Muerte al género literario

Géneros literarios

Hoy iba a escribir la cuarta parte de ”Cómo se hizo Perdimos la luz de los viejos días”, una parte que ya se sale de la mera creación de la novela y empieza a meter el pie en otras aguas. Las que hay tras el fin de una historia.

Pero como ya iba por mil seiscientas palabras y subiendo, he decidido parar, cortar y cambiar de tercio.

Así que hoy hablo por separado de uno de los temas que iban incluidos en ese otro escrito. El tema de los géneros literarios, un tema que me “““encanta”””, y por si no hay comillas suficientes, sí, es ironía.

La maravillosa idea de discriminar por género

Cada vez que aflora el tema de los géneros, a mí lo que me aflora es urticaria. Cuando terminas de escribir algo y si quieres mostrarlo a otros, parece necesario encuadrarlo en un género y definir con eso lo que has escrito.

Voy a ser tópico y lo odio, pero yo no creo en los géneros, creo en las buenas historias. Los géneros sirven para lo mismo que los guetos o aquellos asientos para gente de color en los autobuses. Para etiquetar y, paso siguiente e ineludible, discriminar. Poco tiempo después surgen la tiranía y el esnobismo.

Lo que es peor, cuando se construyen y delimitan géneros de manera estricta (como sucede hoy porque es que no nos quitamos la manía) empiezan a nacer historias que intentan moldearse en fórmulas de ese género. Es decir, el proceso natural de escribir se pone patas arriba. Ya no intentas crear una buena historia que resulta que al terminar podrías llamar novela negra o fantástica, muchas historias ya nacen intentando caber en los moldes que se perciben de los géneros, y si es en el supuesto molde del éxito, ”mejor”.

Y así surgen mil aspirantes a ser las nuevas 50 sombras o Crepúsculos y salen historias que ya has oído mil veces, en las que la originalidad quedó en una cuneta con un tiro en la nuca.

Necesitamos etiquetas a ver si comprendemos el mundo, vale, creo que ya lo he dicho por alguna parte de esta web y es que somos así. Además las editoriales necesitan vender con una frase y exigen novelas que se parezcan al éxito de turno, vale. También crean colecciones por géneros y pronto empieza a haber un molde estricto en el que caber, quedando la historia en segundo plano. Puede ser muy buena, puede ser la mayor historia jamás contada, pero es que, ”no encaja con el género”. Y como eso es lo que exigen las editoriales, eso es lo que se intenta escribir muchas veces, porque todos queremos escribir para que se nos lea. Y eso cuando no se ponen de moda y, de repente, todo el mundo escribe y lee un género concreto.

Los géneros tienen una utilidad práctica y es imposible que desaparezcan porque las personas somos como somos, pero eso no quita que yo tenga una opinión. El tema de los géneros tal y como está es aprender a pintar sin salirte de las líneas. Encuadrarse en géneros sólo contribuye a historias aún más “formulaicas” (no está en la RAE pero se entiende) y a que las secciones de las librerías parezcan El ataque de los clones. Y sí, sé que las librerías también los necesitan, pero convertimos a la herramienta en Dios.

Y además yo nunca aprendí a pintar dentro de las líneas y soy muy viejo para empezar. Así que si se me pregunta el género de Perdimos la luz de los viejos días, no puedo dar una respuesta porque no es de ningún género determinado. Inclasificable, supongo y, sobre todo, “¿qué importa?” Buena suerte intentando encuadrarla.

Unos dicen que es novela negra, otros que toca la fantasía, otros que si realismo mágico, monólogo interior, thriller, distopía… Es todo eso y nada de eso, porque intento usar los géneros como un instrumento y sin complejos, hacer de ellos algo a disposición de la historia y para mejorarla. Si quiero cojo temas de cualquier calado porque creo que eso hace mejor lo que estoy contando. O bien uso una premisa de ciencia ficción si me da la gana, ya sea como excusa, contexto o punto de partida para hablar de lo que quiero hablar.

¿Sobre qué escribo? Pues sobre lo único sobre lo que se puede escribir: la vida, la muerte y todo lo que hay en medio. Ni la vida ni la muerte se encuadran en un sólo género que yo sepa, hacerlo con una historia me parece quitarle posibilidades de ser lo mejor que pueda ser.

Por eso cuando se me pregunta el género de algo que escribo he optado por decir: ”besicos, es del género de besicos”. Me parece tan surrealista y útil como amputar la historia para que quepa en una clasificación.

El género parece algo en lo que fijarse más que en la historia, de hecho muchos criban sus lecturas por género y ya importa más que lo que hay escrito (o al menos lo parece). Yo no sé en qué mundo eso es una buena señal, supongo que un mundo en el que oyes topicazos como: ”no sólo es una buena novela negra (o de lo que sea), sino una buena novela”. Al final la tiranía de los géneros ya no sólo contribuye al topicazo en las historias sino también al de las conversaciones sobre historias.

A mí un mundo lleno de tópicos y clones me parece el infierno en el que estoy destinado a quemarme.


P.D. “No sé si se ponen postdatas en un blog” (guiño, guiño, codazo, codazo), pero para quien quiera leer más sobre el tema, este magnífico escrito de la editorial Fata Libelli ahonda en una línea parecida. En los comentarios hasta aparezco y todo.

5 responses

  1. Oye, ¿el guiño me lo haces a mí? Porque yo pongo postdatas cuando me da la gana 😛 Lo mismo que nunca he aprendido a clasificar nada en géneros. En mi blog, en la pestaña donde tengo la lista de lo que leo, vienen clasificadas por orden alfabético, una página por orden según nombre de autor, y otra por orden alfabético según título, por comodidad. De los géneros paso. Para mí Perdimos la luz de los viejos días es una novela corta, y punto. El resto prefiero leerlo a perder el tiempo en clasificarlo. Muy buen post, ya empezaba a pensar que era un bicho raro. Biquiños!

    P.D. Me encanta el nuevo captcha de tu blog.

  2. Buenas tardes…
    No es por molestar, pero a mí el captcha me parece un poco… (no se me ocurre una palabra apropiada, mejor te dejo imaginar una a ti)
    El caso es que encuadrar la literatura en géneros tiene sus pros y sus contras. A alguien que comienza a estudiar literatura no le puedes decir: “Mira, el mundo es una gama de grises. Olvídate del blanco y del negro… La literatura está llena de matices y no puedes distinguir ni discriminar porque es un error.” En principio es necesario que uno sea capaz de discernir entre un tipo de libros y otros; pero, más tarde, debe (también necesariamente) comprender por sí mismo, que la literatura no entiende de aquí y de allí. Se funde con la vida y juega, asimismo, a confundirse con todo género de situaciones dramáticas, cómicas… (¿Por qué siempre ocupa tanto lo poco que digo?) Gracias. Un saludo.

  3. ¡Plas, plas, plas, plas! Coincido al 99% contigo (y dejo un 1% de margen porque no me gusta lo absoluto). Existen las etiquetas, no cabe duda, y muchas historias se ajustan a ellas pero las etiquetas más importantes en las que creer son las que definen las buenas historias y las que no lo son. Creo que una buena historia trasciende los géneros, al contrario que una historia simple, llena de clichés y lugares comunes.
    Así, con brevedad enrevesada me malexplico. Si es que no son horas para intentar comentar nada. Ya no me acuerdo de lo que iba pensando al leerte…
    Resumiendo: sí.

  4. Totalmente de acuerdo, cuando me pregunten sobre mi novela diré que se puede etiquetar como un drama trágico cómico de realismo mágico de ficción documental negra, policiaca e histórica.

  5. supongo que para los no versados es una salida más fácil (a mi me pasa; últimamente menos ^^); es decir, no es fácil saber qué libros son una puta maravilla, por eso se pensará: pues leo novela negra, o fantasía o romántico, porque al menos es el género me gusta y arriesgo menos. pero sí, lo del género limita mucho.

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