Milton Glaser y sentirlo como un trabajo

hope

Pocas veces pasa ya algo interesante por una red social cuando las abro, cada día pienso si las cierro de una vez o no. Pero hoy cruza por delante Milton Glaser y permanecen abiertas al menos una vez más, como si hiciera caso a las señales, como si esto fuera un libro de Coelho.

A sus 89 años, este neoyorquino es uno de los diseñadores gráficos más importantes. Su imaginación moldeó gran parte del siglo XX y el XXI.

Una de sus obras recientes más conocidas, la legendaria imagen de Barack Obama en los 3 colores de la bandera americana y sobre la palabra «Hope», para su primera campaña como candidato a presidente de los Estados Unidos.

Milton Glaser pasa por delante recordando esas verdades como las del esclavo del memento mori a los generales victoriosos que volvían a Roma.

«No existe tal cosa como una personalidad creativa. Como si la gente creativa pudiera simplemente llegar y hacer cosas. Como si fuera fácil. Creo que la gente necesita que se le recuerde que la creatividad es un verbo. Un verbo que consume mucho tiempo. Va de coger una idea en tu cabeza y transformar esa idea en algo real. Y ese siempre va a ser un proceso largo y difícil. Si lo estás haciendo de la manera correcta, vas a sentirlo como un trabajo».

Al final, siempre es así. Habrá mañanas invencibles en las que el estado de flujo se haya dignado mirarte, habrá días de barro y pantanos en el medio.

Pero sea como sea, si lo has hecho bien, cuando mires atrás habrá supuesto un trabajo y un esfuerzo y lo habrás sentido de esa manera.

Y mejor que sea así, porque las cosas valen lo que cuestan. Porque ese valor también se transmite y se siente por parte de quien lo ve o lo lee finalmente. Los pocos buenos valientes agradecerán el tiempo que tú te has pasado trabajando para que ellos pudieran viajar.

Milton Glaser sabe que no hay excusas y tampoco gente creativa, sólo gente que trabaja. Que uno no influye en la cultura, la imaginación y el diseño de dos siglos haciendo cualquier cosa de cualquier manera, ni a golpes de genio ni cuando le place y ya está.

Ese recordatorio de que esto debe parecer un trabajo, y que esa es una buena señal, puede no ser agradable, como no lo era el del esclavo al general romano pero, probablemente, es lo más importante que haya que repetirse cada día.

Así que he de irme a hacerle caso.

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