Por qué Hemingway esconde el secreto para ser un escritor de éxito

Hemingway

Siempre llego tarde al cumpleaños de Hemingway (21 de julio, infieles), pero al menos llego. Es la misma débil excusa que pongo cuando contesto tan tarde a los insensatos que me escriben a veces.

Hace poco leía un artículo sobre Ernest y la cuestión es que, cómo no, Hemingway encierra el secreto para ser ese escritor famoso y adorado que todos ansiamos.

Porque no lo niegues, sólo hay dos clases de escritores, los que dicen abiertamente que les gustaría que todo el mundo les leyera (y adorara) y los que mienten. Tú también quieres eso en el fondo porque no quieres ser Van Gogh, el pintor más caro de la historia y uno de los más adorados, pero hoy, no en su tiempo. En ese murió pobre, loco y abandonado, habiendo vendido sólo un cuadro en vida y por pena.

Ahora, el secreto del éxito no es especialmente difícil de conocer, pero como pasa siempre con estas cosas, es extremadamente difícil de aplicar y que dé resultado. De hecho, para alguien como yo, resulta casi imposible, pero esa es otra historia.

Estás en manos del azar y la suerte

La cuestión es la siguiente, contrariamente a lo que muchos proclaman, la realidad es que el éxito, en su mayor parte, es una mera cuestión de suerte. Y como la suerte no se puede vender, muchos tratan de decir que no es así y venderte otra ilusión que cuele.

El éxito es imposible de garantizar y puedes hacer todo bien y todo lo necesario para conseguirlo y, aún así, fracasar miserablemente. De hecho es el resultado más común y la vida gasta ese sentido del humor. También puedes trabajar todos los días, ser «el mejor en tu arte» (Van Gogh, te voy a gastar el nombre un poco) y tampoco te garantiza nada. Hay ejemplos de eso hasta hartar.

De hecho, observemos las listas de ventas. Observemos bien cómo en 2015 el libro más vendido fue el de Belén Esteban. Cada dos por tres soy el insoportable que aboga por el trabajo «profundo» y la práctica constante y, en realidad, sólo consigo sabotear ese sueño de fama que todo el que escribe encierra. Porque eso no garantiza nada.

Ahora, aunque es cierto que el éxito es más parecido a la lotería que a un sistema que puedes seguir hasta llegar a él, la realidad es que a la suerte se le puede retorcer un poco el brazo. Énfasis en un poco, una cosa minúscula que en la mayoría de ocasiones tampoco servirá de nada. ¿Cómo hacer eso? Pues viendo qué han tenido en común la mayoría de los que han alcanzado un cierto éxito, a ver si de verdad surge algo.

Cuando te paras a observar con detenimiento, la realidad de los que están «arriba» es que cada uno ha llegado por un camino distinto, pero suele haber un denominador común en buena parte de ellos y es ahí donde volvemos a Hemingway.

París, esa es la clave que buscas

Para quien no lo sepa, Hemingway se moría de hambre por las calles de París cuando era un veinteañero, que dejó todo para irse con su mujer y su primer hijo a dedicarse a escribir. Por supuesto, Hemingway exageraba esa parte, pues cada escritor ha de crearse su mitología. Ernest vivía modestamente con el fideicomiso de su esposa y los trabajos de periodismo que él hacía de vez en cuando, pero ese tampoco es el tema ahora.

Hemingway era uno de los muchos escritores, pobres como ratas, que pululaban por las calles de París en los años 20, y la realidad es que, si llegó donde llegó fue por varias cosas y una muy importante, aparte del talento, fue la red de escritores, editores y libreros con la que se juntó.

Protegido de Sherwood Anderson cuando arribó, Hemingway se juntó con Gertrude Stein, James Joyce, Sylvia Beach, John Dos Passos, Scott Fitzgerald, Ezra Pound y muchos más, y eso sólo en el campo de la escritura, así que dejemos a Picasso, Miró y compañía.

Difícil encontrar más talento literario en aquella época y, sobre todo, difícil encontrar más influencia y conocidos dentro del mundo al que aspiraba introducirse.

Y la cuestión es que, cuando lees la vida de Hemingway, te das cuenta de que no dudó en aprovechar esa red y exprimirla, no dudó en hacer «política» dentro de ella, en juntarse a la sombra del éxito.

En aquellos tiempos, curiosamente, Hemingway tenía envidia del éxito comercial de Fitzgerald y Fitzgerald tenía envidia del talento de Hemingway, mientras que los dos admiraban cómo escribía Joyce. No son raras las cartas donde Fitzgerald habla a sus editores de Hemingway, pujando por él.

La (¿«fea»?) realidad es esta, puedes tener todo el talento del mundo, que sin exposición ante los que importan y tienen poder, nadie te leerá. De hecho, importa mucho más esa exposición y apenas el talento cuando estamos hablando, meramente, de que vendas, de que te conozcan y calientes el asiento de firmas en El Corte Inglés de Callao.

Otro ejemplo a mucha menor escala y sin duda ridículo al lado de esos titanes. Todos hemos visto esas camarillas de escritores en las redes sociales, todos con un chorro de seguidores y best-sellers, todos muy amiguitos y de buen rollo. Se publicitan entre ellos y se lanzan piropos aunque lo que se haya escrito sea un asco. Y es normal. Es así porque somos humanos, tendemos a ayudar a los nuestros y no importa si son el mejor.

Puede que Hemingway fuera el mejor, que por eso hoy lo seguimos recordando, pero la realidad es que, si conoces a alguien, si es tu amigo y está en tu círculo, si crees que te va a ayudar a ti en el futuro, lo vas a ayudar tú a ser visible, a presentarlo a ese editor… Y dirás algo bueno del libro cuando salga.

Así es como los humanos hemos perdurado, en grupo. Y así es como los humanos han conquistado la cumbre sobre otros que se quedan debajo, juntándose con y entre poderosos.

¿Es esa la única manera? No, pero así puedes retorcer ese poco el brazo de la suerte, al menos lo harás con algo más de fuerza que con el mero talento y el trabajo hondo de artesano. De hecho, la suerte se ríe en tu cara de esos esfuerzos de escritura al amanecer. No la impresionas ni un poquito.

Por una vez coincido con alguien, coincido con la conclusión de ese artículo sobre Hemingway que leía hace poco: Si quieres triunfar, tienes que buscar tu París.

Puede que consigas ese triunfo y casi con toda seguridad no, pero sin eso, es casi imposible.

Una mala noticia si, como yo, no te juntas con el gremio o incluso lo evitas activamente.

Moraleja: No seas como yo, sé cómo Hemingway.

5 responses

  1. Hola, Isaac.

    Muy cierto todo lo que dices aunque te ha faltado profundizar un poco más en el cómo ^^. poruqe para esto -hemingway lo tendría a borbotones-, se necesitan unas habilidades sociales extraordinarias (amén de idiomas y suerte). y una cosa es imaginación y talento literario (que se puede tener más o menos) y otra es habilidades sociales e inteligencia emocional. y una guía y unos contactos que muchas veces vienen ya desde que eres niño (no es lo mismo venir de un padre ingeniero y una madre profesora de universidad en barcelona que un padre obrero y una madre ama de casa en un pueblo de castilla). y lo de los contactos tb es como todo, esponencial; es muy muy muy difícil pasar de 0 a 1 contacto, pero seguro que quien tiene 15 contactos le cueste poco llegar a 50. eso sí, trabajar, trabajar, trabajar y no rendirte seguro que acaba dando sus frutos 😛

    • Yo soy un antisocial, si me pongo a decir el cómo… sería un hipócrita ;P uno de esos que vende algo que no sabe hacer (muy común por otra parte).

      Si uno lee la biografía de Hemingway la verdad es que eso de la inteligencia emocional, las rencillas, las envidias, los enormes egos de escritores y las cuchilladas abundaban por doquier. Esas cosas se parecen más a una corte bizantina que a una utopía.

      Las claves del éxito son sencillas: nace guapo, nace rico… en realidad casi no tienes que hacer nada…

  2. Uff, ¡que bonito! Tenemos un lenguaje muy similar a la hora de escribir un artículo. Y sí, te doy toda la razón a lo que has dicho. Puede que seas un “Neymar” o un “Messi” o un “Ronaldo” de la escritura pero si no te “ficha” nadie… ‘morirás’ de a poco. Es cierto que todo, o casi todo (no hay que generalizar), aparte del talento de uno mismo, necesitas un salto hacía arriba. Y para conseguirlo, hacen falta que ciertas personas te lo den: en el momento oportuno y a poder ser que se moje por ti. Así y solamente así tendras una oportunidad. Aunque eso no significa nada, nadie te puede garantizar nada.
    Por otro lado, me ha gustado mucho que has mencionado París. Es una ciudad espectacular; ya que he vivido ahí en tres ocasiones y las experiencias fueron inolvidables y no es broma: si puediera, <> me gustaría pasar una ‘semanita’ solamente para recordar aquellos tiempos y ponerlos en papel.
    Por cierto, te recomiendo que veas https://www.youtube.com/watch?v=dXUvYbvpBYc
    Es una peli espectacular!

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