No es vida para tímidos

El mundo no lo heredarán los tímidos

Y es una putada, porque tengo una relación de amor-odio con la atención. Yo sólo quiero sentarme y escribir y también que me lean, claro. Y ya. Por lo demás, muchos de los momentos en los que me dejan en paz se parecen bastante a las cosas buenas.

Hace poco hojeé un libro sobre el “poder” de la introversión (y yo pienso que soy malo con los títulos). Iba de que los introvertidos tienen un papel, han de estar orgullosos de sí mismos, son mejores para ciertas cosas y razonamientos… Una reivindicación y todo eso, algo destinado a hacer sentir bien a los que no hablan (hablamos, supongo) muy alto.

Y no dudo de que tenga razón la autora, pero, la verdad, la vida no es, literalmente, para los que no hacen ruido. Podía haber ido a preguntárselo a los pasajeros ingleses del Titanic, aunque no sé si hubiera podido, porque murieron en mayor número que los norteamericanos por una sencilla razón.

Guardaron cola y la respetaron, mientras que los americanos se colaban agarrando cada espacio de bote que quedara.

“Be British, boys, be British”, les dijo el capitán a sus hombres, viendo cómo se comportaban éstos. Y lo fueron, muriendo con dignidad y coraje. Pero murieron, que supongo que al final es lo que más cuenta, porque ser bueno nunca lo hizo suficiente.

En cualquier grupo de personas son los radicales, los que más ruido hacen, los que no tienen miedo de empujar y pisar son los que acaban dominando dicho grupo, ya sea en la luz o en la sombra.

En todo grupo los moderados suelen acabar ahogados por los que más gritan o dan un puñetazo en la mesa, incluso cuando éstos son minoría. Los moderados no creen que la solución sea el conflicto, no se encuentran cómodos en él y nunca aprendieron a pelear, porque, al ser tan civilizados creen que “luchar no es la respuesta”. Pero se escapa un pequeño detalle, los otros sí lo creen, así que los moderados ceden para que el mal rato termine, para que no haya consecuencias peores si no se hace caso a los que gritan. O simplemente, los que empujan no tienen ningún problema en arrinconarlos en una esquina.

La vida parece querer, literalmente, acabar con los tímidos, que hasta son más propensos a infecciones.

Supongo que es un proceso natural, la vida sólo tiene el objetivo de fotocopiarse, así que las mayores probabilidades no las tienen los que hablan bajito.

Aquellos que se quejan más y de manera más insoportable suelen ser atendidos primero, independientemente de la urgencia de su problema. Al final, gritar y empujar funciona, porque el ruido genera atención.

También produce una escalada donde es necesario hacer cada vez más ruido para atraer un poco más de atención. Eso lo convierte todo en más insoportable poco a poco. Al fin y al cabo la culpa es nuestra, hemos condicionado a los idiotas a que ser idiota compense.

Así que no, a pesar del consuelo que algunos intentan, el mundo no es herencia para tímidos, ni introvertidos, ni quienes prefieren el frío de estar solos al calor de los focos.

Y sí, sé que alguna vez puede ser la excepción, pero no es la ley.

2 responses

  1. No puedo evitar volver a este artículo, de vez en cuando, porque me recuerda a mi y porque cuando lo leo de nuevo también me recuerda lo difícil que ha sido llegar a la edad adulta (bueno, a veces no tengo claro el haber llegado…) y mantenerse en ella como si no hubiera sido la mayor proeza de mi vida, es decir, sin parecer una persona introvertida, sin que se note…

    “No es vida para tímidos” es como un título de película, un poco del estilo de las que interpreta Ricardo Darín, en las que un hipotético protagonista rememoraría su infancia, alternándola con escenas del presente, mientras narra su increíble transformación de niño tímido a hombre audaz, haciéndonos comprender, a través de las reflexiones de tu artículo (a modo de guión) lo duro que ha sido para él y cómo pudo darse semejante cambio.

    Gracias, Isaac, prométeme que nunca abandonarás tu blog, pese a tu fama como escritor de éxito (porque prometo odiarte, y mucho, si lo haces). Firmado: Una admiradora (no muy humana según tu sistema de reconocimiento de CAPTCHA…)

    • Escritor de éxito… Me queda demasiado hasta llegar ahí, de manera que puedes estar tranquila por eso. De todas maneras, si quieres empezar a odiarme de manera preventiva, siempre es mejor que ser indiferente.

      Y nadie ha llegado a la edad adulta, simplemente fingimos.

      Gracias a ti por tus buenas palabras y ese odio en potencia.

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