Nuevo relato publicado: Julia, a la que sólo conocí una noche

Hacía tiempo que no veía un relato mío impreso en papel o pantalla, como decía en Twitter, es un amor que tengo un poco desatendido, al menos en cuanto a publicación.

Todo esto para decir que mi relato «Julia, a la que sólo conocí una noche», aparecerá incluido en la Antología Generación Subway (volumen II) de la editorial Playa de Ákaba. Más de seiscientas páginas para recuperar un poco este género que, ya se sabe: no vende, no cuaja, no etcétera, pero a mí siempre me gustó, lo practico y lo leo, un buen cuento es una delicia difícil de superar.

Tengo claras pocas cosas y cada día menos, pero una cosa sí sé, que mi objetivo es escribir lo que me dé la gana, no hay otra manera de hacer esto. Y si lo que escribo va viendo la luz a través de editorial o mediante publicación propia, pues genial. Y mientras, eso, escribir lo que quiera. No aspiro necesariamente a llegar a muchos, pero sí a llegar hondo a unos pocos.

La antología se va a presentar oficialmente en unos días dentro del festival literario Getafe Negro, que ahora mismo se está perpetrando por tierras madrileñas (más detalles del acto, aquí). Yo no iré, pero me han chivado que está bien y cerca tiene que haber cerveza.

Como curiosidad, he aquí el comienzo del relato.

Julia, a la que sólo conocí una noche

Vivo en una constante resaca de ella, doliendo ahí al fondo y sin pastilla que la calme. A veces el alcohol consigue echarla, porque esas dos resacas comparten el mismo sitio, pero el tributo por beber es muy alto ya, estoy en esa edad en la que cuentas los años como meses y los días como suspiros. Pensaba que siendo viejo te curabas de todo eso que antes te parecía tan importante, pero del capricho de Julia, al parecer no. A mí es que ella me pilló muy joven, todavía con cosas en las que creer, como que el mundo era mi campo de juegos y que si hacía lo que amaba, me salvaría. Por eso cada día me levantaba y a la luz de la mañana, fuera cálida o fantasmal, escribía.

Un día, cuando empecé a ser menos mierda en lo que hacía, pensé: «Quizá no llegue a nada, pero al menos el sol me sorprenderá cada día haciendo lo que siempre quise. Eso tiene que valer». Estaba tan orgulloso de esa frase estúpida, que la encajé en la historia que estaba escribiendo y seguí pensando que allá en la cima estaba todo lo que siempre deseé. Ignoraba a los miles de soñadores muertos por el camino de la escritura, mordidos y escupidos por esa noción romántica de las cosas. El sendero de los sueños es un campo de batalla al terminar, de tanto cadáver que hay, pero a mí me gustaban las historias de esos escritores que aman mucho su arte y tienen hambre y antes del éxito conocen muchas penurias y pasiones furtivas. A éstas les haces el amor en una cama llena de chinches, en un ático en París, en aquellos años veinte que fue cuando mejor se escribió. Esa visión romántica de la desgracia me era necesaria, mi historia personal sería resurgir del abismo justo cuando fuera a cerrar los dientes sobre mí. Malditos Miller, Hemingway y Joyce, maldito Cortázar y maldito el maldito París. Maldita cabeza que pensaba que triunfaría donde todos fracasaron.

Así que de joven me destrozaron dos amores, el de la escritura y el de «Julia-a-la-que-sólo-conocí-una-noche-y-bastó». En cuanto al primero, dejé de escribir y fue un alivio. La verdad es que el sol no me encontraba haciendo lo que amaba, el sol se reía de mí y yo era su payaso, como todos esos que se afanaban por sus sueños tras otras ventanas. Pero Julia, a la que sólo conocí una noche, siguió doliendo ahí donde se me clavó.

Continúa en Generación Subway (volumen II)

Relato Julia a la que solo conoci una noche

4 responses

    • Al final, intentar escribir para que muchos te lean o intentar escribir para vender o para el «éxito» es una tontería. Las probabilidades de que algo así ocurra son demasiado bajas como para considerarlas razonables, así que mejor escribir lo que salga o lo que siempre quiso uno.

      Total, si ha de sonar la flauta, más o menos tendrás las mismas probabilidades de que ocurra.

      Y sí, yo siempre quise llegar hondo a algunas/os.

  1. Lo bueno de los libros es que puedes conectar con los mensajes e ideas de otros que jamás has conocido en persona. Ahí radica la gracia de tener una voz propia con la que expresarse.

    Recuerdo que una vez Neil Gaiman dijo algo como “el público para el que escribo soy yo mismo, sólo que una versión alternativa de mí que no se dedica a escribir”. Y, como bien apuntas, qué menos que decir aquello que te interesa sin estar pendiente de la popularidad del tema, ¿no?

    • Al final es así, uno «prostituye» lo que quiere escribir a veces, cuando empieza a pensar demasiado en qué venderá, qué gustará… Ya he dicho aquí más de una vez que ese es un juego que siempre se pierde, pues nunca puedes adivinar la mente del otro, de hecho, es probable que, creyendo que la lees, falles más que si no lo intentaras.

      Al final, escribir lo que a uno le dé la gana, es la única conclusión y «estrategia» lógica en este «juego» loco que es la escritura.

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