Perder lectores es lo mejor que te puede pasar

perder lectores

Todo el mundo intentando vender la fórmula mágica para obtener lectores, y yo pensando que, lo mejor que te puede pasar, es que los pierdas.

Me resulta fascinante que ciertas personas me lean, de veras. No podrían ser más opuestas en cuanto a formas de pensar y, lo que es más importante, no tocaríamos ni con un palo nuestras respectivas listas de lectura.

Pero, por algún motivo, me leen (de momento) y luego esto o aquello no les encaja y te lo dicen subrepticiamente. A mí, lo que me fascina, es que les haya encajado algo.

También suele ocurrir, al menos si amas un poco las largas horas escribiendo, es que cambias si tienes la suerte y la habilidad. Los temas del principio no son los de ahora, así que, algunos de los que te leían, especialmente por la superficie (o por esa tontería llamada «género» en el que alguien te encerró una vez) fruncen el ceño.

Perder esos lectores es lo mejor que te puede pasar, en un proceso de criba hasta quedarte con los que conectan con lo importante. Que no es lo que se ve o lee o el género o la trama, sino lo que corre por debajo de la dermis, con esa pequeña descarga que viene todavía desde más hondo.

Conectan hasta que un día se marchen ellos también, claro, porque de nuevo has cambiado.

Una cierta parte de quien se pasa por aquí cree que ofrezco alguna enseñanza sobre la escritura y que esta web «va de eso». No, en absoluto.

A veces comparto lo que creo sobre la escritura o lo que me gusta y pienso que es bueno, pero yo no tengo ni idea. Esta es la esquina de mi obsesión, soy esos predicadores subidos a una caja de naranjas puesta del revés, soy esos por los que cambias de acera.

Así que, los que esperan métodos y trucos y consejos y enseñanzas también se decepcionan, porque las expectativas son así. Y se marchan, o dicen que no entienden nada y que no es muy bueno.

Perder a la gente que espera esas cosas de ti es liberador en todos los sentidos, especialmente en la escritura.

Porque esa es la clave: libertad.

Si eres rehén de las expectativas de los que te leen, de las reglas del «género» en el que alguien (quizá tú) te etiquetó de esa manera que no se arranca, adiós a escribir lo mejor que puedas o creas, según tu criterio.

Y como esas expectativas te atrapen mucho, en vez de avanzar, darás vueltas en círculo y serás el mismo de siempre. Lo peor que puede ocurrir.

Hay un ejemplo de esa cárcel en todos esos neopredicadores de red social, que se creen referentes de pensamiento cuando no han tenido ni uno. Se deben a una audiencia, se les come el personaje y acaban siendo un robot cada vez más desquiciado que dice lo que se espera de ellos. Por supuesto, fallas en el objetivo de contentar a todos, y es que, cuando tienes a gente esperando cosas concretas de ti, te crees en un pedestal y resulta que es una correa al cuello.

Yo no aspiro a tocar a muchos, pero sí a unos pocos buenos de manera honda, que lleguen a pensar que nadie lo ha hecho así hasta ahora. A veces te dicen que se acabaron algo tuyo al borde de la piscina y se quedaron mirando un rato a la nada, mientras lo leído hacía su labor y un sitio para quedarse. En esos casos, no puedes evitar que esto merezca un poco la pena.

La pérdida de lectores, por los motivos correctos, no viene sola, por una vez la vida es justa y, a cambio, te da libertad.

Así que no es una cuestión de conseguir a todos los que puedas, es cuestión de lo de siempre, escribir lo mejor posible. Y si alguien baja del tren, qué maravilla ir más rápido en mejor compañía.

Porque yo escribo para tratar de ser libre, un poco a veces.

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10 respuestas

  1. La verdad es que te he empezado a leer por este blog. No se cómo explicarlo. Tengo interés en ver como se conecta la mente que escribe ésto con la que inventa historias.

    Siempre he querido escribir para mi, sin importarme el mundo, pero tengo que reconocer que hecho en falta los lectores. Supongo que solo puedes plantearte el atrevimiento de perderlos cuando los has tenido.

    En cualquier caso, es cierto que hay muchos que se han convertido en marionetas por conservarlos, incapaces de hablar libremente porque de eso viven. Pero pasa en todas partes, mira los políticos, los humoristas o los “intelectuales”. Es que cuesta mucho arriesgar el poder obtenido, y los lectores son poder tribal.

    • La cuestión con ganar o perder lectores, al final, es que debería ser secundario, algo que viene por añadidura al acto de escribir.

      Pero todos somos humanos, no podemos abstraernos del todo, pero intentarlo todo lo posible debería ser el camino.

      Amén a tu último párrafo.

      Un saludo.

  2. ¡Hola Isaac!
    Llevo meses leyendo y releyendo tu blog. Me gusta mucho cómo escribes y los temas que tratas.

    Gracias por compartirte, cada vez que te leo siento que hay esperanza. No sé muy bien de qué, pero la hay.

    ¡Un abrazo!

  3. Y a mí que se me había pasado esta entrada…
    Pero estaba leyendo la última y como sale abajo lo de “entrada anterior”, he visto el título y he dicho “esta no la he leído yo”. Fíjate, por despiste mío has perdido un lector (del blog) por una semana, pero ya me he puesto al día.
    Mi comentario son aplausos. Volveré a leerlo otra vez (tu entrada, no mi comentario) porque se o merece. Ese “perder lectores” me parece una actitud clave en cualquier persona que haga algo creativo, y se anima poco a que lo hagan. Se alienta más a la gente a que los conserve y los convierta en fieles. Y eso pasa, pero con los que, como dices, rascan más allá del género en el que escribes, de la obra concreta, del modo y la moda.
    Me da a mí, quizás me equivoque, que tu lista de lecturas y la mía son muy diferentes, pero aún si es cierto, me encanta leerte. No solo el blog; ya comenté por ahí que había leído “Perdimos la luz de los viejos días” y me encantó. Sin embargo tengo que darte toda la razón en que hay que leer cosas de esas que uno no lee habitualmente, al menos de vez en cuando, en un autobús incluso. En ello estoy.
    Y de ese aplauso que este comentario, las palmadas más fuertes son cuando hablas de lo de encasillarse, por otros o por uno mismo, en un género.
    Un saludo.

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