Por qué la buena escritura está en peligro de extinción

la escritura y la economia de la atencion

Esto tiene que ver con escribir y con libros, en serio, aunque voy a pedir algo imposible como verás. Voy a pedir que continúes leyendo un ratito, aunque no vaya a aparecer nada sobre el tema durante unos cuantos párrafos.

En caso de que no lo supieras, lo que hoy se compra y se vende eres tú. Concretamente tu atención y es que así se llama esta nueva era. Vivimos en lo que se denomina la «Economía de la Atención».

Básicamente la moneda de cambio ahora es dicha atención (la tuya) y todos pelean por ella y por atraerla con notificaciones brillantes, muros y timelines que no dejan de moverse y mostrar algo nuevo. Algo que ojalá haga que te quedes, aunque sea un segundo más solamente.

Ese algo nuevo te engancha, esa anticipación de la notificación te engancha, escuchas el sonido y eres igual que aquellos perros de Pavlov. En serio, igualito, ya hay escáneres cerebrales que lo revelan.

Todas esas notificaciones y redes sociales, y productos y canciones y vídeos de Youtube, están diseñados adrede para secuestrar tu circuito de la dopamina y darte constantes pequeños subidones que hagan que no te vayas demasiado lejos.

Se enciende esa luz en el móvil y has de ir a ver qué es, o la necesidad se queda dando vueltas por tu cabeza y adiós al libro que lees o, peor aún (porque los libros siempre dieron un poco igual), adiós a la persona que tienes delante.

En su libro Hooked, Nir Eyal explica cómo se diseñan esta clase de productos que enganchan. Porque no son fruto de la casualidad y no te lo dicen, claro, pero un montón de ingenieros muy inteligentes diseñan esa clase de laberintos para ratas en esa guerra por la atención.

Y es que la atención es necesaria, es lo primero a capturar si quieres vender, que siempre ha sido lo más importante. Sí, en literatura también, no lo neguemos, preguntémosle a una editorial.

Como en toda economía que se llama «de algo», ese algo es lo más escaso y valioso, hoy la atención y, sin embargo, siendo así, la entregamos por nada.

Esto no es nuevo, pero se ha acelerado

En televisión, porque esto no es nada nuevo, siempre estuvo el concepto de jolts per minute o sacudidas por minuto. Es decir, cuántas veces tenía que cambiar la acción por minuto de alguna manera para mostrar un estímulo nuevo, mantener la atención y que no te vayas de canal.

La MTV fue la pionera en acelerar esas sacudidas, de manera que ya no se cuentan por minutos, sino por segundos. Tienen que aparecer constantes estímulos novedosos: sonidos, colores chillones, movimientos, imágenes, sorpresas… A fin de capturar esa atención. A ver si creías que todos esos platós que provocan epilepsia y esos personajes de programas pasados de rayas son casualidad.

No sólo en televisión, que tiene que competir con Internet, se ha acelerado este proceso (en palabras de uno de esos ejecutivos de MTV, menos de 12 sacudidas por segundo y ya no sirve) es que con la red eso se ha multiplicado ante la inmensidad de opciones que tienes a un solo clic.

Y cuando les damos permiso para escuchar un ping, incluso cuando no miramos, estamos entregando todavía más atención, la mercancía más cara, a cambio de nada importante el 99,99% de las veces.

El problema del «trabajo profundo»

El problema principal es que esa economía de la atención puede ser tan legítima como la industrial, la de servicios, la de la información o la que sea en cada época… Pero estar interrumpidos o afectados por capacidades de atención cada vez más cortas convierte en imposible que hagamos nada reseñable con nuestras vidas.

¿Por qué? Porque cualquier actividad que merezca la pena, y aquí llega escribir si es que eso alguna vez mereció la pena, requiere amplios pedazos de tiempo ininterrumpidos, para concentrarnos hondo.

Y no uno o dos, sino muchos de esos pedazos, durante mucho tiempo, algo que se está haciendo casi imposible en esta economía de la atención y la interrupción. Esa economía que se ha aliado con esa alergia a aburrirnos cuando aburrirnos puede ser lo que necesitamos.

Que una persona reciba más impactos de «información» en un día (estúpida o no) que todo un hombre del siglo XIX en su vida, hace que ese trabajo profundo y necesario para hacer cosas que importan (como caso a alguien que lo merece) esté como esos animales en peligro.

Los libros nunca lo tuvieron bien, la verdad, y hoy el contexto sigue siendo difícil aunque por otros motivos. Hoy los libros ya no son necesariamente caros o inaccesibles, y hoy ya todo el mundo sabe leer si está en un país mínimamente avanzando, pero la vida nunca le va a ser fácil a la lectura y han surgido otras piedras en el camino.

La literatura no se mide en sacudidas por minuto. La que merece la pena y puede dejar una huella honda al menos, no. La otra, esa que imita a la MTV y a esas series de televisión formulaicas, intenta también «enganchar». De ahí los miles de artículos sobre cómo capturar a tu lector y gaitas así para que no se vaya, como si conseguir eso fuera bueno.

Deja que se vaya en general, joder. Si alguien precisa de trucos baratos para mantenerse a tu lado, en serio, deja que se vaya, porque esa no es manera de escribir o vivir.

Hay que «competir con Internet» y con no sé qué otras idioteces transmedia, así que usemos sus armas. Conectemos con el mismo circuito ratonil del cerebro, y dejemos así una huella tan efímera e insatisfactoria con lo escrito como todas esas idioteces que nos notifica Facebook.

Me estoy volviendo peor con los años, lo sé. De un tiempo a esta parte entro a Twitter menos que lo justo y dejo mi móvil por ahí sin oírlo durante horas. Me sigue dominando y no lo niego, pero me creo esa ilusión de: «Te uso cuando quiero y no al revés», porque de alguna ilusión habrá que morir, digo yo.

A mí es que no me gusta ser comprado y vendido aunque lo soy todo el rato y me dejo. A mí no me gusta que me encadenen al estilo Un mundo feliz, con irrelevancia y soma, con diminutos subidones manufacturados de dopamina, que sólo crean una insatisfacción a largo y un «mono» muy tonto a corto plazo. Pero supongo que la esclavitud ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Y supongo también que digo todo esto y en cinco minutos voy a ser el esclavo falsamente satisfecho, porque puedo vivir con mi hipocresía. Miraré vidas posadas en Instagram y leeré sandeces en una pantalla, en vez de hacer un trabajo hondo que deje alguna huella, escrita o como sea.

13 responses

  1. Me encanta que la catástrofe me haga sonreír. De verdad, qué mierda de época xDD.
    Tengo 30 años y todavía twitter es mi gran incomprendido y el niño que huele mal en el cole. He renegado de la televisión, sólo un par de series (en su mayoria, dibujos animados o documentales de vida salvaje), los perdono. Facebook está ahí pero no. Para mí es parecido a un ente que se disipa si no lo miras y ahora que lo pienso… Joder, no tengo futuro. xDD

    • Todas las épocas tuvieron algo, esta es la nuestra y no es necesariamente mejor o peor. Aunque yo diría que quizá sí es mejor esta en el sentido en que, de haber nacido hace ochenta años en una familia humilde, seguramente ni sabría escribir.

      No future, ya lo decía Sid…

  2. Me gusta el concepto de que es nuestra atención la que está en venta. No sólo es la marca la que compra espacios en TV. También podemos ver el proceso inverso. Un canal de televisión le vende televidentes a un auspiciante. Por un momento Coca-Cola auspicia tu sonrisa, y en el siguiente Ford patrocina tus lágrimas.
    Una linea de pensamiento que se ve interrumpida o desviada constantemente, pero no por elección personal. Un modo de mirar televisión que pasó de la publicidad al contenido del programa. Descreo de la idea de escapar de la tecnología. Pero lo cierto, es que constantemente parece ser el medio de brindar un placer de tipo agotador. El último tuit de la madrugada. EL cansancio resistido ante la pantalla.
    Mi siguiente paso iba a ser dejarles mi twitter, para seguir leyéndonos, mejor les dejo un abrazo.

    Ruben

    • No hay que demonizar la tecnología, al contrario, yo soy tecnófilo y miro con recelo a luditas y similares. La cuestión es, creo yo, saber reconocer ciertos patrones y no dejarse atrapar (demasiado), por ellos.

      Un saludo.

  3. Una de las mejores entradas que he leído últimamente, Isaac.

    Cada vez que me voy de vacaciones desconecto de las redes al cien por cien. Creo que es algo imprescindible.
    A diario, igual que tú, tengo el teléfono sin sonido y las notificaciones de redes desactivadas. Familia, amigos y compañeros de trabajo saben que si envían un wassap tal vez tarde unas cuántas horas en responder, así que para las urgencias me hacen una llamada perdida. Después yo decido si es tan urgente como ellos creen.

    Y aun así pierdo demasiadas horas al día en internet. Lo reconozco. Poco a poco voy limitando horarios: tanto para Facebook, tanto para Twitter, tanto para responder emails. He conseguido reducirlas a una hora diaria. Ahora tengo que limitar el tiempo que paso recibiendo estímulos en entradas como esta. Ese saltar de blog en blog que me tiene enganchada. Igual así, yo también me siento a escribir el tiempo necesario para crear lo que me apetece y no lo que esta sociedad de “lo necesito para ayer” nos exige.

    Un abrazo

  4. Lo que también me entristece es que los líderes políticos que todos van a la compra de votos como los canales de tv dan informes en 15-20 segundos en vez de exponer a los ciudadanos sus programas, emiten anuncios.

  5. Hola, Isaac.

    A mí también me gusta y me llama la atención lo de que es nuestra atención (valga la redundancia) la que está en venta. Nunca lo había pensado y me parece una idea muy interesante. Además, es cierta.

    No sabía lo de las sacudidas por minuto y que por debajo de 12 por segundo ya no son efectivas. Alucinante. El problema no es sólo la enorme estimulación a la que estamos sometidos todo el día y que nos distrae cada dos por tres, salvo que seamos mínimamente organizados y conscientes de ello, sino la excesiva oferta, es decir, hay demasiadas posibilidades de elección. Y como los psicólogos han demostrado, cuantas más posibilidades de elección existen, peor porque más nos cuesta decidir. Por una rotura de peroné llevo en el dique seco desde el 18 de febrero y a pesar de tener todo el día, me quedan muchísimos documentales y películas por ver, artículos y libros interesantes que leer, etc. A veces pienso que ojalá no existiese Internet (y no es porque esté en contra de la tecnología; tiene muchos aspectos buenos) porque así dispondría de más tiempo para leer revistas de Historia, leer libros pendientes y escribir. Ya sé que hay que priorizar, pero a mí me cuesta. Dentro de lo malo, suerte que lleno las horas así. De lo contrario, estaría subiéndome por las paredes desde hace un montón.

    Desgraciadamente, no queda otra que sacrificar unas actividades por otras porque ni con todo el tiempo del mundo uno llega a todo (al menos, en mi caso).

    Estoy totalmente de acuerdo contigo en que para hacer algo destacable con nuestras vidas y escribir buena literatura, literatura que deje huella, hay que trabajar mucho y durante períodos de tiempo prolongados. Y para lograr esto, o te mantienes lejos de tu ordenador y tu móvil o tu fuerza de voluntad es grande a pesar de tenerlos al lado. En caso contrario, resulta imposible.

    Un saludo literario y felicidades por tu artículo. Siempre es estimulante y agradable leer textos con los que aprendes y que te llevan a reflexionar.

  6. Buenas por aquí.
    Directo a los highlights ^^:

    “lo que hoy se compra y se vende eres tú”.
    efectivamente, aunque la publicidad conmigo lo tiene claro: no tengo tv desde hace 7 años. cualquier anuncio que oigo (youtube, spotify, etc) soy capaz de ponerlo en silencio en segundos y en facebook o donde es posible los marco siempre como spam. tuve en su día una cruzada contra la publicidad, entrando en las páginas que la hacían e insultándoles dañinamente, pero es tan estúpido el algoritmo de facebook, etc que me llegaba más publicidad aún (supongo que entendían que iba a las página por interés y no por odio). también me chupo todos los documentales que ponen verdes a las marcas (ya sean las eléctrica, monsanto, inditex, mercadona, etc) y aunque algunas son inevitables de adquirir, me quedo con la copla de las que hostigan mi intimidad o son éticamente reprobables para evitarlas siempre. y por supuesto, hablar mal de ellas (y de la publicidad en general, que es para menguados) a todo aquel con el que tengo la oportunidad de hablar.

    “un montón de ingenieros muy inteligentes diseñan esa clase de laberintos para ratas en esa guerra por la atención”.
    efectivamente, aunque yo soy una rata muy lista (o eso me creo ^^).

    “Tienen que aparecer constantes estímulos novedosos: sonidos, colores chillones, movimientos, imágenes, sorpresas… A fin de capturar esa atención”.
    qué triste que sea eso lo que capte la atención (del vulgo) y no la calidad intrínseca.

    de todas formas, captar la atención depende de lo que vendas y no de su calidad. si vendes algo muy demandando, si mientes más para venderlo, si tienes a los medios de tu parte o si es un producto para masas descerebradas lo vas a tener mucho más fácil para captar atención.

    “De ahí los miles de artículos sobre cómo capturar a tu lector y gaitas así para que no se vaya, como si conseguir eso fuera bueno.”
    más razón que un santo. incluso yo “me vi en la obligación” de añadir una pre-escena en la novela en la que estoy trabajando porque el principio “quizás no fuera todo lo atrapante que debiera” (horror!). y ahora, encima, no me puedo librar de ella (quitarla) porque le di más funcionalidad y ahora aporta más cosas ^^.

    “Deja que se vaya en general, joder. Si alguien precisa de trucos baratos para mantenerse a tu lado, en serio, deja que se vaya, porque esa no es manera de escribir o vivir”.
    muy cierto, pero quizás sean esos pazguatos los que al final aporten ese dinero y difusión extra necesarios y así la novela pueda llegar con más facilidad a los verdaderos lectores, que sí la disfrutarán y aprovecharán como toca.

    ” porque de alguna ilusión habrá que morir, digo yo” y “Pero supongo que la esclavitud ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”.
    jaja, grandes frases.

    un saludo!

    • Lo malo es que si cubres lo que quieres decir con trucos atraes efectivamente a los pazguatos, que no van a valorar la verdadera voz, sino los trucos, de manera que te quedas esclavo de ellos. Si cambias, entonces esos pazguatos dicen que qué mierda y se van, mientras que los que intentas atraer no vienen al principio porque es otra novelita más con el mismo canon y los mismos trucos…

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