Por qué no tengo «lectores cero» y no creo que sirvan demasiado

Lectores cero

Hoy, qué cosa más rara, vengo a ejercer de abogado del diablo, de «anarquista literario» quizá, como me llamaron en un comentario. Un cumplido exagerado sin duda (pues como cumplido me lo tomo) pero, al fin y al cabo, un escritor es un exagerado profesional.

Vamos, que vengo a que me caigan tomates.

Ya he hecho esto anteriormente con otros temas casi sagrados, como las presentaciones de libros, y hoy le toca a algo que (he de asumir mi ignorancia ante las modernidades de la literatura) no conocía hasta hace poco: Los «lectores cero», que al parecer son lectores no profesionales que echan un vistazo a tu manuscrito antes de enviarlo a algún editor, autopublicarlo, etcétera. Por lo que he podido ver es una camarilla, casi siempre compuesta por fieles, que supuestamente dan una perspectiva externa.

Un escritor siempre ha tenido a algún sufrido amigo o pareja (yo no) al que ha enseñado un borrador y ha pedido opinión del mismo. Es normal, es una tortura para el otro y en muchos casos un error en general, pero es algo que ha sucedido y sucederá. Así que, niños y niñas, mejor no acercarse mucho a los escritores si no quieres que te pase eso.

Por lo que he podido ver, parece que los lectores cero son la expansión de ese concepto a fin de «ayudar a mejorar» la obra. En vez de contratar a un corrector, los lectores hacen ese papel en cierto modo, pero lo cierto es que nunca va a ser lo mismo.

Para mí la escritura es íntima y no pido opinión, soy así de lerdo. Por otra parte, he de reconocer que no les veo demasiada utilidad en lo personal y, si alguna vez alguien me ha dicho que estaría dispuestos a leer algo mío no publicado, mi respuesta ha sido siempre un amable: «No, gracias».

Supongo que los lectores cero tienen muchas ventajas (yo no lo sé, claro) se predican a menudo y parecen relativamente sensatas. Así pues, no voy a repetirlas ni entrar en ellas, yo no las conozco al fin y al cabo, excepto una que sí me parece interesante: Que te ayuden a encontrar esas malditas erratas que tú nunca verás, por mucho que leas mil veces con cuidado.

Más allá de eso, en general se supone que te hacen mejor escritor y a tu manuscrito lo hacen mejor historia. Si es así, me parece genial para quién los emplee y debe seguir haciéndolo. Los escritores recurrimos a cualquier cosa con tal de escribir mejor: a hacerlo desnudos, a hacerlo de pie (Hemingway, te estoy mirando, cómo no), a hacerlo en una gran hoja de papel continuo… Lo que sea que nos funcione, y cuanto más extraño, mejor.

La cuestión es que, personalmente, no estoy muy seguro de que los lectores cero marquen una gran diferencia excepto en ciertos casos muy puntuales que casi nunca se dan. De hecho, es posible que hasta sea algo negativo tenerlos, porque como muchas cosas negativas, encierra buenas intenciones en el fondo.

El problema de las relaciones humanas

Por lo que he podido ver cuando me he puesto a mirar más de cerca, algunos escritores usan como lectores cero a colegas, fans de sus anteriores obras y, en general, amiguetes y familia. Bien, hace mucho tiempo yo trabajaba para el lado oscuro y existía un mandamiento:

«Nunca, absolutamente nunca, pidas opinión sobre negocios a amigos y conocidos. Y si te la dan, procede a ignorarla».

¿Por qué? Porque no va a ser la opinión que necesitas. Porque muchas veces no tienen ni idea del tema y porque de una manera más o menos inconsciente, no querrán destruir la ilusión de haberte pasado meses con algo, así que no dirán: «Esto es una mierda», aunque lo sea en realidad.

Es así, no estoy seguro de que vayas a tener la opinión que necesitas, no la mayoría de las veces. Ahora, que si uno lo que quiere es refuerzo psicológico para lanzarse a publicar, pues entonces bien, pero es eso, la cheerleader con el pompón.

Lo que ocurre es que si tienes intención de publicarlo, el mundo ahí fuera no le va a poner a tu obra los ojillos de madre que muchos lectores cero le pondrán, por el mero hecho de ser amiguetes y fans. En definitiva, que con toda la mejor intención del mundo, están asfaltando el infierno.

El reverso tenebroso del fan

También me he tropezado alguna vez con el subtipo contrario: «Déjame leer, que yo soy muy sincero y si esto es una mierda, te lo diré».

Bien, imaginemos que es así (nunca lo es, por cierto). ¿De qué sirve una opinión concreta? Es sólo una opinión, la opinión es la mercancía más barata del mundo porque es la más abundante. Da igual la obra maestra que señale con el dedo, todas tienen a alguien que va a venir a decirte que no vale ni para envolver el pescado.

Esa clase de gente dura y «sincera» no tiene mucho valor en sí misma, de hecho, no tiene más valor que el del fan o incluso puede que tenga menos. Quizá es posible que señale que, efectivamente, hay un error de estructura, de ritmo, que los personajes sean esa copia de la serie de televisión o película que tanto te gusta (algo que empieza a ser una plaga en algunos libros)… Quizá te ponga en el buen camino, o quizá no.

Quizá sólo sea que a esa persona no le encajó, así que borras algo por culpa de una opinión y resulta que al mundo le hubiera encantado. Es sólo que te tropezaste, al principio del camino, con ese que siempre va a decir que lo que haces no vale para nada.

Además, esa gente que se cree sincera porque son duros tampoco es imparcial, básicamente es imposible serlo si eres humano y suelen ser tendentes a ponerse siempre en el lado contrario de las cosas. Vamos, un tipo como yo, una minoría a la que casi nada le parece bien.

Si sigues las indicaciones de esa gente, estás poniendo tu escritura en un lado minoritario que siempre busca la contra. Eso no garantiza que el libro vaya a ser bueno, pero sí que lo alinees con los gustos de casi nadie.

En serio, yo aposté en el primer episodio de Aquí no hay quien viva (o como se llame) a que semejante engendro sin gracia no duraría ni cinco capítulos, y todo lo que me gusta en Mercadona lo acaban quitando porque supongo que no se vende. ¿De verdad quieres esa clase de opinión para tu hijo literario? Me sigue sorprendiendo cuando alguien me dice que le encantaron las partes que menos me gustan de lo que escribo y las que me encantan, pasan desapercibidas.

Además, afrontémoslo, todos hemos conocido a unos cuantos de esos «sinceros» y, la mayoría de las veces, esa sinceridad mal entendida es una excusa para sacar la bilis que llevan dentro por lo que sea (y muchas veces nada tiene que ver contigo ni tu obra).

En general, esta gente es como los fans, pero al revés. La utilidad de cara a la obra es tan limitada (por el otro extremo) como la del lector apasionado y fiel, que ansía ver qué es lo siguiente que hemos ideado y quiere la primicia.

Escribir inconscientemente pensando en los lectores cero

Cuando sabes que alguien va a leerlo y además conoces quién va a hacerlo, creo que puede provocarte un efecto perverso mientras escribes. Sabes lo que les gustó o no de lo que han leído ya de ti, sabes de qué pie empiezan a cojear… Y quizá eso mediatice la historia, y escribas un poco para ellos en concreto, aunque sea de manera inconsciente.

Si tus lectores cero están entre tus fans, los fans quieren lo de siempre, lo que les gustó antes, así que mejor que no te salgas de ahí, ni vengas con experimentos raros en muchas ocasiones. Quizá tengas eso en mente cuando escribes y es terrible, porque te estás encerrando y limitando.

Personalmente pienso que es una tontería esa frase de escribir para uno mismo, igual que es una tontería la imparcialidad, simplemente no son cosas compatibles con la naturaleza humana. En mi opinión escribir para uno mismo sería lo ideal, pero nadie está libre de verse influido por los demás.

A veces escribes algo y piensas: Si mi madre/padre/esposa lo leyera, si lo leyera ese en el que me he inspirado para contar, si lo leyeran esos que pusieron cinco estrellas en Amazon a otra historia muy distinta… Cuando lean esto no sé qué van a pensar.

Yo he de reconocer que, de un tiempo a esta parte, escribo para que no se lea, escribo porque sí las historias que más o menos quiero contar, pues he hecho las paces con la noción de que el 99,99% no va a ver la luz de todas maneras, así que no importa lo que ponga ahí o lo que quiera hacer en ellas.

Saber que la mayoría de lo que has escrito acabará perdido o borrado es liberador para poder experimentar, cambiar, evolucionar y «mejorar». Para poder llegar a ese estadio ideal de escribir para ti lo que te dé la gana. Y si luego algo sale a la luz, pues viene por añadidura.

El peligro de sustituir una cosa por otra que no es igual

En definitiva, por lo que he visto, los lectores cero son una especie de sustituto a coste cero (qué malo soy haciendo bromas, venga esos tomates) del corrector profesional.

Si es así, me temo que nunca podrán cumplir esa labor, pero es un signo de estos tiempos, los días del cuñado: todo el mundo escribe, todo el mundo es crítico literario.

Un buen corrector, que no tenga relación contigo y cobre por lo que hace, es un mercenario profesional, no se va a ver cegado porque le gustaste en el pasado o eres su amiguete.

Pero Isaac, ¿ya te estás contradiciendo? ¿No has dicho que los humanos no podemos ser imparciales? Sí, me estoy contradiciendo, es mi casa y algo humano también. Un corrector no tiene una imparcialidad completa, pero sí una muchísimo mayor que el lector cero habitual. No podemos aspirar a la perfección en lo imparcial ni en nada, pero sí a toda la que podamos.

Además, en mi opinión esa no es la habilidad más importante que un corrector pone sobre la mesa (pues también tienen sus filias y fobias) lo importante es que un corrector profesional tiene bagaje, se habrá hartado de leer en general y de leer borradores en particular.

Ve los fallos de estructura, personaje y, en general, esos que plagan muchos manuscritos por lo mismo que el mecánico de tu coche sabe lo que le pasa en cuanto alza el capó: Tiene el culo pelado con ello. Y también, como sabe que su gusto no importa y que lo que importa es cobrar, al menos es capaz de dar un pequeño paso atrás (de eso depende su negocio) y no se casa con la historia.

Las ha leído por cientos de todos los colores y entiende que, aunque una historia no le haga clic a él, puede hacerle clic a muchos otros, puede ser que al menos esté bien escrita, o que quizá tendrá su público que no necesariamente ha de ser él.

¿Tienes un lector cero que es corrector o almacena semejante bagaje como lector o profesional del ramo? Entonces quizá ya estamos hablando de otra cosa, si es que está dispuesto a poner en peligro su relación contigo…

¿Es mejor un lector cero que un corrector? Para los propósitos que creo que muchos escritores los utilizan, en mi opinión no. Un corrector profesional hará mejor labor que veinte lectores amiguetes. Pero claro, todo buen profesional se paga en esta vida y los escritores somos en general unos muertos de hambre. Yo desde luego, sí.

¿Y es mejor un lector que cero que ninguno? Ahí no lo tengo claro, porque creo que entra a jugar cómo es cada escritor y cómo es cada lector. A mí no creo que me beneficiaran por todo lo que he expuesto, y por ello no tengo intención de usarlos. A otros supongo que sí, y por eso los usan.

Yo, como el 99% de las veces escribo para que nunca se lea, pues no uso ni lo uno ni lo otro. Cuando he tenido corrector profesional ha sido dentro del contexto de una editorial, tras un primer manuscrito ya pulido y enviado.

Supongo que, con el tiempo, he desarrollado mis propias formas de saber si un manuscrito está ya lo bastante decente como para no tocarlo más. Obviamente, la mayoría de esas veces fallo miserablemente (de ahí gran parte de la infinidad de rechazos, supongo), otras supongo que han funcionado esos trucos bajo la manga (más o menos).

Pero esos ya serán, quizá, motivo de otra historia.

——

P.D. No, no voy a ofrecer servicios de corrección. No, no me he casado con una correctora. No, tampoco conozco en persona a ninguno y siempre he intercambiado pareceres e insultos a distancia (más o menos educados) con aquellos con los que he trabajado. Nada mejor que señalar a un escritor sus errores para que te declare la guerra. Y no, no me pagan comisión por esto.

54 responses

  1. Ay, Isaac, me has hecho reír y llorar, pero lo que destacaría ante mi reacción ha sido la admiración de tanta sinceridad. Creo que le has dado en el clavo. Estoy muy de acuerdo contigo, de hecho tras rodar y tumbar, me he decidido por la corrección profesional. Sé que ni con ello voy a tener garantía de nada más que obtener un texto pulido. Ya es mucho. Así que a seguir tecleando e inventando o no, porque es muy difícil pescar algo nuevo bajo el sol. Te felicito por tu artículo.

    • Si uno no está seguro de su manuscrito, y no sabe bien dónde apuntar el dedo, lo mejor es un corrector. Si es profesional, aprenderás. Y dolerá o al menos escocerá, claro, pero eso ya es algo a lo que está acostumbrado uno que escribe.

  2. Me encantan tus artículos “polémicos”. Pero a la vez no me encantan, porque me haces trabajar dejándote comentarios.

    Estoy de acuerdo y en desacuerdo con este artículo. Me explico:

    -Encontrar buenos lectores cero, objetivos, es un proceso largo. Es prueba y error, desde luego. Cuando das con ellos, créeme que son una herramienta valiosísima.
    -Un lector cero NUNCA debe ser sustituto de un corrector. Estoy muy de acuerdo contigo en que eso es una barbaridad. Deben ser complementarios.
    -Un lector cero tampoco es sustituto de un corrector de estructura, alguien que se ocupa del editing y etc. A lo que voy es a que un buen lector cero debe ser bueno, aunque no sea profesional, y que además debes tirar de buenos profesionales. No son excluyentes.

    Entiendo todas las razones que das, pero tengo la sensación de que has oído de muchos lectores cero malos o has visto a gente que los usa como correctores, lo cual, repito, no tiene sentido. Puedo equivocarme, claro; es solo que en mi caso los lectores cero me han salvado de cagarla muchas veces; y la he cagado mucho en cosas que no quise enseñar a nadie, por orgullo o miedo o pereza. Piensa también que uno no está nunca obligado a hacer caso de sus lectores cero. En mi caso, me quedo con aquellas quejas que se repiten mucho entre mis variados lectores. Y me alegro de hacerlo 😉

    tl;dr: Un buen lector cero es una herramienta impresionante. Por desgracia, los malos abundan, y por eso se paga con frecuencia a lectores profesionales para que te hagan un informe.

    Lo cual no quita que también haya lectores profesionales muy malos, claro.

    (También hay que saber qué pedirles a tus lectores cero. Sobre este tema y sobre cómo conseguir buenos lectores me enrollé mucho aquí, por si le sirve a alguien: http://www.gabriellaliteraria.com/lectores-cero/).

    • Hola, Gabriella.

      Estoy totalmente de acuerdo contigo en todo lo que expones. Y muy bien expuesto.

      Un saludo literario. Desde Oviedo.

    • Nunca he ocultado que todo esto es un complot para que vengas y aumentes el contenido de mi web, volcando aquí tu calidad, en vez en tu propia página ;P. Por supuesto recomiendo tu artículo, supongo que se ha perdido el arte de mantener dos ideas contrarias en la cabeza, o de ser capaces de ver que hasta las mejores ideas tienen aristas que a lo mejor te cortan.

      De hecho, en tu artículo expones cómo debe ser el grupo de lectores cero «ideal», la cuestión es que me da a mí que la ejecución de la idea no es tan limpia en la práctica, porque como bien dices, es un proceso largo y muchas veces no es fácil.

      Yo, personalmente, no creo que lo use ni que me sirviera de mucho, pero cada uno debe flotar en este mar de la escritura agarrado a lo que crea conveniente.

      P.D. Esperaba más odio, te estás ablandando.

  3. Me apunto lo de que no tienes pareja, y voy a ser tu alcahueta profesional.

    He de decir que pasé mi primer libro a tres amigos que tuvieron la decencia de subrayarme alguna que otra faltas de ortografía o puntos que no quedaban claros. Fueron unos hijos de puta, y de admiradores nada, y por eso hicieron bien su «trabajo». Yo no quería un corrector, ni pagarlo ni que tocase cosas que no debía tocar. Yo lo que quería era no tener faltas de una manera exagerada. Alguna se colaría, pero bueno. Como bien dices, es la única opción interesante.

    Como indicas, hay un problema en las relaciones humanas. Si yo pido que alguien se lea mi libro al que se lo pido ya sabe que lo que quiero es que lo audite como si su sueldo dependiese de ello. Es decir, que sea un auténtico cabrón/cabrona. Y si es una mierda, que me lo digan ^^

    De nuevo aciertas con lo de los lectores cero y escribir para ellos. En mi segundo y tercer libro hice correcciones al respecto porque me di cuenta de que había escrito para mis colegas. Y luego no les pedí opinión.

    A mí me parece genial que ataques a los lectores cero. Que se jodan, yo te apoyo 😛

    • Gracias por querer arruinarme la vida haciendo de «alcahueto», esperaba un rechazo a lo que decía y algún anónimo amenazante, pero esa expresión de venganza es sin duda la definitiva.

      La clave está, efectivamente, en las relaciones humanas, en las que tenemos con los demás y en las que tenemos con nosotros mismos. Es decir, que nos mentimos a nosotros mismos todo el rato, pero pocas veces lo reconocemos. Eso hace que la ejecución de buenas ideas en teoría, como el lector cero, se queden en algo de dudosa utilidad.

      Igualmente, lo mismo pasa con los procesos inconscientes, como lo de escribir para esos lectores mientras estás negando todo el rato que eso te ocurra. Por definición, uno no reconoce un proceso inconsciente, por tanto, tanto si se da como si no, de puertas para afuera uno siempre va a decir: «Eso a mí no me pasa».

      Es un problema peculiar, difícil de distinguir, somos influenciados constantemente por mil cosas que no percibimos, pero somos tan orgullosos que no lo reconocemos. De hecho, vamos más allá, reconocemos que en los demás sí se puede dar ese proceso, pero estamos seguros de que en nuestro caso no es así. A la felicidad por el autoengaño.

      Al final este es un tema como cuando le preguntas a un posible adicto si tiene un problema con las drogas, si no lo tiene va a decir que no, si dice que no, la realidad es que eso es lo que dice alguien con un problema. Las maneras sutiles en que las buenas ideas pueden sabotearnos son muy aviesas.

      Conclusión, yo vivo autoengañado y los demás también, pero me suele parecer que se reconoce poco, que cuando alguien se aferra a una idea, en el caso de los demás puede que haya un fallo, pero obviamente ellos la están ejecutando limpiamente. Es el peligro con las buenas ideas como los lectores cero, que es posible que sean positivas para algunos y es posible que no, pero les parezca que sí.

      Quién sabe, yo desde luego no sé nada.

    • Hola, Isaac.

      Estoy totalmente de acuerdo contigo en que escribir sabiendo que la inmensa mayoría de la gente no lo va a leer es algo muy liberador. Lógico que te haga quitarte un gran peso de encima y que juegues con el lenguaje, las historias, montes, desmontes y otras mil cosas. Pero… por otra parte, ¿no te parece descorazonador el saber que la mayoría de lo que creas no lo va a leer nadie? ¿Será que a diferencia de la mayoría de los autores tu grado de narcisismo o vanidad es escaso?

      Es muy típica la pregunta y la he oído y leído mucho: ¿escribes para ti o para los lectores? Es verdad que nadie está libre de verse influido por los demás. Aun así, opino que uno puede escribir para sí mismo. Tengo un amigo que escribe un montón de poemas cada día sabiendo que no quiere publicarlos porque le agobiaría enormemente todo lo que conlleva el sacarlos a la luz. Le supera. Coincido contigo en que lo ideal es escribir para uno mismo y pienso que se puede lograr.

      Yo también creo que es mejor un corrector profesional que un lector cero porque es evidente que el primero dispone de unos conocimientos de los que el segundo casi siempre carece. Además, hay mucha gente que está acostumbrada a leer basura y no sale de ahí. ¿Qué consejos puedes esperar de ellos? Su paladar literario no está acostumbrado a lo bueno, aunque esa gente piensa que lo que leen es bueno o muy bueno.

      También es cierto que la imparcialidad absoluta es una utopía y que tan malo es el lector cero que no se atreve a decirte la verdad como el lector cero sincero (parece un juego de palabras) que lo único que hace es echar por tierra lo hecho sin realizar una crítica constructiva (ojo, no siempre va a ocurrir que utilice la lectura de tu manuscrito para sacar la porquería que lleva dentro, depende de su personalidad. El ser sincero no significa tener mala baba). El lector cero sincero y el lector fan también pueden acertar en el diagnóstico de tu manuscrito. El problema es que nadie está en posesión absoluta de la verdad. NO EXISTE UN CRITERIO O VARIOS, INFALIBLES, QUE TE PERMITAN SABER SI PUEDES FIARTE DE LO QUE COMENTAN LA MAYORÍA DE TUS LECTORES CERO (SEAN DE UNA CLASE U OTRA).

      Finalmente, es difícil responder a la pregunta de si es mejor un lector cero o ninguno. Desde mi punto de vista, es mejor tener un lector cero si sabes que tiene un buen gusto literario y que lee literatura de calidad. Conclusión: pon lectores cero en tu vida si te fías de su gusto y su criterio aunque no sean expertos. Siempre pueden hacerte ver cosas en las que tú no habías caído respecto a la estructura, los personajes, el tiempo de la narración…

      Un saludo literario. Desde Oviedo.

      • Hola, Alberto. La noción de saber que el 99% de lo que escribes no se leerá deja de ser descorazonadora cuando haces las paces con ella. Entonces te das cuenta de que en realidad, libera. Qué presión si todo lo que escribo se fuera a leer. De hecho, el querer que todo se lea o aspirar a que la mayor parte sea para eso, es una noción algo egocéntrica, muy típica de nosotros los que escribimos, pero la realidad es que, en el gran esquema de las cosas, nuestros pequeños párrafos no importan nada y nosotros tampoco.

        Y en serio, qué paz, por fin puedo hacer lo que me dé la gana.

        Efectivamente no hay un criterio infalible y las opiniones… Un enorme (muy enorme) número de lectores encumbra libros a las listas de ventas que no valen ni para mi mesa coja, porque sí, porque hay libros malos, no vamos a ponernos con una falsa corrección política. O como diría Wilde, hay libros mal escritos, que no sólo tiene que ver con el hecho de que el sujeto y predicado estén bien puestos en una frase, sino con la historia en general y las emociones que hay detrás.

        Así pues, muchas opiniones sobre lo que merece ser comprado (comprado como aproximación a leído) acaban encumbrando a esos títulos que todos tenemos en mente. Siendo así, podemos tener una idea de que muchos criterios y opiniones externas, efectivamente, no son lo mejor para que acabemos escribiendo bien, que supongo que es de lo que se trata cuando miras desde este lado de la trinchera. Al final el arte de cada uno tiene que ver con la expresión de algo interno principalmente, si me lo ha de moldear que debo escribir sobre vampiros que se azotan el culo para que alguien me lea… pues en serio que es liberador saber que no lo van a hacer.

        ¿Son mejores los profesionales? Sí en el sentido de que representan un mal menor. Como profesionales, deberían tener una visión más amplia, que eso sea así o no, va por casos concretos, como todo en la vida, pero en principio, claro. Hay un pequeño editor suicida que admiro, un señor mayor con una pequeña editorial que sufre, con el que me he escrito y que creo que no me editará jamás (otra idea con la que hacer las paces). Si él leyera un manuscrito mío y me diera su opinión, sí me pararía a pensar. Pero ¿es así como parecen estar constituidos los grupos de lectores cero? No sé, no sé, por lo que he podido ver.

        ¿Es mejor un lector cero o ninguno? Pues si es como el caso que expones, alguien que ama los libros y lee mucho, pues quizá es mejor que ninguno, siempre que cojas esa opinión y la pongas en su sitio.

        Otro saludo para ti.

    • Gracias, llevo con eso un montón de tiempo, me digo: «He de mirarlo», y luego alguna degeneración cognitiva hace que se me olvide al instante, como va a pasar en los próximos dos segundos.

  4. Deberían caerte un montón de tomates. 😉 Juas juas juas.

    Creo, en mi humilde opinión que los lectores Beta, Cero, o como prefieras llamarlos, están muy lejos de las ideas que expones. Abundando, los argumentos que das están muy lejos de la realidad. Sólo sirven para un prototipo concreto de persona.

    Los lectores Cero no tienen nada que ver con los correctores. Son labores -> completamente <- diferentes.

    Alguien que sepa lo que se lleva entre manos, no lo da a leer a cualquiera. Busca las personas adecuadas (pagando o no). Si no lo hace, es su problema. Si busca en su entorno…. es su problema. Si no los sabe encontrar… es su problema.

    Resumiendo: la persona que quiere escribir ha de tener un montón de habilidades extra que le permitan avanzar en esta jungla. No basta con saber escribir (lo cual no es malo porque te obliga a mantenerte despierto, a avanzar y a no relajarte).

    Saludos.

    Pd. Espero no haberte manchado mucho.

    • Hola, Ricard, tranquilo que me he puesto protección ;P, es de lo poco útil que he aprendido en la vida.

      Efectivamente, tal y como lo dices, esa es la expresión perfecta de la idea de los lectores cero. ¿Se da esa ejecución de la idea así de limpiamente? Puede que yo haya examinado algunos casos de escritores y lectores cero que no son significativos, puede que haya escogido precisamente al pequeño porcentaje que no ha captado bien cómo hacerlo, pero cuando me he fijado bien (lo siento, en mi pueblo enseñaron que se dice el pecado pero no el pecador), me ha parecido que casi siempre el grupo estaba formado por: amiguetes, familia, fans de los otros libros, que quieren ayudar, sí, pero tienen un sesgo importante.

      Gabriella (ver comentario más abajo o más arriba, no estoy seguro de cómo saldrá esto), expone en su artículo la manera correcta de implementar la idea, ella reconoce que así es útil y también algo largo y costoso. Lo que he podido examinar me ha llevado a pensar que la ejecución está bastante lejos de la teoría. Pero quizá he ido a coger un grupo poco representativo, no sé. También es cierto que buenos escritores no publicitan por ahí sus lecturas cero, sus procesos creativos, ni intercambian pareceres abiertamente, de modo que quizá me he perdido a los que lo hacen bien y sólo he podido examinar a gente que lo hacía abiertamente.

      Además de lo que he examinado para el artículo, yo escribo, de modo que aunque no lo he usado sí he rozado el proceso y a lo mejor (cuando era joven e inocente) me lo pensé. También conozco personalmente a gente que escribe (aunque no me junto a menudo con ellos) y que por lo que he podido ver en primera persona, los lectores cero no suelen estar tan bien perfilados como en la teoría.

      Incluso bien ejecutada, sigo dudando de su utilidad práctica y supongo que si quiero profundizar aún más en por qué, debería hacer otro artículo o varios, cosa que reconozco que me da enorme pereza, pues al final es mi opinión y como tal, la mercancía más barata del mundo ;P.

      Un saludo.

  5. Me has hecho reír, y estoy muy de acuerdo contigo… En realidad cada escritor tiene su “propio libro bajo el brazo” (valga la redundancia), como decimos con los médicos. Cada uno tendrá sus formas y sus preferencias, pero coincido en esto de que un profesional, siempre sabrá más que un lector cero amiguete o familiar. Yo al menos, si muestro mi borrador a alguien cercano, le aclaro bien qué quiero que me corrija o a qué deseo que le preste atención. El “me gusta/ no me gusta” no me sirve.
    Muy buena entrada, ¡gracias! 🙂

    • Hola, Poli.

      Tienes toda la razón en lo que dices. Además, un simple “Me gusta” o “No me gusta” es muy pobre.

      Un saludo literario. Desde Oviedo.

    • El me gusta o no me gusta, efectivamente, no sirve para nada y es un flaco favor, de hecho. Aún así, al final de todo, lo que tienes es una opinión, o un puñado de ellas, que valen para casi nada incluso cuando no están sesgadas (siempre lo están, la propia naturaleza de la opinión encierra necesariamente un sesgo).

      La cuestión es, cuando las opiniones razonadas son de gente que tiene un bagaje importante y sabe de lo que habla, entonces sí, entonces a lo mejor quieres escuchar un poco más a ver. En teoría los lectores cero han de contener a algunos de esos, pero me da a mí que la teoría es una cosa y la práctica otra.

      A mí me han pedido opiniones otros escritores sobre lo que escribían, y les he dicho la verdad, que no doy opinión y que no soy un profesional, no tengo ni idea.

      Gracias a ti.

  6. Hola, Isaac,
    mira que me gustan tus artículos e, incluso en éste, a pesar de no estar de acuerdo, me has hecho reír. Yo creo que el problema reside en el concepto de lector cero. Un lector cero no es un colega. Es un lector habitual del género que tú escribes que lee tu obra para señalarte lo que a él —como lector de género— le chirría. Nunca jamás sustituye al corrector. No tiene sentido.
    Para mí su labor es imprescindible y enriquecedora. Aparte de que te baja bastante los humos como escritor y te ayuda a ser humilde y a encajar las críticas que, seguro, vendrán después.
    Yo tengo cuatro lectores cero. Son gente que he conocido en redes sociales, ávidos lectores de Fantasía juvenil que es lo que yo escribo. No les pido que me hagan una corrección de estilo ni ortotipográfica (para eso está el corrector), les pido que me digan qué es lo que no les gusta. Cuando coinciden los cuatro, sé con total seguridad que ese punto tengo que cambiarlo. Lo que no vale es tener solo una opinión, como tú dices.
    Y no, no escribo pensando en los lectores cero. Escribo pensando en que no solo ellos van a leer ese libro y que tengo que tener todos los medios a mi alcance para hacer llegar al lector un producto de la mejor calidad posible. Desestimar un filtro me parece, con todos mis perdones, una tontería.
    Un besito (y un tomate)

    • Hola, Ana.

      También estoy totalmente de acuerdo contigo. Lo único que no me gusta de tu comentario, dicho con el máximo respeto, es lo de “… para hacer llegar al lector un producto de la mejor calidad posible”. Es lógico que busques que tu libro sea lo mejor que logres escribir. Lo contrario sería absurdo. Sin embargo, siempre me chirría la palabra “producto” cuando alguien se refiere a un libro (y no quiero ponerme exquisito). Posiblemente, sea una tontería por mi parte, pero prefiero utilizar libro, obra u otro sinónimo. Lo de producto me suena a un vulgar o simple objeto como puede ser una sartén o una regadera o cualquier otro.

      Un saludo literario. Desde Oviedo.

      • Alberto, me temo que si no ves el libro como un producto, tampoco vas a potenciar tus ventas. Desgraciadamente para los escritores (que nos vemos obligados a aprender marketing para vivir de nuestras obras), ES un producto. Vives de vender. Cuántos más libros, mejor. Al peso, aunque rechine en los oídos de los amantes de la alta literatura. Prefiero no morirme de hambre y pagar la hipoteca ;D
        Y cuando hablo de producto, no me refiero solo a lo que escribes, sino al maquetado, a la corrección, a las ilustraciones, al papel de la portada…a todo eso. Todo aquello que influye en las ventas de tu libro, aunque tú no intervengas en ello.

        • Hola de nuevo, Ana.
          Reconozco que tienes razón en todo lo que dices. Aun así, me niego a hablar del libro como un producto. Mi vena romántica creo que se resiste a morir.
          Un saludo

    • ¿Bajar los humos a un escritor? ¡Herejía, Ana! Yo creo que la propia definición de escritor ya encierra el hecho de que esos humos son nuestros y bien que van a elevarse al viento. No importa lo que diga otro.

      Desestimar un filtro es una tontería, desestimar un filtro deficiente, no. La cuestión que intento transmitir es que las buenas ideas a veces llevan malas aplicaciones. Por lo que he podido ver, no siempre se toma el cuidado que te estás tomando tú a la hora de crear tu círculo de lectores cero, poco a poco, porque como dice Gabriella hacerlo bien es costoso.

      ¿Estás segura de que inconscientemente no escribes un poco para ellos ;P? Sólo por sembrar la discordia. Y si tú acabas de terminar la que crees tu mejor obra, lo piensas de corazón, estás segura hasta la médula y la entregas a ese círculo. Y ello la odian. ¿Qué haces en ese caso?

      Me quedo el tomate, es tan difícil encontrar uno que no sea agua y plástico…

      • Es que creo que nuestros conceptos de escribir son diferentes. Yo no vivo para la literatura, vivo DE la literatura. Y si a mis lectores no les gusta lo que escribo, no voy a vender nada. Si les entrego una novela y la odian, los cuatro, en el mismo punto, posiblemente la cambie. ¿Por qué tengo que tener yo la razón? ¿Estoy acaso tocada por la varita divina de la perfección? Por eso digo lo de los humos. La gran mayoría de los escritores pecan de un ego insufrible. Y es que realmente viven de vender lo que les gusta a sus lectores. Si no les gusta, no se vende. Es así de simple. Y yo quiero seguir viviendo de esto. Que me hace feliz y me encanta.

  7. Hola.
    Vaya por delante que ya quisiera quien hace este comentario tener algún que otro lector aunque fuera cero, beta o psi.
    En mi modesta opinión, los lectores cero no son buenos o malos en sí; como cualquiera que en este mundo realiza un trabajo (pagado o no, pero trabajo) será bueno o malo en función del resultado. Ello me lleva a mostrar mi total y respetuoso desacuerdo con la opinión vertida en el artículo.
    ¿Por qué hemos de asimilar el concepto de “lector cero” con el de “amiguete pelotillero” o, peor todavía, con el de “cabronazo de mierda” que pretende hundir tu obra antes de que nazca? ¿No existe acaso quien sea capaz de leer y opinar con sinceridad ? ¿De decir si lo que ha leído le ha gustado o no, sin ir más allá? ¿Y no es eso, y nada más, lo que se pretende del susodicho “lector cero”? (¡Vaya nombre! ¿no?)
    Otra cosa muy diferente es un corrector. La corrección ortotipográfica, de estilo o gramatical es algo que ni está ni creo que deba estar entre las atribuciones de quien hablamos. Quizá lo más parecido, que no lo mismo, podría ser lo que se llama “informe de lectura”. Pero eso es otra profesión y será culpa del escritor si confunde una cosa con otra.
    Opino que dar a leer tu obra a un ramillete, lo más heterogéneo posible, de gente sincera y dispuesta a opinar antes de publicarla, es algo siempre bueno que te puede ayudar a corregir y pulir detalles.
    ¡Ah! ¡Qué es eso de escribir para uno mismo! ¡No! Solo se escribe para ser leído. Recuerdo como uno de los momentos más tristes de mi vida un día de lluvia torrencial sobre la ciudad de Sant Adrià de Besòs. Yo ejercía todavía de afinador de pianos y me pasé la tarde afinando dos instrumentos en el escenario de un auditorio a escasos metros del río que amenazaba con desbordarse. A la hora de abrir puertas no había nadie y el productor, cabreado hasta lo indecible, anunció que si se suspendía el concierto no cobraban los pianistas. Me refugié tras la mesa de mezclas de sonido y os aseguro que a mí y a los técnicos se nos saltaban las lágrimas. La sala estaba vacía. Los dos pianistas tocaban ¡para nadie!
    ¿Dónde está la diferencia entre tocar para no ser oído y escribir para no ser leído?
    Un saludo cordial,

    • Dices cosas muy sensatas, sobre el tema la verdad es que ya he vertido demasiado, me quedo con la parte final, porque me ha parecido una excelente historia.

      ¿Qué es eso de escribir para uno mismo? Pues eso es escribir de verdad.

      Si mañana amanece y el holocausto ha llegado, si me he quedado solo en este planeta, después de recoger la poca comida que encuentre y maldecir a la suerte (o no, que a veces la gente es muy pesada ;P) estoy seguro de que escribiré. Y al día siguiente, y al otro. Si amas escribir, como si amas cualquier otra cosa, lo vas a hacer incluso si naufragas en una isla desierta, porque si no, ¿para qué molestarse?

      Otro saludo para ti.

  8. Hola.

    Yo he hecho de lector cero una sola vez, para una autora de la que no había leido nada antes. No soy mas que una simple lectora (ni escribo, ni se de libros, ni nada de nada), así que me conformé con hacer eso: ser lectora. Ver las inspiraciones, ver las coherencias e incoherencias y básicamente señalar aquello que me había chirriado como lectora. Cosas que no se entendían del todo. Incluso cosas que sé que son incorrectas por mi formación (soy de ciencias de la salud, así que lo mío al parecer es señalar lesiones que no son coherentes con las heridas sufridas). Por supuesto nunca he pretendido hacer nada más. Para empezar me falta la formación y para continuar me falta la experiencia.

    Pero lo que si puedo decir es que ni aunque el autor sea mi mejor amigo del mundo, si algo no me gusta, se lo diré. Puede que se lo diga de una forma diplomática. Al fin y al cabo “es el mayor pedazo de mierda que he tenido la desgracia de tocar” no es que digamos muy constructivo. Y se supone que tenemos que ayudar a mejorar, ¿no? Pero dicho quedará. Y luego ya será cosa suya que me haga caso. Porque esa es otra. Tu puedes señalar cosas que mejorar, pero el autor decide. Y a veces decide que al fin y al cabo tú eres un mindundi (que lo eres, no nos engañemos) y que no tienes ni idea. Su bebé es maravilloso, y se queda como está. Eso es algo que he visto muchísimo como lectora. Y ahí sí que te doy la razón: si vas a hacer eso y ni plantearte la posibilidad, entonces no tengas lectores cero. Es perder el tiempo.

    Y por supuesto, tu círculo de confianza no es una buena fuente de lectores. Lo siento pero yo jamás haré de lector cero de mi marido. Porque lo conozco y sé que odio su estilo, así de simple. Y porque le quiero mucho y no quiero empezar por un “lo he odiado de principio a fin porque tu estilo es como morder una pastilla de encendido de la chimenea”. Así que no.

    Por último: escribir inconscientemente para los lectores cero es exactamente lo mismo que escribir inconscientemente para los lectores a secas. Todo aquel que hace algo que es susceptible de ser juzgado se ve inmediatamente presionado por la posible opinión del público. Esto es pura naturaleza humana. Si te va a influir el pensamiento de que un lector cero va a opinar x o y, el mismo pensamiento te va a influir pensando en cualquier otro lector. Porque como ya se ha dicho, el lector cero de uno debería ser un lector del género que estás escribiendo y del perfil objetivo que tienes. Sinceramente, creo que el peligro de “Escribir para” es igual si tienes lector cero como si no lo tienes.

    Un saludo

    • Aitziber, te acabas de convertir en mi nueva persona favorita con lo de la pastilla de la chimenea…

      Sí, el autor decide, por eso creo que al final tampoco sirve de mucho, vas a decidir respecto a tu instinto, y ese ya estaba forjado antes de los lectores, así que entonces, ¿para qué?

      Y que somos expertos en justificar nuestras razones y luego echar de nuestro círculo a esos que nos han dicho que qué mal lo hemos hecho. No digo que la teoría sea así, la teoría es la contraria, pero todos tendemos a rodearnos de la corte del emperador que nos dice que sí. ¿A quién le gusta lo contrario? Somos humanos y si eso pasara en algunos círculos de lectores cero, no me extrañaría, he visto trifulcas de escritores por mucho menos, somos los del ego más grande en cuanto al arte.

      El peligro de «escribir para» está muy presente. Es algo, supongo, de lo que realmente no te libras del todo, aunque te puedas despegar gran parte. Siendo para mí un peligro, no voy a buscar precisamente algo que ahonde en que caiga en esa trampa. Ahora, que quien quiera escribir pensando en los demás y sin importar lo que lleva dentro, adelante.

      Un saludo.

  9. Que te voy a decir Isaac, creo que somos del mismo equipo, yo también soy un anarquista literario, bueno yo tengo una lectora cero que hace pedazos mis libros, es solo una lectora compulsiva pero tengo en mucha estima sus destrucciones de mis obras, te cuento que peor que un lector cero es un corrector enamorado de tus obras, cuando escribí mi primer libro (que espero publicar para este mes o el próximo, pero que tremenda joda es publicar un libro como ebook, como sera en papel), mi lectora cero me impulso a hacer grandes cambios, muy necesarios para mi libro, y no se si la ayuda de ella fue tanta, que cuando le pase mi libro al corrector le pareció tan bueno que no encontró necesario hacer casi ningún cambio ¿? (aparte de los horrores ortográficos y de gramática, eso si ), de verdad no se, es un corrector profesional, de eso no tengo dudas porque lo contacte desde el colegio de correctores profesionales de mi país, pero, contando con que es un billete mas o menos el que se gasta en corrección, esperaba que a mi primer libro el corrector lo hiciera pedazos y después tener que armarlo con lo que dejara en el camino, con todos los cambios que recomendaría, pero no, se enamoro de mi libro, que estaba muy bien, casi no hizo cambios, recomendó alguna cosa por aquí y por allá, pero nada mas, según el, mi libro es fabuloso… a las finales soy un monstruo de las letras y no lo sabia, jajaja, bueno ojala mi estimado Isaac tengas un tiempo para leer mi libro cuando salga y te rías un poco de este novato, bueno un abrazo a la distancia, de verdad, conecto con tu blog y creo que dentro de tus locuras eres el mas cuerdo de todos los blogueros que leo, nos vemos.

    Marcelo

    • Aquí todos somos novatos, sólo tratamos de fingir lo mejor posible.

      Supongo que si has de elegir entre alguien que te ame o te odie, el odio es mejor, al fin y al cabo la espada se afila contra la piedra. Y yo quiero una espada afilada.

      Un saludo.

  10. Hola, Isaac,

    Yo nunca contraté los servicios de un corrector, pero me gustaría hacerlo; uno bueno y al que no conozca en persona.
    (Esta vez, dejaré el texto en reposo hasta enfriar la cabeza, para encajar mejor las tachas.)
    Tampoco cuento con lectores cero en el sentido estricto de la palabra (si existen).

    Hasta ahora, imprimía el borrador para enviárselo a mi hermana. Se lo mandaba por correo postal a París (donde trabaja en el gremio), por que me lo llenara de tachones y de interrogantes y eliminara párrafos sin piedad. Después, ella me lo reenviaba, y así…
    Al principio, esas correcciones me molestaban (hasta lamenté haberle enseñado a leer, de pequeña). Pasaba por alto algunas sugerencias suyas, después de todo ella no tenía la razón absoluta; además, le entraban dudas, por vivir fuera.
    Hubo otras que me arrepentí de no seguir mi intuición (más por insegura que por obediente). Como cuando bauticé la novela con el insulso “Callejón con salida” (ya usado por Elsa Osorio, dato que desconocía), en vez de “La mugre es ágil”, su título original.
    Anécdotas a parte, sin la ayuda de mi hermana sé que el resultado habría sido bochornoso.
    Por eso repetí el vaivén Barcelona-París, ida y vuelta con la segunda noveluca.

    Además de esos primeros auxilios, pongo al resto de mis hermanas, y cuñados, a cazar gazapos: todos los ojos son pocos; yo, agradecida.
    Sin embargo, sueño con escribir mejor; en parte, por librarme de esa criba, cansina para ellos, y que a mí me intimida. <El servicio de un corrector, muy profesional, que me diga dónde me sobra la coma.

    (Por cierto, yo le quitaría esta: "Me sigue sorprendiendo cuando alguien me dice que le encantaron las partes que menos me gustan de lo que escribo y las que me encantan, pasan desapercibidas." )
    Puedo estar equivocada y te pido disculpas por entrometerme. Solo una muestra de lo busco en el corrector o lector cero.

    Un saludo muy cordial. No desde Oviedo (pero casi… fue donde nací y estudié).

    • Hola, Laura.

      Mira qué pensé al leer tu comentario que “noveluca” me sonaba a asturiano. Y qué coincidencia, eres paisana. La primera asturianita que encuentro en este blog.

      Un saludo literario.

    • Hola, Laura:

      «Trabaja en el gremio» es la clave. De nuevo vamos a ese bagaje que han de acumular los que te leen en ese sentido, eso no lo hace infalible ni perfecto, pero en un contexto donde nada lo va a ser, hay que inclinarse por elegir lo menos malo. Es quizá en lo que encontremos una utilidad.

      Un saludo, tampoco desde Oviedo.

  11. ¡Interesante entrada! Ahora también se me ocurre cuestionar la utilidad del lector cero. Jamás recurrí a uno, lo aclaro, pero supongo que ante la idea no me mostraría tan tajante aunque sí precavido. Sé que en la mayoría de los casos el escritor independiente valora y mucho la opinión sincera de un tercero, y tal vez esto sea muy beneficioso de cara al resultado. O tal vez no haga ninguna diferencia. Pongamos por caso que uno tenga suerte y haya conseguido lectores beta que estén capacitados para juzgar un libro competentemente (atención a esto). ¿Qué tipo de errores esperamos que encuentren? ¿Queremos que evalúen el contenido, la coherencia, la estructura? Erratas podría encontrar cualquier persona que lea con esmero y atención. Está claro que el corrector profesional, el sujeto que sabe de ortografía, gramática y estilo pondrá el ojo en cuestiones más bien puntuales, que en definitiva le darán calidad al texto. Pero las personas comunes, que leen como “lectores”, ¿pueden lograr algo parecido? Me permito dudar.
    Recién ahora descubro esta página. Me gusta mucho.
    Saludos a todos.

    • Hola, Marcelo:

      Has dado con la clave, cuestionar, cuestionar todo y, especialmente, eso que te dicen que es tan bueno siempre, tan recomendable. Creer que no tiene desventajas, o que esas posibles desventajas a nosotros no nos afectan, es un error siempre.

      Y no, los lectores cero no pueden ni han de sustituir al corrector, pero por lo que he visto, hay una cierta tendencia, por algunos, a usarlos como sustituto en parte de esta figura.

      Un saludo y me alegro de que te guste esta página.

  12. Mientras leía esta entrada me he acordado de otra; una en la que citabas el poema “Así que quieres ser escritor” de Charles Bukowski. Yo no digo que los lectores cero sean cruciales, pero si dependemos de ellos corremos el riesgo de no ser tan auténticos como pretendíamos. También es cierto que hay muchos errores (gramaticales o de trama) que se me pasan por alto hasta que alguien me los hace notar. En mi caso creo que son útiles, pero no imprescindibles.

    • Siempre es extremadamente útil quien te señala esos errores, pues nosotros no los podemos ver, pero has dado en el clavo, los lectores cero pueden tirar de nosotros y mediatizar la escritura, encorsetándola.

      ¿Puede que pase eso? Yo creo que puede, pero la reacción habitual de defensa ante «vacas sagradas» como el consejo de usar lectores cero es que eso no va a pasar, desde luego en nuestro caso no (pues los humanos somos así de ciegos y arrogantes, va en la naturaleza) y que de todas formas siempre tienes la última palabra, como si ésta no pudiera ser influenciada cuando crees que algo es correcto, cuando se ha demostrado que nos pueden influenciar y manipular (a todos, da igual lo «listo» que seas) hasta extremos insospechados y sin darnos cuenta.

      Pensar que somos inmunes a cosas como esa es el arma principal que utiliza esa clase de peligros sibilinos para, precisamente, afectarnos y luego decirnos que no lo está haciendo.

  13. He aquí una lectora cero que viene a discrepar, aunque no creo que vaya a decirlo mejor que todos los que han comentado ya. Un lector cero no es jamás un sustituto de un corrector profesional, ayuda si no puedes pagarte uno, pero no lo sustituye en absoluto. Yo soy lectora cero y tengo cuatro lectores cero. Tanto ellos como yo hacemos siempre lo mismo: decir lo que nos gusta y lo que nos chirría, y por qué, señalar si hay algo totalmente incoherente, señalar si al autor se le ha ido la olla con algo y, finalmente, si de paso se encuentra alguna falta ortográfica o incoherencia en los tiempos verbales, pues indicar eso también.

    Con todo ello el autor se puede hacer una idea de cosas que podría tener que cambiar, siempre que los lectores cero no sean de esos que están en los extremos, es decir, que te doran la píldora hasta que se mueran o intentan que te mueras tú sólo por joder. Y, aún así, en manos del autor está el hacer caso o no, que para algo es su obra. A mí me han resultado muy útiles siempre mis lectores cero, y yo he intentado serlo para los autores para los que he leído. Pero si tú consideras que a ti no te aportarían, en tu derecho estás de no recurrir a ellos. De todas formas, tú ya eres un autor con un cierto bagaje que quizá no necesites esa primera toma de contacto.

    En fin, que estoy muy en desacuerdo pero has conseguido que comente (además de leerte en silencio, como siempre). En el fondo, todos tus artículos son un plan maquiavélico para conseguir algo, y espero que en este caso sea que comentásemos, porque a los lectores cero no nos extinguirás jamás, maldito, muajajaja 😛

    Biquiños!

    • Por supuesto, querida, siempre hay un plan maquiavélico. Todo lo que he expuesto en el artículo lo pienso. Podría seguir repitiendo lo mismo pues me da la impresión de que hay puntos que, o no estoy expresando bien o se están entendiendo a medias, pero luego recuerdo que somos humanos, los debates sólo sirven para acabar más convencido de lo que se pensaba al principio. Este no es menos.

      No quiero extinguir a los «lectores cero», me basta con que no accedan a lo que escribo :-P.

      La cuestión final, por no dar más vueltas a lo que no merece la pena, la resume mejor que yo el filósofo más brillante del último siglo: Homer Simpson, cuando en aquel episodio dijo: «Estoy de acuerdo en teoría, y en teoría funciona hasta el comunismo».

      Los lectores cero me parecen una de esas teorías. Cegarnos en que no tiene aristas negativas y posiblemente perjudiciales es lo que quieren precisamente esas aristas para cortarnos bien y decir que ellas no han sido.

      Me quedo los biquiños como siempre.

  14. No es por mover el avispero, pero quiero agregar algo que tal vez no se relacione con la idea central. Parece que muchos escritores olvidan que parte de la tarea es corregir, y corregir implica hartarse de leer un texto para identificar incoherencias, tropiezos o flaquezas. Es ciertamente sencillo desligarse del texto luego de tres lecturas y pretender que ojos ajenos descubran errores o problemas de estructura, que el escritor mismo debería identificar con el sucesivo examen. No estoy diciendo que una opinión desintoxicada esté de más o sea inútil, pues no creo eso, pero conozco a varias personas que escriben y dedican más tiempo a la escritura que a la corrección. Esto parece un error, una lavada de manos, más cuando hablamos de textos que poseen cierta complejidad. Salvo que uno esté muy dotado en el arte de narrar, el tiempo de ‘corrección’ debería de ser más extenso que el de ‘escritura’, a menos que a uno le importe poco la calidad del texto. Este sería otro cantar. Sé de escritores prolíficos que consiguen en un año publicar tres o cuatro novelas, lo cual se me antoja un disparate y me hace desconfiar al segundo. Remítanse a la venta de ebook en Amazon y verán qué clase de escritores (indies) lideran el ranking de ventas. La mayoría, personas que tienen varios libros publicados y que escriben tal como yo estoy escribiendo este comentario: de corrido, sin apenas reparar en la forma y en la calidad. No voy a referirme a la literatura erótica o a la romántica que en Amazon triunfa, aunque muera de ganas…
    El tema da para una entrada completa, lo sé. Pero nadie podrá dudar de que es saludable y recomendable perseguir la calidad antes que la cantidad. Hay escritores clásicos longevos (muchísimos) que publicaron la misma cantidad de novelas que un escritor independiente de treinta o treinta y cinco años. Este detalle debería de significar algo. En el mundo de la autoedición es un desafío no caer en la trampa, pero siempre siempre debería primar la cantidad.
    ¿Y las opiniones de lectores cero, luego de tanto palabrerío? Pues bien, buscarlas si se prefiere, pero no dejar en manos de un tercero lo que debería corresponder a uno como escritor. A fin de cuentas, ¿no buscamos ser mejores en lo que hacemos? Y eso se consigue leyendo y releyendo y estudiando. Si otra persona descubre nuestras debilidades, salvo que esa persona las marque y justifique en forma muy detallada, difícilmente dejemos de caer en los mismos errores en futuros escritos.
    Me despido y me disculpo (sí, por favor…), y juro que si hay una próxima vez en la que ando con ganas de desquitarme, voy a escribir en mi blog, así tengo un lugar en donde reunirme con enemigos.
    Saludos a todos!

    • No sé si el avispero se va a remover o no, sólo sé que estoy de acuerdo contigo al 200% en todo lo que has dicho sobre la labor del escritor. Al 200%, debería ser tarea del escritor remachar muchas de las cosas que se delegan al lector cero y que, de hecho, cuando llegara esa primera lectura, esas cosas que a veces se busca que nos encuentren, las hayamos encontrado nosotros.

      Eso marca una diferencia entre buenos escritores y otros…

  15. * pero siempre siempre debería primar la CALIDAD.
    Esto me pasa por no releer. ¡Solicito un lector beta de comentarios!
    Saludos y perdón.

  16. Hola.
    Por principio de cuentas, darte las gracias por compartir tus vivencias y experiencias sobre el tema. He de decirte que me agrada tu particulara manera de escribir, con ese sabor ácido. Y lo digo con todo respeto. Es -para mí – muy agradable encontrar a alguien que te dice las cosas de frente, sin tapujos. Felicidades y otra vez gracias por tus comentarios

  17. Pingback: Cıvata
  18. Buenas por aquí, again (últimamente he tenido mucho lío).

    el lecor 0 o betatester está bien si es óptimo. si cumple todo lo que debe cumplir. sino es mejor no tenerlo. yo creo que lo tengo, pero como vivimos en ciudaddes diferentes y tenemos ambos mucho lío, una vez por uno, otras por otro es como si no lo tuviera. de todas formas el lector cero nunca molesta, siempre puedes hacer caso omiso de lo que te diga :p

    “Ahora, que si uno lo que quiere es refuerzo psicológico para lanzarse a publicar, pues entonces bien, pero es eso, la cheerleader con el pompón.”

    yo en mi caso lo tengo por esa razón. y por otra más miserable: tengo tan pocas esperanzas de ver mi libro en las estanterías que al menos, con el lector 0, alguien lo leerá o sabrá de él :p

    “un tipo como yo, una minoría a la que casi nada le parece bien.”, “todo lo que me gusta en Mercadona lo acaban quitando porque supongo que no se vende.”, “Me sigue sorprendiendo cuando alguien me dice que le encantaron las partes que menos me gustan de lo que escribo y las que me encantan, pasan desapercibidas.”

    me identifico mucho ^^

    “de un tiempo a esta parte, escribo para que no se lea, escribo porque sí las historias que más o menos quiero contar, pues he hecho las paces con la noción de que el 99,99% no va a ver la luz de todas maneras, así que no importa lo que ponga ahí o lo que quiera hacer en ellas”.

    uf, yo de esto no soy capaz; de hecho, cada cosa que se me ocurre (que considero suficientemente ingeniosa, claro) trato de guardarla para ver si puedo colarla en la obra general. nada se tira, nada se desperdicia, todo se utiliza o se recicla. si se puede ^^

    hoy me quedo con estas dos frases: “…están asfaltando el infierno” y “la opinión es la mercancía más barata del mundo porque es la más abundante” xD.

  19. Completamente de acuerdo. “algunos escritores usan como lectores cero a colegas, fans de sus anteriores obras y, en general, amiguetes y familia.” Funciona como el político cuando da un mitin. Todos los que acuden ya están entregados y convencidos!!!!
    Excelente comentario.

    • Es que en muchas ocasiones es así. El lector cero es una de esas magníficas teorías que casi siempre fallan en la aplicación práctica. Al menos por lo que he podido ver y salvo honrosas excepciones.

  20. Hola Isaac, hola amigos; les dejo mi saludo desde Argentina.
    Habiendo acumulado ignorancia durante cincuenta y siete años, hace muy poco se me dio por escribir. Casi todas las locuras que se cruzaron en mis pocas neuronas activas están ahora en mi PC.
    Por supuesto y siendo totalmente coherente con el acto de dar por “concluido” un texto, todo lo mío me parece genial, original, trascendente, romántico, etc. No puede ser de otra manera, “si lo escribí yo”.
    En un caso tan estúpido y extremo como el mío (aunque muchos escritores estén escondidos tras las páginas de la humildad), decía, en mí caso me gustaría tener lectores cero para que opinen, no para que corrijan. Para que me digan si entendieron la trama, en qué lugar del texto se quedaron empantanados, que parte pasaron de largo sin darle importancia, si les resulto atractivo, si lo dejaron a mitad de lectura, si entendieron el mensaje implícito, etc.
    El riesgo a correr es que si el lector “cero” es un lector con mucha experiencia y en su biblioteca descansan los grandes le la literatura universal, seguramente su vara estará muy alta para mí. En cambio si es un simple lector de verano que lee novelitas o poemas de señaladores, la vara estará muy baja.
    Después de la opinión del lector yo tendría una herramienta más para apreciar mi escritura, y para decidir si cambio algo o no, eso se cae de maduro. Lo que no se cae de maduro pero abría que considerar, es que aún sin tener intenciones de publicar, es interesante saber si lo que uno está haciendo, es más o menos aceptable, y así aprender para poder mejorar.
    En cuanto a la denominación de “lector cero”, considero que lo único que lo diferencia del lector “uno”, es que este último habrá tenido que pagar para leer el libro, por tal motivo será un crítico mucho más aguerrido que el “cero” al cual no le costó ni un peso leer.
    Por último pregunto: Un lector cero, de medio pelo, como los que normalmente se pueden encontrar en cualquier lado ¿que habría opinado de “Rayuela”?

    • En la última pregunta das con la clave de lo que ocurre con los lectores cero. ¿Qué habría opinado la mayoría tal y como se plantean hoy día? Rima con pierda y perder se habría perdido una obra cumbre, ya guste o se aborrezca.

      Un saludo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *