Pedazos a ninguna parte

pedazos de escritos a ninguna parte

La cantidad de pedazos sueltos de escritura que acumulo por todas partes me supera. Siempre me digo que tengo que volver sobre ellos, al menos sobre algunos, pero también digo eso de toda mi colección de música y ahí está sin tocar. Cada día que pasa todo crece y hace más imposible la tarea. Es como un Diógenes de palabras tiradas por ahí y música que se me olvida.

Escribo cada día y la mayoría de eso es malo, como debe ser. Escribo pedazos hacia ninguna parte, sin poseer el principio-nudo-desenlace que te enseñan pronto en la escuela. Nunca verán la luz y están desperdigados por libretas de papel, discos duros, llaves usb, viejos ordenadores al fondo del armario y diversas aplicaciones online. En muchas de ellas ya no entro y aunque recordara cuáles son, no recordaría la contraseña para acceder.

La mayoría de lo escrito son destellos, pedazos de cosas sin terminar, que me miran desmembradas como las creaciones de un científico loco que no las quiso suficiente como para acabarlas. No es eso en realidad lo que sucede, pero lo parece.

En honor de todos los que nunca verán la luz, he aquí uno de esos pedazos de nada que he encontrado y que a veces escribo porque, simplemente, es lo único que hago todos los días. Recuerdo que todo vale en esto, que aunque lo que escriba sea malo, al final de esa escritura yo seré un poco mejor. Creo que algo así dijo Ed Wood y le llamaron el peor director de la historia del cine. La gente no tiene ni idea.

Este pedazo no tiene título, igual que no tiene sentido, principio o final, es simplemente un momento de escritura y ya.


Hoy un puñado de niños ocupaba, con su ruido y su jolgorio, parte de la biblioteca a la que a veces voy, no sé qué hacen, en ocasiones vienen una hora y creo que les leen cuentos o algo. Eso me ha empujado a la sección de los periódicos y revistas, donde nunca me había sentado. Los asientos de esa parte estaban más sucios, pero he pensado: parecen más cómodos, están acolchados. Al principio estaba solo y me han empezado a rodear personas viejas, los últimos lectores de periódicos. Se han sentado delante, a izquierda y derecha, como si intentaran acorralarme, detrás no, porque soy como los tahúres tramposos, yo me pongo de manera que tras de mí sólo pueda haber una pared y no un disparo a traición. Una señora escondía mal la falta de ducha bajo colonia rancia y ese olor parece ser común en este territorio nuevo. No es dejadez, es el olor del miedo. La señora parece sola, nadie la ha acompañado a la biblioteca a leer el periódico. Cuando llega el tiempo en que tienes que hacer eso, todo se vuelve difícil y la ducha se vuelve un enemigo terrible. Un pequeño resbalón y allí te quedas, desnuda cuando ya nadie ha de verte más así, sin poder pedir ayuda y esperando a que llegue la muerte o algo peor, porque no te puedes mover y duele demasiado. Al final te mueres, helada y habiendo visto amanecer y anochecer un par de veces y lo que es más terrible, lo haces aún más indefensa y más desnuda que cuando naciste. La mujer vino y se fue sin que llegara a importar, me aislé con los auriculares y la música. Después, el hombre mayor de al lado que la sustituye lee el periódico y éste tiembla, porque la mano con la que lo coge tiembla. Todo son viejos en la sección de los periódicos y también hay un sin hogar y los asientos están sucios y huele un poco mal allí. Huele a rancio y pre-muerte y yo siempre he sido un tiquismiquis con los olores. Huele como huele el pasado, que lo metiste en el armario pensando que ya te lo pondrías y se echó a perder.

Un montón de niños han ocupado mi lugar, me han empujado al de los viejos. Muy premonitorio todo.

Hoy la literatura ha muerto y ya ni la vida se esfuerza en emplear metáforas sutiles. Para qué, si no consiguen hacerse entender o que la chica sonría o que importen algo, que marquen una diferencia.

6 responses

  1. Hola, Isaac.

    También en la Biblioteca Pública de Oviedo la mayoría de las personas que leen periódicos y revistas son mayores (no me gusta nada la palabra “viejo”. Y no es por ser políticamente correcto, sino porque me suena despectiva. Y sé que tú no la has escrito con esa intención).

    Tu texto me ha gustado, está muy bien. Sobre todo, el final de un párrafo y el párrafo final.

    En cierta forma, me ocurre como a ti: tengo varios principios de historias que pueden dar mucho de sí, pero no me centro en ninguno. También confieso que debería escribir todos los días y no lo hago. Solo muy de vez en cuando.

    Decía Cortázar que hay que escribir mal para escribir bien. Así que en ese sentido te confirmo que vas por el buen camino.

    Ánimo y adelante. Nunca desistas. Y como decía hace algún tiempo Gabriella céntrate en una de las historias y no empieces nada hasta que la hayas acabado. Es la mejor forma de poder llegar a construir algo sólido y que merezca la pena.

    Un saludo literario y metaliterario desde Asturias.

    • Bueno, este pedazo era ficción, nada más que ficción vieja con viejos. Yo no veo que llamar a algo viejo suene despectivo y a veces me suena incluso a lo contrario, hay cualidades en lo viejo que son superiores a las de lo nuevo. En cuanto a creación, Gabriella tiene razón y ya lo he dicho más de una vez, yo siempre he admirado a los que acaban, porque empezar lo hacen todos, pero terminar es de héroes.

      Sin embargo también abrazo el caos y mi manera particular de escribir, he aprendido que me va mejor que intentando seguir a rajatabla métodos que le funcionan a otros y a veces se consideran como mandamientos escritos en la piedra. Mientras acabo lo más largo, necesito que salgan otras cosas, escribirlas, para que queden ahí atrapadas y dejen de molestar y me dejen terminar lo otro.

      Otro saludo para ti.

  2. Estoy de acuerdo con Alberto: la única forma que conozco de evitar perderse para siempre en ese “Diógenes de palabras” es apostar por uno de ellos y sumergirse en él. A continuación releo una y otra vez mis otros “pedazos” aparcados y olvidados, y permito a mi inspiración encajar algunos de ellos en el texto que surja de ese primero. De ese modo se puede crear un rompecabezas, en ocasiones sorprendente, donde el trabajo de muchos años empieza a cobrar sentido. Nada se hizo en balde, aunque en el resultado final todo acabe cambiando de forma.
    Gracias, como siempre, por compartir tus reflexiones y sensaciones, Isaac. Haces que quienes escribimos nos sintamos parte de una gran familia, y mucho menos bichos raros.

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