No tengas un empleo si quieres escribir bien

Gustave Flaubert

Aunque los viejos tiempos no se parezcan a los de ahora, los escritores siempre se han enfrentado a los mismos gigantes que son molinos de viento.

Uno de ellos es tu madre preguntando si vas a encontrar un empleo decente de una vez.

La hoja en blanco, el síndrome del impostor, la imposibilidad de publicar… Ese titán emerge como una sombra y oscurece a todas estas minucias.

A la tierna edad de 28 años, Gustave Flaubert ya tenía algunos libros bajo el brazo, pero carecía del reconocimiento que alcanzaría más tarde. Flaubert gustaba de viajar y, a pesar de vagar por Oriente Medio y que tuviera la enorme suerte de vivir sin WhatsApp ni Twitter, las cartas de su madre, preguntando si no se iba a convertir de una vez en un hombre de provecho, seguían encontrándole.

«Un pequeño empleo», decía ella, uno que le diera más respetabilidad social y una situación económica estable.

Este es un extracto de la respuesta de Flaubert:

Te respondo ahora acerca de algo con lo que pareces disfrutar volviendo una y otra vez sobre ello, y que no puedo entender. Nunca te faltan cosas con las que atormentarte. ¿Cuál es el sentido de que debo tener un empleo? «Uno pequeño,» dices. Primero de todo: ¿qué empleo? Te reto a encontrarme uno, a especificar en qué campo, o cómo sería. «Uno que no te quite mucho de tu tiempo y no te impida hacer otras cosas.» ¡He ahí el engaño! Eso es lo que Bouilhet se dijo a sí mismo cuando se dedicó a la medicina. Lo que yo mismo me dije cuando empecé derecho, lo que casi me provoca la muerte por rabia contenida. Cuando uno hace algo, debe hacerlo bien y al completo. Esas existencias bastardas donde vendes sebo por la mañana y poesía por la noche están hechas para mentes mediocres —para esos caballos igual de buenos para montura y carruaje—, la peor clase, la que no salta una zanja, ni tira de un arado.

Me parece a mí que uno trabaja por dinero, honores o para escapar a la ociosidad. Eso garantiza, querida (1) que me mantenga lo bastante ocupado como para no tener que salir a buscar algo que hacer (2) si es una cuestión de honores, mi vanidad es tal que soy incapaz de sentirme honrado por nada: una posición, por alta que pueda ser (y que no es de la que hablas) nunca me dará la satisfacción que obtengo del respeto a mí mismo cuando he conseguido algo bien a mi manera. Y por último está el dinero. Cualquier trabajo o trabajos que pudiera tener no marcarán mucha diferencia en mis ingresos. Sopesa todas estas consideraciones, no golpees la cabeza contra una idea hueca. ¿Hay algún lugar en el que estaría más cercano a ti, más tuyo? ¿Y no es una de las principales metas de la vida no estar aburrido?

Al parecer, funcionó, Flaubert encontró, no solo le most juste, sino completar la quimera de callar a tu madre sobre el tema.

En una nota al pie de página de sus cartas, entre 1830 y 1857, se lee sobre el asunto: «Parece que ya no hay más sugerencias.»

Curiosamente, poco después se cruzó en mi camino una entrevista con el músico Brian Eno. Su recomendación principal, a la hora de hacer el mejor trabajo creativo posible es esta:

«No tengas un empleo.»

Después decía que le invitaban a dar charlas en escuelas de arte, pero solo lo hacían una vez, no entiendo por qué.

Suele pasar con las verdades, aunque estos no son los tiempos de Flaubert. Ni siquiera los de Hemingway, a sueldo esporádico de un periódico y a tiempo completo agarrado al fideicomiso de su mujer:

«Pero es que así era París en los primeros tiempos, cuando éramos muy pobres y muy felices.»

Sin embargo, a pesar de que ya hablé de lo de dedicarse íntegramente a escribir (ficción), hay una verdad profunda en todo esto, en Flaubert, en Eno, en el mejor arte posible del que seas capaz. Una verdad ientre el barro de las malas interpretaciones. E incómoda, claro, como casi todas.

Lo peor es que esa verdad encierra la clave imprescindible para que la escritura (el arte) sea todo lo bueno que pueda ser.

Pero esto se está alargando, así que, mejor dejarla al fondo de la mina al menos de momento, pues explicarla bien (para que se malinterprete de todos modos y me vuelvan a llamar radical) merece más que un par de párrafos.

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13 respuestas

  1. …sin embargo, sin embargo…
    Admito que un trabajo fijo, en especial si no te gusta ni puedes crear nada con él (hacer lo que quieras, explorar) mata la creatividad y las ganas de vivir incluso.
    Pero que no nos consuma el mito: el mito del escritor que es grande, y bueno y have buen arte precisamente porque puede estar todo el día dedicándose a ello.
    Ojalá yo pudiera. Y como yo, cientos y miles. Pero no todo el mundo puede, y quien no puede no debe dejarse engullir por el mito del escritor (o artista) 24 horas. Porque entonces sí que no va a hacer nada.
    Mientras no podamos vivir el mito lo seguiremos adorando. Y haciendo arte en los resquicios que nos quedan.
    Y sigo encantado con lo del caballo.

    • Esa es la cuestión que comentaba sobre lo de dedicarse a escribir en el artículo que enlazo.

      Porque además puede ser un mito dañino, y al final no estás todo el día escribiendo, aunque lo tengas para eso.

      Un saludo.

      P.D. Lo del caballo es bueno, sí. Más cierto de lo que parece.

      • Yo no lo propongo, como decía en el artículo al respecto que nombro en este post, y en el que hablé sobre el tema y mi experiencia propia, me parece una entelequia.

        http://www.hojaenblanco.com/dejarlo-todo-para-dedicarse-a-escribir/

        Sería ideal, como ideales eran las vidas de algunos escritores, nacidos en la comodidad de no tener que trabajar, o con tendencias tan suicidas como para estar dispuestos a las penurias (Bukowski y compañía).

        Como toda entelequía, es lo perfecto, pero no lo viable, no lo que han hecho la mayoría.

        Efectivamente, haríamos el mejor arte posible, mejor sin duda que trabajando ocho horas en la rueda del hámster, pero yo soy un hámster con la desagradable manía de comer, y esta es una vida con la desagradable manía de ser real.

        Un saludo.

  2. Esa sería la situación ideal, pero lamentablemente tenemos que comer mientras llega el Nobel, je, je, je… Me parece un buen apunte para despejar la cabeza de pájaros. Vivir de la escritura está reservado a muy, pero que muy pocos. A lo sumo, algunos pueden tener profesiones que le permitan compaginar, como periodismo, presentador de televisión, famoso… El mismo Stephen King tuvo que penar con su escritura mientras trabajaba en una lavandería. ¡Saludos!

    • Casi todos los escritores, incluidos la mayoría de maestros, tuvieron empleos. Efectivamente son apuntes para despejar la cabeza, aunque es cierto que encierran una verdad incómoda, y es que el empleo mata la creatividad, el tiempo, la posibilidad de ser el mejor que puedas ser, simplemente porque impide la dedicación necesaria.

      Y es que esas horas de práctica deliberada son muchas más de las que parecen, si es que quieres ser mínimamente bueno.

      Un saludo.

  3. Hola, Isaac.

    Comparto la idea de que para ser bueno o excelente en un arte, es condición necesaria (pero no suficiente) poder disponer de todo el día para uno. Sin embargo, como ya apuntó otro comentador o comentarista, la desgracia es que debemos trabajar si queremos vivir. Nadie te va a regalar la comida, la ropa, el calzado… esas cosas tan prosaicas y, al mismo tiempo, tan fundamentales.

    Recuerdo tu artículo de marzo en el que hablabas de un autor neoyorquino que tardó veinte años en destacar y que cuando logró tener todo el día para escribir no hacía nada o muy poco.

    Disponer de todo el día es muy goloso y un arma de doble filo: puede hacer que te concentres en la literatura a tope (es verdad que nadie está todo el día escribiendo) o que te disperses con mil y una cuestiones y actividades de ocio.

    Hace años fui a una conferencia de un profesor español que lleva un montón de años enseñando en Alemania (creo que en Berlín) y me llamó la atención cuando comentó que allí había residencias para jóvenes que querían dedicarse todo el tiempo a una actividad artística y el Gobierno les daba una cantidad de dinero con el fin de que no tuviesen que preocuparse por su manutención.

    • Está claro que el tiempo solamente no arregla nada. En el caso de Viet Thanh Nguyen, lo que pasó, más que no hacer nada, es que todo ese tiempo, obligándole a mirar la escritura y nada más, le reveló que, en realidad, se creía un gran escritor cuando no estaba preparado todavía.

      Y uno puede ser un artista famoso que tu madre siempre te dirá que te busques un trabajo decente 😉

      Un saludo.

  4. Para cualquiera, incluido yo, sería un sueño hecho realidad que en España sucediese lo mismo que en Alemania.

    Por otra parte, muy buena la respuesta de Flaubert. Aunque es cierto que debería haberse puesto en el lugar de su madre porque es muy normal que ésta se preocupase por él (sin ocultar que su madre también debería haberse colocado en los zapatos de su hijo). Es el eterno toma y daca entre los padres y la descendencia, entre las ilusiones y el mundo circundante, entre los adoquines y las aspiraciones.

    Por cada Flaubert o Pérez-Reverte, ¿cuántos anónimos se van por el sumidero? Muchos.

    Un saludo literario desde Oviedo.

    • “Por cada Flaubert o Pérez-Reverte, ¿cuántos anónimos se van por el sumidero? Muchos”.

      Churras con merinas. Pérez-Reverte es un escritor mediocre. Flaubert era un escritor genial.

  5. Hola Isaac, primero decirte que hace poco que te leo pero que me encantan tus reflexiones, aunque en este caso no entiendo el por qué de tu aparente cambio de forma de pensar, es decir, siempre abogas por la vida real del escritor, advirtiéndonos, entre muchas cosas, sobre el error de confiar sólo en nuestro posible talento o revelándonos, entre otras más, la aunténtica e icebérgica ( de iceberg) vida del escritor donde solo un 10 % de su trabajo es digno de ver la luz, pero en este caso te olvidas de la objetividad y te pones del lado del mito, porque por muy Flaubert que se sea ¿no sera igual el numero de escritores, que tampoco habrán llegado a nada, que habrán escrito cartas a sus pesadas madres, para que dejen de presionarles sobre sus quehaceres, que los mismos que no se habrán esmerado en el intenso y necesario trabajo basando su escritura en el talento (por ejemplo)?

    Yo, personalment y desde la más absoluta ignorancia, no estoy de acuerdo en este tema de la dedicación absoluta, y no hay mas que fijarse en los ejemplos de las grandes mentes de la humanidad: Eisntein dio con su teoría trabajando en la oficina de patentes y Newton paseando bajo un manzano, y es que, por lo menos eso creo yo, en esos momentos donde el trabajo, el esfuerzo y el empuje choca, irritantemente, contra una inevitable saturación lo mejor es desconectar, dedicar la mente a otros menesteres que generen otras ideas que puedan agrietar esa saturación y aprovechar esas pequeñas aperturas para atravesarla y sumarse a las ideas preconcebidas y generar nuevos puntos de enfoque.

    Pero bueno,después sólo es una humilde opinión de alguien que poco sabe del tema.
    Enhorabuena y gracias por tus sabias palabras.

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