Otro breve apunte sobre el poder del lenguaje

El poder del lenguaje de nuevo

Tras hablar la semana pasada del poder del lenguaje, incluso sin componer una historia, me han preguntado si hay algún ejemplo más.

No hay alguno, hay docenas y de todo tipo, la mayoría fascinantes. Pero dejo sólo un breve apunte adicional para acentuar el tema, porque si no, me extendería hasta los confines de un libro.

Uno de los mayores poderes del lenguaje es hacer que una misma cosa sea distinta.

Me explico.

Tversky y Kahneman (Nobel de Economía en 2002) ya estudiaron en esos mal añorados años 80 cómo, dependiendo del lenguaje utilizado, se puede influir en las decisiones de la gente.

Un ejemplo es elegir entre una medicina A que tiene el 33% de posibilidades de salvar a 600 personas y un 66% de no salvar a ninguna, o elegir una cura B que tiene una probabilidad del 33% de que nadie muera y, por extensión, un 66% de probabilidad de que mueran 600 personas.

En realidad, es exactamente la misma decisión, simplemente se ha usado un lenguaje diferente para expresar el problema. En el primer caso, se resaltan las cualidades positivas con un lenguaje centrado en «salvar». En el segundo, se enmarca la situación de manera más sombría, con verbos que hacen referencia a la muerte.

A pesar de ser lo mismo en la práctica, el tratamiento A fue elegido por el 72% de los participantes, mientras que, cuando se expresaba de la segunda manera, apenas un 22% se arriesgaría.

Y estamos diciendo lo mismo, pero vestido con un lenguaje diferente.

Este no es un estudio aislado y no repetible, como pasa con muchos en la psicología social. El poder del lenguaje para enmarcar una situación de manera positiva o negativa, e influir en otros, es algo que se ha visto una y otra vez.

Puedes exponer una misma situación resaltando con el lenguaje, según la percepción que quieras que el otro tenga de la situación. Con la mentalidad influenciada por el lenguaje, también tomas el control de sus decisiones.

Como vemos, el lenguaje no es neutral y moldea la realidad porque, en este mundo de engaños, la percepción es la realidad.

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