Por qué el tiempo vuela

El tiempo es un cabrón rápido

El tiempo es un enemigo formidable, un cabrón rápido.

Noquea a izquierda y derecha usando una combinación terrible. Por un lado todo lo importante precisa mucho tiempo, demasiado. Todo lo que merece la pena te pide que emplees años en ello, por supuesto con la incertidumbre de no saber qué pasará al final. Y será siempre así, porque lo que es importante nunca es sencillo.

Por otro lado, un día miras el calendario y ese tiempo que parecía tan largo ya ha pasado. Esa película que te gustó en el cine la viste hace cuatro años, vuelves a pasear bajo luces de Navidad (otra vez) y alguien te pregunta (otra vez) que qué quieres para tu cumpleaños.

Pues más tiempo quiero. O al menos que no golpee como lo hace, con esa combinación de que lo importante requiere demasiado tiempo y de repente ese tiempo ha pasado. Entonces piensas: “si me hubiera dedicado a lo importante hace un año, ahora tendría algo construido”. Pero el tiempo sabe que no empezarás, que mirarás, te parecerá un sendero largo y no lo tomarás.

Además, el tiempo es un luchador incansable y tú cada vez más viejo, con lo que, año tras año, parece que el tiempo acelera y pasa más rápido. Y sí, sé que según la ciencia más incomprensible el tiempo ni siquiera existe, pero para no existir, bien que destruye todo.

Una vez escuché que la causa de que el tiempo pareciera pasar cada vez más rápido era que nosotros lo estábamos acelerando. Fue uno de esos artículos sospechosos de Internet, que arrojaba un par de términos pseudo-científicos para darse crédito.

La historia era buena, que si nuestras ondas y nuestras wifis y toda nuestra tecnología estaba alterando cierto campo magnético de la tierra, o algo así. Era un campo con nombre de científico poco conocido y era una buena historia. Habíamos perdido el sosiego de los viejos tiempos con nuestra conexión constante, nuestros móviles interrumpiendo, nuestras máquinas alterando lo que nos rodeaba. Todo era cada vez más rápido y nosotros con cada vez menos capacidad de atención.

Pero no era cierto.

Rascabas un poco y veías que no había ninguna prueba y que la historia sonaba bien, pero una vez más eso no hacía que fuera verdadera. El campo con nombre de científico existía, pero no tenía nada que ver con el tiempo y no se había alterado lo más mínimo en años. Todo inventado.

Sin embargo me intrigó, pues la pregunta ya me la había planteado alguna vez, así que mi obsesión no tardó en repetírmela todo el rato.

¿Por qué cuando era crío el verano tardaba una eternidad en llegar y ahora los cuento de tres en tres?

No diría que lo sabemos a ciencia cierta, pero hay un par de teorías que suenan coherentes, que a lo mejor no lo explican todo, pero sí bastante.

Por un lado está quien dice que la percepción del paso del tiempo depende mucho de la información inédita que asimilamos, de las experiencias nuevas. Cuando somos críos tenemos constantemente dichas experiencias por primera vez y estamos asimilando siempre mucha información novedosa. Además, tenemos un sentido de maravilla que nos hace redescubrir el mundo todo el rato. Pero cuando crecemos nuestros días se vuelven iguales, de modo que, al no haber casi nada nuevo excepto trabajo, familia y televisión, la vida pasa volando. Mañana es un calco de ayer y no los distinguimos.

Los que creen eso, creen que se puede ralentizar el tiempo introduciendo todas las novedades que podamos en nuestra vida. Aprender algo nuevo, nuevas amistades, nuevas aficiones…

No estoy muy seguro de que eso funcione, la verdad. Cuando me lo propuse, tuve un par de años llenos de novedades (y no fueron malos), pero me pareció que pasaron igual de rápidos.

Es posible que esa sea una buena solución para algo, pero no estoy seguro de que ese algo sea el paso cada vez más rápido del tiempo.

La otra teoría es más determinista. El tiempo pasa más rápido, simplemente, porque somos más viejos y los humanos sólo podemos medir las cosas en términos relativos.

Así, cuando soplamos diez velas sobre una tarta, un año es un 10% del total de toda nuestra vida, un pedazo importante de la misma. De ese modo, en nuestra percepción global del tiempo vivido, ese año es extenso y los días cuentan, pues no tenemos muchos acumulados. Si partimos nuestra vida en trozos iguales, ese año es un pedazo de tamaño importante. Pero a los treinta y pico, por ejemplo, un año es más o menos un 3% de lo que hemos vivido. Lo miramos, lo medimos y, como no podemos hacernos una idea de absolutos sino de relativos, ese año ocupa apenas tres trocitos de nuestra vida dividida en cien. Casi nada. Así que los años encogen de tamaño en nuestra percepción y es fácil ver cómo ese efecto se acentúa con el paso del tiempo.

Nuestra percepción es nuestra realidad. Puede que un segundo ahora sea igual a un segundo hace veinte años, pero no lo percibimos del mismo modo y eso es lo que cuenta.

¿Y cómo se ralentiza el tiempo si eso es cierto?

No lo sé.

No tengo la solución y no lo sé todo acerca del tema. Sé que reconocer que no se sabe algo es raro hoy día, que uno debería hacer lo habitual y soltar lo primero que se le ocurra, para que los demás perciban que sabe, aunque no sea real (al final, la percepción es lo que cuenta). Pero no, no tengo solución. Estas líneas contestan al por qué, pero no al cómo.

Lo que sí tengo es un sótano con una máquina del tiempo a medio, igualita que la de Rod Taylor en la película que me fascinó de pequeño.

Sospecho que no la acabaré a tiempo porque, de haberlo hecho, seguramente habría vuelto al pasado (este presente) para acelerar el proceso, darme soluciones anticipadas a los problemas y disfrutar de la máquina antes de ser demasiado viejo.

Pero está bien, no pasa nada. No haber recibido visita propia significa que no lo conseguí en el futuro, pero supongo que lo intenté. Si es que eso alguna vez contó para algo.

3 responses

  1. Me ha encantado tu articulo.En especial la ultima teoría la determinista que tu llamas, me parece la mas apropiada , pero al mismo tiempo la mas triste pq da a entender que el tiempo correra mas rapido de lo que ya percibe un cuarenton como yo.
    Un saludo

    • Bueno, es determinista, sí, y no creo que haya manera de percibir que el tiempo pase más lento, pero siempre nos queda la rebeldía. Además, somos humanos, sólo cuando el tiempo nos empieza a parecer veloz, pensamos en hacer algo con él…

  2. Muy interesante artículo. Aunque la teoría determinista tiene sentido, yo me inclino por la otra. Y añado al elemento de la variedad de las experiencias otro elemento importante: la intensidad con que se viven. Eso es fundamental.
    Un saludo.

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