos y posibles costes.

      El Registro es obviamente válido, pero, en teoría, cualquier otra forma de demostrar fehacientemente que lo tuyo es tuyo en caso de duda, también.

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