No abandones nunca (y otras tonterías que oyes por ahí)

2017 se está muriendo y no sé si cogerle la mano.

Imagino que, como en años anteriores, lo terminaré escribiendo. También que, seguramente, suba el relato que escriba en Nochevieja como llevo haciendo en los últimos tiempos. Al día siguiente, cuando la mayoría duerma, me arrastraré de la cama, comprobaré otra vez que la caja de ibuprofenos está vacía desde septiembre y me sentaré de nuevo ante la pantalla.

Sucede también que estos días, algo más ociosos, los he dedicado más de lo que querría a navegar por Internet y redes sociales. Por ende, a perder el tiempo.

(Todo el crédito para la genial Mo Welch)

La cuestión es que he podido ver que no soy el único cliché, que por todas partes hay reflexiones de fin de año, propósitos que abandonaremos en la gasolinera del 23 de enero… y un montón de consejos de autoayuda.

Yo no sé qué ha pasado, pero últimamente todo es una de esas estúpidas tazas de Mr. Wonderful. Supongo que no debería sorprenderme si hasta las servilletas de mi bar preferido empezaron a mostrar tonterías este verano.

Una de las que veo repetida cada dos por tres es la de «no abandones nunca», o cualquier mutación similar.

Soy el primero que reconoce que la cualidad principal para conseguir algo es la resistencia. Eso es indudable, lo que merece la pena es una maratón y has de caminar cada día. Cualquier otra cosa es engañarse.

Pero por qué se confunde eso con ser tonto perdido escapa a mi comprensión.

No abandones nunca es una regla absoluta, sencilla, clara y que suena bien. Así que tiene todas las características que indican que, para lo verdaderamente importante, ha de ser falsa por necesidad.

Lo que importa de veras nunca es absoluto o sencillo, ni mucho menos claro y, la mayoría de veces, no suena bien. Como no suena bien dedicarse a algo cada día, generar un hábito, comprender el papel del azar o dejar de creer en hadas y talentos.

Durante mucho tiempo yo estuve poseído por esa noción para no abandonar nunca un libro. Lo cierto es que hay libros malos a patadas y libros que son buenos y no encajan contigo. La vida es demasiado breve para eso y hace tiempo que me di permiso para abandonar uno que hubiera empezado.

Esa fue una de las mejores decisiones de mi vida y permitió que entraran otros libros que sí llenaron (un momento al menos) ese hueco de forma indefinida que tenemos ahí.

Lo mismo ocurre con los proyectos.

He abandonado proyectos de escritura, más de los que puedo contar. Son fantasmas a medio hacer metidos en un cajón que igual gimen por la noche, no lo sé, no puedo oírlos con el sueño profundo que me dio terminar otros, gracias a que abandoné a los primeros.

Es la vida. Ella también abandona cuando le place, así que mejor tomar ejemplo.

Abandonar de manera inteligente es una de las mejores habilidades que uno puede cultivar y lo que ha permitido a un montón de gente hacer un montón de cosas importantes.

Quedarse en callejones sin salida, intentando abrir el muro que hay delante a cabezazos no tiene nada de Wonderful, excepto porque el trauma cerebral puede conseguir que empieces a hablar como una de sus tazas.

¿Es una cuesta? Subiré a ver qué hay al otro lado. ¿Es un terreno difícil? Bien, perseveraré. ¿Es un muro que puedo rodear? A ver por dónde. ¿Es un callejón sin salida o no tengo ya una pasión verdadera? ¿Ha llegado simplemente ese momento en que todo se acaba?

Pues voy a abandonar, y orgulloso de hacerlo.

Yo he abandonado mucho desde que me di permiso para hacerlo, y no abandonaré nunca el abandonar. Porque el farol de la Nochevieja ya aparece por el camino y se ve incluso a través de la niebla que hay hoy ahí fuera.

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5 respuestas

  1. Hermosa reflexión, Isaac
    Me gustan las reflexiones, no lo puedo ni lo quiero evitar.
    La tuya me ha conectado con una frase que más o menos dice: el hombre antes de atreverse a “hacer”, debería aprender a “no hacer”.
    Porque hacemos tantas cosas inútiles, de forma automática e inconsciente, que merecería la pena aprender a “no hacer”, es decir a “abandonar” ciertos hábitos, costumbres o decisiones para permitir la entrada de “aire fresco y respirar” de forma “consciente” y no “mecánicamente”.
    Personalmente, me gusta más la palabra “voluntad”, que la de “resistencia”, ésta me recuerda a la Ley de la palanca, pero es cuestión de gustos.
    Un saludo venturoso y ventoso desde Barcelona.
    Por cierto, si la caja de ibuprofenos está vacía desde septiembre, es buena señal.
    Un abrazo, te espero en Nochevieja.

  2. Hola, Isaac.

    Hacía unos meses que no me dejaba caer por tu blog. Acabo de compartir tu artículo en mi muro de Facebook.

    Interesantes reflexiones las tuyas como siempre. A mí, al igual que a Ana, me encantan las reflexiones y me gustan los textos que te hacen mover las neuronas (sobre todo, viendo la cantidad de estupidez que nos rodea por todas partes. Y más si te das una vuelta por muchos canales de televisión).

    Decía el famoso explorador Ernest Shackleton, cuya capacidad extraordinaria de liderazgo se estudia en universidades de todo el mundo, lo siguiente: “Resistir es vencer y además hay que ser condenadamente optimista”.

    Pienso que el optimismo y la esperanza son vitales al igual que el ser constante y resistir. Pero también estoy de acuerdo contigo en que hay que saber abandonar, hay que saber retirarse a tiempo. Y no nos enseñan desde niños a eso (al igual que no nos enseñan desde críos un montón de cosas esenciales que nos vendrían muy bien para andar por la vida y capear tantos temporales como se nos vendrán encima).

    En España, al contrario que en Estados Unidos, el fracaso está muy mal visto y abandonar se ve como una derrota o una vergüenza cuando en ocasiones desistir es lo que nos salva y lo que nos permite no quedarnos atascados como bien dices, buscar nuevos horizontes, abrir otras sendas.

    Feliz Nochevieja pasada por letras y feliz Año Nuevo 2018.

    Un abrazo literario desde Oviedo.

  3. Soy de los que termina la lectura de los libros que he iniciado contra viento y marea, aunque el libro sea un bostezo.
    Leí que Borges decía, si un libro no te gusta, es porque no fue escrito para ti. Sin embargo, a pesar de estas atinadas reflexiones, insisto en terminar todas las lecturas que inicio. El no hacerlo me da la incómoda sensación de dejar círculos abiertos. Aunque como bien dices, reconozco que esos esfuerzos por cerrarlos son inversiones de tiempo que podría utilizar en algo más productivo o entretenido. Voy a modificar este hábito auto-impuesto poniendo siempre delante el inquebrantable y más convincente argumento, aprovechar el tiempo.
    Gracias por la reflexión.

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